domingo, marzo 30, 2025

En el pavoroso calor de las 4

 


En el pavoroso calor de las 4, alguien hace pedazos una canción de Calamaro, el ómnibus dominical viene lleno de murmullos, de sol y de sospechosos vahos corporales. Las gallinas negras en la vereda de Garzón, corretean inexpresivas en una brisa caliente muy parecida al infierno. Los niños salen de las canchas de babi, felices o agotados y hablan entre sí de Bolivia, o de unas flores que creciendo junto al cordón de la vereda parecen iguales a las que hay en casa de su abuela. El sauce inmóvil, palomas, ciprés oscuro del paso molino, tórrida sensación de presión en las sienes y en el alma. Testarudo e imbécil, evoco otra vez su nombre. 

lunes, enero 13, 2025

Por qué

Porque en ésta mansedumbre el aire se hunde hasta el hartazgo. Porque entre los números del reloj se cuela un vacío sin remedio. Porque de tanto en tanto, el almanaque arroja series de números que recuerdan dolores del corazón. Porque en el blanco baldío de éste pulso de nadie, aún cabalga la pasión de estar presente. Por eso sí hay qué reír me río, si hay que cantar, canto de amor por amores que ya no existen. Por eso sí hay que llenarse los ojos con la luna blanca del carnaval, lo hago y canto de amor, lleno de vida. 

lunes, diciembre 23, 2024

Mensaje


 Las sombras se ríen como hienas, pero en el aire celeste e interminable, toda variedad de ausencias golpean la mesa con incontestable puntualidad. Usted se puede reír, o enojarse por no encontrar en estás líneas, la claridad de los cristales posmodernos, o la lineal sucesión de fines prácticos que abunda en el discurso del mercader, pero para mí no existe casi alternativa, no hay más luz que la que se descompone en el caleidoscopio de la vida. Para mí no hay otra finalidad que conjurar el escándalo de significados que cada tanto se dejan adivinar en el vuelo de las aves, en los tiros que cuecen la medianoche, en las sombras que se ríen como hienas. 

domingo, diciembre 22, 2024

Pequeño mundo

 

Montevideo va lleno de hortensias, y en su ternura pastel se va muriendo otro año. Los últimos taxis se van llevando los jirones de sueños náufragos mientras los conductores insomnes se arrojan a la incertidumbre de su futuro. Todo parece estar a punto de estallar, o de dormir, o de soñar. El embrujo antiguo de un nuevo verano viene soplando milagros sin señales. Del mismo modo, el polvo azul de las cenizas se vuelve constelación, y yo por la ventanilla del 130 es casi nada lo que veo y casi todo lo que intuyo. 

viernes, diciembre 20, 2024

La araña corrió bajo la cama


La mirada agria de los relojes
convirtió el  todo en la nada.

Se aguó la conversación
entre el vago atardecer
y la noche muerta. 

Aquel paraíso se duerme
-otra vez-
en lejanos aparadores imposibles.

Presiento que alguna vez llovió, 
aunque soy incapaz de asegurarlo.

Solo  tengo por ciertas,
borrosas imágenes de la rambla
en las que el día y la noche
se vuelven la misma materia indefinida. 

Cantaron los pájaros de mi balcón
y yo creo que estaba despierto.
La vida se prendía y apagaba,
y la luz era, a veces,
 un pez afuera del agua. 


martes, diciembre 10, 2024

Tres fuerzas

 


En los brazos de éste monstruo basculan dos planetas en perpetua tensión. Dos fuerzas complementarias que se repelen necesitándose, que se aturden en aparente antagonismo. Es el ser que los sostiene el que se halaga ante la deflagración de esos pétalos tan frágiles, cuyas declaraciones ostentan una impecabilidad que no soporta la más mínima rascada. Los dientes de la neutra fiera se exhiben en una sonrisa que va oscilando entre la sorpresa y la maravilla, mientras que a nivel del suelo todo parece cortado, herido de muerte por el puñal de una polaridad enloquecida y tenaz, que resistirá todo razonamiento y nos conducirá docilmente, y en fila india, hacia las fauces hambrientas e imposibles de saciar. 

miércoles, diciembre 04, 2024

Círculos

 


Una sola vez se cerraron las puertas de aquel cielo, o tal vez fueron varias, pero bastó una para que nunca volvieran a abrirse. La clausura se hizo eternidad en los ojos del cuervo, y una máscara de huesos coronó la tumba de aquel abrazo. Ahora, otro año se extingue, porque al final de cuentas, es lo único que saben hacer los años.

Desorbitados los ojos, anclados los dientes en el polvo, heridos de vida los milagros de un amante sin balcones, se contempla el estallido del cristal definitivo. En este laberinto ya no juegan las agujas del reloj; solo susurran golondrinas de humo sobre crepúsculos que, iguales entre sí, enroscados como serpientes o títeres, se fugan lentamente hacia el horizonte