jueves, noviembre 30, 2017

Cuadernos

En todos lados un rayo de sol
Canta la vereda y saludan los jazmines
Susurrando viene el río
Como un secreto de amantes
Junto con los últimos gritos
De los niños de la escuela
La catedral da las 5
La tarde crocante parece una gaviota
Que estática en su vuelo
Avanza hacia la noche
Cuando mis versos nuevamente
Evoquen tu recuerdo
Y todo sea otra vez entrevero
Dudas, deseo, miedo y pasión.

Llegará una medianoche
Y con ella, en un sobre de algodón
O empapada de alcohol 
Tu respuesta. 

miércoles, noviembre 29, 2017

Aquel abrazo y vos y yo

Mi corazón de adiós
Tu tarde zonamérica oficina
Mi temblor de murga
Tus manos de candombe
Mi historia de culebras
Tu futuro de amor

Nuestras horas dormidas
Nuestro despertar de amor
Nuestra pasión prohibida
Por un dios envidioso

Llegará la noche al Parque Rodó
Llegarán las nubes de cordero
Para acariciar el tiempo del silencio

Nos hemos reído
Acaso hemos ahogado penurias
En vasos y copas sin fondo
Pero no olvidado
De esa noche con lluvia
Y aquel abrazo.

martes, noviembre 28, 2017

Miedo de vieja

Ayer pareció acabarse el presente para dar paso a una venida del invierno metafísico. Eso es la primavera, el canal de suspiros donde se ha muerto el sol y cada golpe nos estremece con delicia de pánico y sangre-humo para viejos zapatos de charol. 

Por supuesto que no hago más que dar vueltas, un rodeo de eufemismos en el que ya nada disfrazará lo que yo la deseo, cuánto la extraño, con su veneno improbable, con su permanente esconderse, con sus huídas, con su terror de tulipán. Aunque como una roca, recaiga en mi consciencia la certeza de saber que volver a besarla sería morir y que amarla es negar el aprendizaje que me dejó su ventana cerrada a mitad de mi noche suicida. El corazón puede fallar, la razón, a veces, no es más que un cuento de viejas temerosas de los perros de la calle. Pero acá estoy, como siempre, acallando un grito que la traiga a mi cama, infectado por la duda y viendome al espejo, ojeroso, despeinado, cansado, turbio por la distancia que nos regalamos en febrero... Que ha sido hasta ahora, el más sólido de nuestros acuerdos. Pero abrazarla...

sábado, noviembre 25, 2017

La picadura del alba

Me acuesto. Solo suena la pecera y recién ahora, un motor pasando, como el aliento de un fantasma de petróleo, silbando grave por Buenos Aires. La siento urgar mis letras, posar sus ojos sobre los puntos de las íes y deslizarlos por los palitos de las tes. Huelo el perfume que se descascara de su corazón, esa brisa densa de humedad y llantos secretos. La siento pasar misteriosamente, casi de incógnito por mis prosas agujereadas y mis tormentas de hielo, que no por casualidad, llevan su nombre cifrado al dorso. 

Corren por el cielo quinientas flechas negras, con penachos rojos y puntas de obsidiana. Todas van de ella a mí y viceversa. Cada una es una carta en una botella y una araña de luminoso amancer. Quiero decirle que ya no la quiero, quiero decirle que no juego más a su carrusel de amor de infierno, que no quiero ser el sátiro que se roba sus calenturas más perversas, pero no lo puedo decir, porque no sería cierto, aunque la realidad, que es como un hierro, me  lo susurre al oído. Porque todavía la quiero como el día 0... Aunque ya no la quiera. 

