jueves, enero 18, 2018

Manifiesto

Recién a mis 33 años puedo decir que me vino un verdadero viento de rebeldía, un gesto de asco que me genera la rabia del que da vuelta el tablero, y la determinación del que ve a la muerte llevarse los recuerdos en una tarde cualquiera. Porque el viento, siempre en contra, me trae un perfume que es el menos indicado, porque el amanecer firma sus documentos con la inflexibilidad del perro. Me urge aclamar una dominación sobre la adversidad y plantar la bandera de mi destino, por sobre los montes negros de las circunstancias. Todo va a cambiar, todo tomará el cariz de mi voluntad. El cielo piedra, aguacero metal, fondo de botella. La luna pedernal cogote, piernas de princesa. La calle, dinero y momentos como un prisma donde mi luz pueda descomponerse a gusto. Existe solo un camino, siento en el alma la certeza feroz de recorrerlo fuerte. No habrá palabra ni excusado que con la furia de mil mujeres hermosas, sea capaz de desdecir mi golpe sobre la mesa del presente. Centro mis dedos, abro lo que resta de mi corazón para escribir el vómito que largan mis tripas,  los pedazos de canción y los abrazos descartables, que por anónima decisión, me han traído a esta isla de mí mismo. Soy solo el fuego y el agua que moldea mi futuro, el decreto y la oración que me pondrá a salvo de lo que ralle. 

martes, enero 16, 2018

Su corona

De qué me serviría esa otra mano temblorosa, que dibuja y vuela en la penumbra mientras se muerde las uñas mirando un punto fijo. Me parece que quisiera yo acariciar su cabello finito y llovido, que quisiera estar al otro lado de ese whatsapp de intrigas y contestarle con devoción, que sí, que la quiero. Pero no sería, después de todo, sino una inútil mascarada.

Pobre del que esté ahora en sus garras, pobre su ilusión sencilla de acompañarte o de pedirte que te quedes.  Cruzo una plaza amarilla en la noche de 18 de julio, pero ya no la busco en ella, ni en ninguna otra plaza de 18 o del mundo. Nada me aliviaría desnudar a otra princesa, si el dolor de morder los palmos de su carne no hace otra cosa que alejarme de mí mismo, venciéndome hasta el desconocimiento, llenar el vacío con las hojas secas de un perfume que se va perdiendo, bailando en el viento, para agotarse tras un ardor de silencio, bajo el yugo triste de las esquirlas de nuestra historieta, que finalmente no es más que un libro roto. Se despluma la noche en el cristal de la vereda, la luna se esconde bajo la tierra y canta para si, el estribillo del mismo misterio de siempre. La bajada sin retorno que dio a luz a la oscuridad de esta madrugada.  Que nadie alce su cuchillo contra el fragor de mar que tiene mi pena, porque mi montaña es sagrada y ninguna regla puede medir lo que está por fuera de su propia materia. Estoy flotando sobre la rigidez, nadando a penas sobre la roca madre, las canciones que canto esta noche son solamente para mí. La tarde tuvo el perfume de la muerta y el bajo cinturón del ocaso, los jazmines marchitos de mi amor por ella. Un barco se iba a prisa entre la escollera, desnudando en la Bahía, un sordo rumor de olvido. El cerro con su nobiliario y todo, era solo un fondo a contraluz para las golondrinas espantadas, volantes trágicas tras un disparo sin suerte. Arrojé entonces su perfume al agua, que en ese momento de mi soledad, era como un espejo de plata celeste y larga. Dejé la mochila de mis sueños, con todos mis poemas dentro, junto al soplido de la brisa norte, la dejé dormida en otros brazos, en un rincón del rompeolas centenario y tarareando la misma cancion, le di la espalda a lo que hubiese sido, a los cantares diáfanos y las aguas de las playas que jamás conoceremos. Entonces saco cuentas que en nada me enriquece desquitar todo mi desengaño en las carcajadas de otra espalda, en el hirviente latir de otro pecho y los dibujos entreverados de una lengua que no será jamás la que yo dibuje con mis dedos en la arena.



