Los caracoles van ganándole el rostro a la helada nocturna,
las gotas inmaculadas de un rocío tardío llenan las caras,
las hojas sedadas de las plantas y las últimas ventanas prendidas.
En mi alma bailan los mágicos duendes de un naipe inesperado,
velo en su nombre, pienso en ella, me rasco la cabeza... siento cosas.
Ensimismado en su tormenta de latidos que viajan hacia aquí
vivo con su nombre en la boca, a punto de enloquecer del corazón
me arrano las flores doradas del pecho y una a una...
comienzo a ofrendárselas.
En el cielo oscuro germinan estrellas desconsoladas
condenadas a una fría eternidad de soledad cósmica.
Sin embargo yo, nosotros, con nuestra ínfima chispa de vida
podremos brillar para siempre...
las gotas inmaculadas de un rocío tardío llenan las caras,
las hojas sedadas de las plantas y las últimas ventanas prendidas.
En mi alma bailan los mágicos duendes de un naipe inesperado,
velo en su nombre, pienso en ella, me rasco la cabeza... siento cosas.
Ensimismado en su tormenta de latidos que viajan hacia aquí
vivo con su nombre en la boca, a punto de enloquecer del corazón
me arrano las flores doradas del pecho y una a una...
comienzo a ofrendárselas.
En el cielo oscuro germinan estrellas desconsoladas
condenadas a una fría eternidad de soledad cósmica.
Sin embargo yo, nosotros, con nuestra ínfima chispa de vida
podremos brillar para siempre...