No sé que me pasa. No sé quienes somos esta noche de asado y cielo vandalizado. Me parece que apenas la recuerdo, que la maravilla de su ternura fue solo un relato y que nuestro tiempo perteneció fugazmente a un tiempo novelado, de realismo mágico y romántico dolor de dos sombras solitarias, que una vez se miraron, se abrazaron y se mataron por amor incomprensible, en un mismo abrevadero sin lugar. No recuerdo haberle jurado amor eterno, pero nunca se va, nunca se disuelve mi deseo de acariciar sus manos en la tarde y de sentir su respiración dormirse en la calma inusitada de mi pecho. 

Existirá la forma de salir indemne de ese abrazo de monstruos enamorados? Será de verdad el negro ministerio de la madrugada? Tendrá el clímax el mismo modo para todos los amantes? Sabrá el vino lo que ambos callamos ferozmente, hasta a nosotros mismos?

Nada me ofrece ya ninguna certeza. Solo que en algún momento me llegará otra carta. 

viernes, noviembre 24, 2017

Exposición de la mortalidad

1.30. Necesito escribir. Mis enunciados son cada vez más delgados. La noche dolor es noche púrpura. Los ojos del muerto y la caricia de aquel espejo negro. Llueve en los montes de mi melancolía, siempre. Las nubes de arroz cubren la ciudad con abalorios y los delfines apenas existen. Saltan los fantasmas en su tristeza absoluta, cantan los cuervos mientras los gatos lloran de amor insólito y allá viene otra vez el terremoto. Hay un mosquito en mi cuarto, hace como 200 años... Los ladridos llegan como por un tubo hasta mi cerebro y por más que llore o grite o escriba caravanas de poemas, el gato de Schrödinger, está vivo y muerto a la vez. 

Hoy vi a un empleado municipal, pararse arriba del esqueleto de una mujer, para separar de los huesos, la vieja lonja que fue una vez su piel, vi una cuchilla de mango blanco que se hundía en lo que una vez fue si carne estremecida de amor. Vi los huesos de mi abuelo, como palitos y flecos. Pero mi abuelo usaba shorts a cuadros, cuidaba sus lentes, ponía siempre las cosas en su lugar, hacía pollo a la parrilla y se enojaba seguido. Jamás estaría dentro de un cajón lleno de telarañas y moho. Ahí no había nadie y mucho menos él. Lo supe instantáneamentete. 

Sin embargo mi mamá lloraba tanto... Que yo era un témpano. Un domador de mis horrores que casi no había dormido. Tenía restos de pintura en mi cara y mi cuello. Pero pude dejarla a ella en un banco, lejos de la hilera de féretros, en un banco perdido del cementerio mientras yo me las ingeniaba para no sentir más que un leve olor a humedad y la certeza absoluta que nuestro tiempo es finito.

Entonces... Siempre que me encaro con la mortalidad pienso en ella. En su abrazo, en la ráfaga de vida que nos partió al medio aquella tarde casi tántrica. Me duele nuestro silencio, pienso que ninguno de los dos podrá mirarse a los ojos cuando éstos sean polvo de alas de polilla, echados al viento de la eternidad. Por eso quiero creer que ella me esta leyendo ahora, en este momento y que en algún lugar de su corazón vivo, sabe de lo que hablo y que va a ensanchar sus casillas para darnos otro abrazo. 

miércoles, noviembre 22, 2017

Amantes de miseria

Se detiene el reloj de mi pecho
Cuando a mitad de la tarde
Le doy refresh a mi correo.

Porque a decir verdad
De un modo ya tan distinto
Todavía la quiero...

Tantas veces la última vez
Tantos abrazos los últimos
Que se ve que nunca hubo tiempo
Para los amantes.


lunes, noviembre 20, 2017

Lo que pasa

Hoy imaginé tu piel. Tal vez no debí hacerlo, pero el color de viento de tus piernas acudió a mi mente, como una pequeña tormenta o como una ola demasiado cadualosa. La liquidez de la imagen fue definitiva y volví a suspirar mientras a penas me daba el aire para cantar. Roto, solitario y alérgico, hago lo que puedo para no tomarte en el acto. Pero después en el camino a casa recaigo y tu nombre surca mis labios como un encanto de ciudad. Pasan los edificios desvencijados, pasa una luna nueva, silenciosa e invisible, pasa el lunes también con todas sus muertes, pero en mi cama, con los huesos adoloridos, te vuelvo a pensar y hacia la madrugada marcho como frito, hacia un viejo amanecer de coral. Y no pasa nada.