Resta ahora luchar de amor en la inmensidad de mi sangre, ser la propia salida al laberinto del tiempo imposible. Vagaré otra vez por los carnavales, solo, lleno de luces remotas y de palabras como gorriones, poblando mi propia noche, con las luces de otro sueño que no requiera sus abrazos para que brille el sol, porque en mí se ha muerto demasiado lejos de la orilla, en el momento en que del living su luz apagaba como un adiós infinito, al sur del atardecer. 

lunes, enero 15, 2018

Vuelta 18

La vuelta empieza a las 9 a.m. con una picadura de araña en el brazo izquierdo, sigue con otro sueño y rascarse dormido.  Después amor de mamá y hermanas, pizza con mil aceitunas y el fondo de una pepsi. El aviso imprevisto que hoy no hay reservas y vení mañana, la noche está libre. Se me hincha y en verdad me duele el brazo. Entonces estoy en la peluquería y al salir, los ojos nuevos de una muchacha que ve en mí, cosas que desea tener en su cama y su vida. Una muestra de fotografía en el centro, un porro en la rambla, la ausencia azul refregada en el pálido celeste del ocaso. Todo esta bien, soy un caballero, sé sonreír y conversar, pero sobre todo sé escuchar y a ella le gusta y se explaya. De ahí me paro y camino muy cerca de su fractura mental y ella se abre y me cuenta cosas. Se toma un G a La Paz pero algo me duele, además del brazo, al fondo de todos mis juegos de pobre estrategia y me quedo pensando en la muerta, sintiendo el jarabe agridulce de sus letras, en el paño y la sombra cruda de mi pecho. Vuelvo a casa, agarro más dinero y vuelvo a salir. Llego hasta la esquina fúnebre y al destrabar la lata de medio de Patricia, el mundo se vuelve un acorde disminuido. El atardecer es de pronto un arsenal de fuegos en aparente desventura, que aniquilado en mis ojos, me dice que nada de esto vale ya el esfuerzo ni la energía. Hay mujeres que cualquier barba les viene bien. En la misma esquina canto 3 canciones muy tristes, se vela un blanco entre las nubes y al toque se vuelve gris apagado y me levanto y me voy después que ella apaga la luz. Mabel está cerrada y dejo mi lata vacía en su reja.

Está hoy más muerta que nunca.
Todo se vuelve noche de una y ahora estoy en la barra del Baker's, con más aceitunas y una ostia de trago de autor, que por la ferrocidad de mi temple y la solidez de mi ánimo, claramente me merezco. Vine de cliente, porque a diferencia de muchos, mi trabajo es mi lugar, es donde yo quise y quiero estar, hoy del otro lado.

Nada me derriba, nada me desmotiva, viajo en una mueca de risa triste, surfeando dolores incalculables con alegría de escritor maldito. Descarto lo que no esta destinado a ser mío y entre caricias de alcohol, me abrazo con mis compañeros y engancho ruta al este, a la isla, para que los acordes de la murga, cautericen mis arterias sangrantes.
El viaje en bus parece largo... Por escribir esto me pasé dos paradas. Bajo y al mear en la estación de servicio me cruzo al señor ministro de economía y finanzas. Pongo murga, canto otra vez. Camino cantando, con el latir de un veneno que me da alergia, atascado en el brazo todavía, llego al club, donde La Gran Muñeca está a un minuto de lanzar au clarín. Canta... Canta y el mundo toma forma de serpentina, revenir de una sonrisa de niño, más solo que nunca, nunca mejor acompañando. Canta la murga y en su cancion final, entiendo todo, solo para que en la retirada, el corazón se me llene de flores y de lágrimas. La bajada... Me vuelvo a casa. Vuelvo cantando por la calle Brandzen un Réquiem tardío para quien dio vuelta su mirada, tantas veces. "Se nota que ya no hay amor y yo me dedico al alcohol"


La vuelta acaba donde empezó, en mi cama, hoy mucho mas temprano.. No sé ya ni que más pasó. Mi brazo sigue muy hinchado y la zona afectada más roja que mi sangre. 

domingo, enero 14, 2018

Aquella

Una esquela de la muerta
A mitad de lluvia en domingo
Hace que cualquiera crea en milagros
Aun sabiendo dolor
Aun sabiendo espera
Aun fumando tembloroso
En la cavidad del silencio

Cómo se apaga el deseo de abrazar
Cómo se corrigen las veletas del corazón
Cuando el viento de 20 palabras
Se lleva la calma a la mierda

Por qué?