Esas canciones

Las canciones caminan. Hacen un surco como de disco de vinílo donde se estaciona determinado tipo de polvo, o mejor dicho, cierto tipo de magia que nos arrea por nubes, perfumes, lugares o besos. Las canciones vuelan por adentro de uno y en su vuelo, dibujan ventanas en la sangre por donde se escucha el sol y la lluvia. Yo canto algunas muy seguido. Porque evoco los besos que traen entre sus pliegues, porque guardan todo el verano y todos los inviernos y además porque me gustan mucho. Lo cierto es que las canciones tienen su vida propia, que es a su vez, un entramado entre todas las vidas, migas del universo en una cadena de luz que trasciende los relojes. Por eso las canto, las vuelo y las camino, pero sobre todo las vivo, en plazas, veredas, blacones y escenarios. 

domingo, noviembre 19, 2017

Veinte vuelcos verdes

Noche mimbre
Cielo rapaz
Brisa y marisma
Grito de gaviota
Mascar su nombre
Padecer el agobio
De la certeza de mi sangre

Luna negra
Comunión
Cielo partido
Oigo el trajín portuario
El lamento de la maquinaria
Mientras la abrazo
Imaginariamente

Tiré muchos versos a la basura
En los días pasados
Gasté margaritas
En una estatua de vapor
Que va tras el negro
Redimí mis pasiones
Con palabras amables
Y nada sucedió
Siguió helado el infierno
Y yo en mi torre
Afiebrado y solo
Vi ponerse el sol de sus ojos

Llegó un correo
Que puso de espaldas a mi corazón
Una respuesta de nadie
Que me hizo más humano

Noche humo
Noche almendra
Noche pausa
Ceguera de mil caballos

Allí todo el mar
Acá el sueño
Las aceitunas calladas
Reposan entre penumbras

Quiere volcarse el café
Quiere explotar el deseo
Hacerse flor
Tras nubarrones de adiós
Y noches de borrachos

Solo desearía que me leyera
En la soledad de su vino
Y que juntara el coraje
De abrazarnos...

Breve del sueño

Hay un campo en los sueños, donde se agita un amarillo sin tregua, un lugar de molinos y serpientes, donde el viento es una materia diferente al viento que ahora se agita en mi ventana. Allí la luna no es jamás la luna y el cielo toma infinitas tonalidades según la capacidad del soñador. Yo recorro a veces los senderos, me arropa un gris lavado y hablo con personas que extraño o que veo a diario. Tengo entonces expresiones que habitualmente suprimiría y se velan en mis manos, tiempos paralelos. Hace mucho que no practico el vuelo, siendo que en una época lo había aprendido von detalle. Entonces me recuerdo, planeando o zumbando veredas, me recuerdo en canteras de estudiantes o en la calle Buenos Aires, un lunes al mediodía. Siento nostalgia... O acaso una melancolía que podría desbordarme, si al final de cuentas este cuerpo fuese tan solo un recipiente de esencias fugitivas y esta vida una misión de engorde que tiene como cometido enriquecer la materia oscura, ese vasto mar de conciencia en suspenso. Pero quién sabe...

viernes, noviembre 17, 2017

Escribir otra cosa

Quería escribir "artillería", aunque no tenga muy clara la razón, quería escribir fogata y trueno, almizcle y velocidad, escribir en el rollo de la noche, los esqueletos y su mirada. Me subí en un 148 para ir hacia la aduana y en realidad estoy yendo hacia otro encuentro con el tiempo, voy a favor de la lluvia, tarareando gemidos imposibles, remojando la luna nueva en deseos y arrebatos, voy queriendo escribir epopeya y tigre de Bengala, y en verdad escribo "te extraño" con una languidez de ruina y un ímpetu de manantial que desordena las estructuras con una risa suicida y un clamor de abrazos que, definitivamente, se filtra entre todas las palabras. Una muchacha en la parada se acomoda el pelo y toda la belleza del mundo la orbita como en una penitencia. Juegan los semáforos en la esquina y llevo el boleto en la mano. Por un momento me pareció ser un búho que apostado sobre un balcón centenario, quiere escribir "artillería" y no encuentra un lecho donde su vuelo halle serenidad. Entonces paro. Me paso una mano por la cara mal afeitada y reparo en la humedad de mis pantalones, entonces me recuerdo aquella noche de whisky interminable, también de lluvia, donde corrí a su abrazo mientras reía. Será que estoy buscando el estallido de mia pasiones, será que anhelo la batalla de su sexo sin cuartel, o será que mi sangre no se cura y busca el veneno delicioso de su mano con la mía. Entonces se me da por escribir alumbramiento, me sale caverna y promontorio, pero en realidad estoy hablando del perfume de su cuello. Capitula la noche ante el séquito de gotas transversales, se firman tratados a espaldas del reloj, se desabrochan incendios de corazones de fuga y yo voy a escribir alondra y milagro, para soñar acariciarte durante el último suspiro del tiempo. Ahora me doy cuenta que te hablo a vos, que le hablo a ella, a la del pelo como cascadas de azabache suspendias en mis recuerdos más ardientes. Entonces cambió las personas y ella es la que fue siempre, tan lejos de mis orillas, y yo seré otra vez artillería mientras le tiro otra bici a esta ausencia. 

miércoles, noviembre 15, 2017

El viento del Solis

Un vendedor de la noche pasa y grita: flotar!! Y yo en la cama, lo escucho mientras trueno mis miedos y me río. Porque apareciste en la mitad de la noche, saltando charcos, cuando yo me iba a mi casa convencido que es mejor no abrazar. Entonces Asunción. Entonces instancia y lugar, mirarnos los ojos y saber dónde estamos. Contarte que murió una bandada de petirrojos, después del último ocaso de mi corazón, que ya hace mucho que no busco regalar mi cuerpo a una sombra que eventualmente derrapó cerca, que si quiero algo, cuando lo tengo lo quiero más y no cómo se usa tanto, que cuando uno encuentra desecha y desprecia. La simplicidad... Abrir las ventanas, llorar delante de alguien, abrazar con la nariz pegada a la piel del otro y suspirar porque la vida es demasiado corta. Tenía que decirte que me gustas tanto, que te pienso tanto y que no voy a trabajar un recio infinito de nuevo porque aunque las panteras y las sierpes de otros albedríos me hallan dejado la piel llena de muertes, yo voy a querer vivir, siempre. Necesitaba esa afirmación con alas que es tu sonrisa. Teníamos que abrazarnos en el viento del Solis...

martes, noviembre 14, 2017

Partir de la noche

Fa! No. 

No quiero creer que solo una letra
Posada en una pantalla
Logre hacerme humo y deseo
Dejarme en brasa 
Resucitar mi poesía

Temor elevado a la máxima potencia
Veo sus ojos en mi insomnio
Siento sus besos en mi pecho
Y mi corazón tiembla con desespero

Fa! No. 

No estoy pudiendo dormir
Porque me fuí
Atrás de la primer madreselva
De su respuesta mesurada 
Me fuí Atrás del tiempo
Debajo de la razón
Donde una sonrisa hermosa
Hace castillos de fantasía
En mi dolor descubierto

Fa! Porfavor, dios.