Saldría a la ventana
Para gritar su nombre
Pero entreverado me callo
Y silbo aquella bajada


Vamos a volver

Objeto de deseo
La firmeza del alba
Con apenas lluvia

Singular concentración
Isla en el desierto
Pabellón y manga

Niños que cantan
Estrofas de un amor futuro
Eso que no voy a olvidar

Flota la chapita en la birra
El mundo se formúla
"Alquimia la murga"

Pasan los bus a Ciudad Vieja
Aun andan mujeres con botellas
Y ojos para todos lados

Guitarra de enero
Melancolía y realidad
Que son acaso cenizas

Vasos y vasos y vasos
El verano cunde como arroz
Y yo nunca paro de correr

Brisa de tentación
Atrapada en narices de borrachos
Que gesticulan y se ríen

Hoy vi un cuerpo muerto
Y anoche vi a la muerta
Caminando con su amiga

Infinitos cruces y carreras
Algunos están en horno
Y otros están más en el horno

Ahí vuelve el galán
En busca de la princesa
Quemada y regalada

Imposible explicar la sensación
De encontrar en la salida
Pibes que cantan la misma retirada

Nido último en la barra
Y yo ahora digo que no
Pero en realidad quiero decir:

Me voy, pero vamos a volver.





sábado, enero 13, 2018

Decir que sí

La negación. Enemiga íntima de la sabiduría de la vida misma. Confusa cobardía de atreverse a decir o a sentir el "no es". Claudicar en la búsqueda más primitiva, detrminar un rumbo inexistente. Ensuciar la mente y con un grito mudo, no vivir, no estar, no ser. 

No es un hallazgo trascendente en ningún modo decir que los sentimientos son una fuerza que se escurre fuera del vaso de la comprensión racional-social, que nuestros maestros nos legaron, y nosotros abrazamos sin cuestionamientos, una honda conflictividad en la relación entre la pasión de nuestra sensibilidad y la postura conductiva que los modelos sociales demandan de nosotros. Entendido esto, se desprende casi de manera automática la necesidad, un tanto penosa, de acudir a la negación como una forma rústica y a mi entender mezquina y triste de lidiar con las necesidades que nuestro ser natural nos implanta en forma de sentimientos. Esas corrientes de fuego inexplicable donde de tan poca monta parecen nuestros recursos intelectuales. 

El cielo es inconmensurable, la verdad es como una caja de zapatos vacia, el único tiempo que existe en la vida es el ahora, el amor, el miedo, la necesidad sexual y afectiva, conceptos que se prestan con inmediatez a la aparición de la nefasta figura de la negación, siamesa de la culpa, cómplice de la alta traición a uno mismo. Tan fácil... Y cuánto veneramos lo fácil, aquello que no requiere de nosotros un esfuerzo o un sacrificio significativo. A los ojos de todas las demandas de funcionalidad sistemática de nuestra cultura desnaturalizada, la negación lisa y llana se convierte en una herramienta vital para "seguir adelante". Es menester tomar conciencia que las negaciones nos robotizan, nos esclavizan, nos vacían de aquello que por sola intención e intensidad corporal es realmente legitimo. Las negaciones y aún más las compulsivas nos convierten en seres perversos, plásticos e irreales. Nos mentimos, nos mentimos pa buena y lo que es peor, nos creemos a muerte que lo que nuestro cuerpo nos grita dentro de cada una denuestras células, es merecedor de un hachazo, y que con una determinación vulgar, fundamentada e la inapacidad de hacerse cargo, la verdad química y eléctrica que nos vuelve vida, deja de existir. 

El amor es decir que sí. 

viernes, enero 12, 2018

Ruido del horizonte

Trae el cigarro el perfume
Trae la librería su antiguo cantar
Anoche la cárcel
La afirmación de la locura
El salto al vacío

La catedral del cuerpo
Avisa al cielo nublado
Que el tiempo es ahora
Y nunca más

Se llena de pasos la calle
El verano como una brisa
Anida en los balcones
Y en los hombros de las princesas
Para silbar al ocaso
Melodías de otra vida

Trae el cigarro el perfume
La intuición inexplicable
El ruido del horizonte.