Todas mis pirámides cedieron
El pecho se me oprimió
Y fueron solo 6 palabras.
Qué sería de mí, entonces
Si a mitad de primavera
Pudiera volver a abrazarla
Y andar la noche de su risa
Con las cometas de mis versos
Orbitando su cintura.

Porfavor!!!

Claramente sigue siendo
 reina de mis suspiros
Ahora ya ni puedo dormir
Solo desearla
Muero ininterrumpidamente
Por la recreación de su orgasmo 
Y sin querer
Me vuelve a estallar la piel.

Oh... No.

Descorrer

Es menester. Anoche cuando volvía, en medio de revelaciones, vi la luna amarilla acariciar los edificios de la avenida. Estábamos cerca del amanecer y el mundo me pareció una madre con alas, regalando tanto y reclamando tan poco. Me pareció necesario estremecerme hasta las lágrimas, y lo hice, porque la perfeccion reside en la impoluta sucesión de imperfecciones, ruta de ancestrales señales que con fidelidad nos ha traído hasta este presente. Hablar con un amigo. Vivir. Resbalar en la inmesidad dejando huellas por el fuego y por el hielo. Cantar por cantar y cantar hasta morir en todas las esquinas de Montevideo, donde un sueño de moho y serrín, se esboza por las sombras y las iglesias, en los sotanos y a mitad de cuadra. No se pudo encontrar la manera de no llegar siempre hasta acá, hasta esta noche donde la primer madreselva fue pavor de soledades y donde el cielo, abrasador, se convirtió en abrigo y refresco para las almas que combaten. Nadie hablará de ruinas, donde el árbol inmenso se vuelve Amnistía y Abrazo. Gritan los pájaros nocturnos, porque una murga vive, sus decenas de manos toman tijeras y flores y aerosoles que son idénticos a la vida misma, esa que entumece, cuece y descose, donde las risas son más que cualquier plástico y donde las miradas de diamantes clavan al reloj, el vuelo de las almas. Voy a seguir abrazando, con las manos pintadas y los dientes apretados, voy porque vamos. Vamos porque allá también estamos, donde la vida y la sangre nos pondrá a última hora.

lunes, noviembre 13, 2017

Dudas

Estoy como perdiéndome en el laberinto de sus ojos. Creo reconocer en el color del amanecer, sus manos, el suspiro angustioso de su borrachera. Tengo miedo, pánico a que me encegezca, a extrañarla, terror de necesitarla. Me despierto a las 6 de la mañana a escribirle esta melada deconstrucción de mis sentimientos en forma de carta. Sé que no voy a tenerla solo para mí, pero a su vez, el deseo de volver a surcar su cuerpo se hace cada vez más invasivo y me duelen las manos, me arde la boca, febril y opresivo en mi cama, le escribo como si fuese una playa que en vísperas de un verano tardío, le pide al mar el más elemental de los abrazos. De momentos también me afilio a la sinrazón de creer que no fue lo correcto, pero mis huesos descartan al final, cualquier arrepentimiento, porque después de casi un año de engordar mi soledad en noches de nadie, pude abrir la tranquera y dejar que un rayo de luz, acaricie la sequedad de mis claveles. Y así ando ahora, en este domingo amarillo con viento, calado por una impresión, ansioso en mi pantano de silencios, con mis ojos acrílicos y mis manos ausentes, escribiendole...

domingo, noviembre 12, 2017

Vivir estos días

Encontré una sonrisa, no hace mucho. Los increíbles dibujos de mi hijo. La ráfaga, la azotea, el lugar diminuto donde la luna vuela y enfrente, una pantalla parpadeante en la que el sol rebota para todos lados, demasiado despacio o demasiado lejos. La brisa verde de la primavera que me da en la cara. Mis ojos derramados. Una serie de adolescentes. Dos rastrillos desafiando a mi hermana y a la casa del frío. Hablar con papá y por el teléfono, en su insistencia de hombre que pisa los primeros paños de su ancianidad, escucho un miedo que parece incertidumbre. Veo sus años de rifle y cortadora de pasto, junto con mis años de pelota, nogales y veranos de Peñarol.  Llego al edificio de mi madre y la vida tiene cara mujer de claustro, que a veces sonríe. Nos encontramos bajo el sol. Siento su hombro al darle un beso y la misma puerta de toda mi vida se abre para que entremos. En el espejo, un cartel  avisa que alguien murió. Entre bucles de anécdotas sombrías, estamos tan vivos, acá su café, acá el sillón de siempre, la ventana al mar, un gato blanco tirado en medio de su meditación vespertina. Morir para nacer. Arbusto en llamas que se niega a resisitir la explicación más sencilla. Ni el dolor me duele, solo me duele lo que nunca será, esta tarde ni el abrazo logra despertar el anhelo de abrazar. Ya ni sé, no me interesa. Se enciende el circo mientras la noche desata sus brazos de cartulina y jazmín. Sangre en los cristales. Voz violeta y añil de todos los arrabales. Canción sin tregua, una feria vacía, una guitarra, sol para todas las eras con todos sus muertos y me vuelvo a hacer las cruces, ante el horror de saber que nada es lo que parece, que siempre hay una jugada subyacente, un plan para devolvernos al río revuelto, a la grave necedad que ahueca el brillo de todos los caprichos. Hoy lloré por mi abuela, por el temblor de su labio y la palidez de su piel sudorosa, aquella vez, antes de perderla, que casi la perdí en mis brazos, una noche de carnaval en la que amaba tanto a Victoria. Entonces la tarde fue apenas un sepulcro para tan bienintencionados suspiros, la luna sobre tres cruces fue un faro burlón y el viento, nuevamente ahora, ladra en gargajos de tifus, canciones en las que yo debería reír y en las que en verdad muero, aterrorizado por saber que no eras para mí y que además, y para peor, no eras para nadie, o más aún, eras finalmente para todos de igual e inmadura manera, pero no para mí, al final de cuentas.

jueves, noviembre 09, 2017

Mediodía trasnochado de amor y llantos

Casi las 3. Después de meses de un deseo dulce y doloroso llegué a descubrir el color de sus piernas. Tal como lo imaginaba, palidez y desdén, risa baraja y y un planeado clavado que no tenía misterio. Me dolió tanto verte llorar así, bebé, quebrarte de lágrimas en gemidos inagotables, eran las 10, el mundo afuera cantaba con voz de pájaro y toda tu cara, entreverada por mis dedos, era fuego y pasión, confusión. Abordarte en un arrancar de pantalón, "volcán", de eso me acuerdo. Todos tus ojos de llorar por otro se abrían chiquitos para dejarse cebar por mi ansiedad de lobo herido por la noche, te reías como la crema, llena de alcohol, que no pasa nunca, me arrastrabas hasta el último abismo, mientras que en mi maravillarme me dispuse a aguantar el cielo doloroso que estaba por llegar. Y sí, ahora lo digo. Fui tu indesición, tu infracción de mediodía trasnochado, fui el atracadero secreto de tu despecho, pero vos fuiste para mí la verdad de la vida, el arroz de esta primavera que me sueña mientras la sueño, el dolor desparramado de mis tripas vampiras, fuiste el regalo cariñoso de mi lucha desgarrada, y yo te tomé, ineficiente pero feliz, te toqué altivo entre la melaza de saberte más lejana que nunca, pronta en esa conjunción de humo y marfil, de mármol y café, turquesas aturdidas en colchones viejos, cajas de vino, ruinas de tormenta en arenas sin fondo. Ya está. Ya fue. Ya era. Ya. Pero... Pero.... Pero. 

lunes, noviembre 06, 2017

Espejismos y canciones

Tarde de escollos. La Ternera reunida en la puerta del Jacinto Vera. Sonrisas nerviosas entre resaca reinante.  Demoras eternas, faltas de comunicación y torta de fiambre bajo trajes de murgas de otros años colgados en las paredes. Yo estoy. Yo soy. Yo en medio de la vereda del sol, los micrófonos, los retornos, la tensión, pero ella está ahí, sin estar, por supuesto. Ahí, allá, demasiado lejos cuando bailamos en un mismo son de retirada. Ella. También nadie, igual que yo, tampoco nadie, cantamos. Chorro de dorado reflejo, su pelo, catarata alucinada por donde mi piel se eriza en vaciamiento desinteresado. Cada día pienso más en ella, a deshora, puntualmente, mientras por la calle vacía me siento un pájaro púrpura con soledad de escándalo. Creo que es como un jazmín y pareciera que solo en su cuello podría hallar yo reparo para mi piel electrocutada. Ahora se acaba de ir. Yo estoy aprendiendo de nuevo a rezar. Quisiera ser su infracción, su indesición, su fuga de vida hacia besos secretos. Sigo un poquito atado a la mañana donde dormimos y leímos, sigo un poquito enamorado y maniatado mientras el cielo se nubla indisciplinado. La sueño. Busco alejarme cuando más la deseo y al rato todo me parece ilógico e imposible. Quiero besarla. Busco la posibilidad de su abrazo como una fuente de agua de rosas y vuelvo a encontrar mi soledad, ardiente y velada, haciendo aros de humo entre mis dedos vacíos.


domingo, noviembre 05, 2017

Esquirla

Encontrar entre las toneladas de polvo que aquietan las repisas, una pregunta del pasado que ahora ya no busca  respuesta. La luz amarillenta de Soriano;  el permanente recuerdo de un despertar y ver sus ojos; la copa de vino previa al amanecer; creer saber que su estela sigue engalanando las sonrisas de todos los incautos; dejar de desear, desertar.

Chilló la puerta, al entrar un perfume invadía las escaleras como un temblor acuoso. Llegué a abrir la ventana solo para ver el despliegue púrpura del amanecer entre nubes. Prendí un cigarro y lo termino de fumar en este mismo colchón donde no mentí cuando, después del opresivo amor del carnaval, dije te amo por última vez. Entonces palo santo, que no llego a prender por éste frenesí de caracol galáctico que me arranca las palabras para revolcarlas en el barro de "ya no te quiero", de verdades de grasa, este barro insomne donde se termina de forjar la palidez y la humanidad. Se van cayendo entonces, navegando la aurora, mis imágenes desvencijadas. Me comprimo a la vez que me explayo, me desdigo infinitamente cuando me doy cuenta que mi piel todavía te reclama. No soy yo. No es nadie. Nada lava el hollín que tantos adioses me han dejado pegado en las pestañas, nada acusa más mi hermosa soledad que la perpetua dicotomía de ya no hablarnos nunca más. Eso que el ácido.. Pero no. Ni siquiera cantarle a la luna esa canción que nos define, ni amar más el desamor, ni adorar más la descreencia de saber que vas a volver, nada cristaliza más que la revelación ultima y definitiva de saber que no existe más revelación última y definitiva que la muerte. Por eso me doy el lujo y la libertad de escribirte y de romper la promesa de erradicarte se mis versos para siempre, porque soy mientras no soy. Ahora sí que se viene el día, todavía está la luna, hecha de cristales y rocas de otra vida, agonizando de realidad hacia el poniente.

sábado, noviembre 04, 2017

Quién fue ella?

El ojo sin pupila
En su lecho de sombra
Brilla tan helado
Como el latido de mi sangre
No hay primavera
No hay más tiempo
Que esta noche 
Llena de viejos mareos
Y cantares abandonados
Pero el pierrot
En la delicia de su maquillaje
Ata la risa y el dolor
En los destellos de sus lágrimas
Y la vanidad de su sonrisa
A los balcones plateados

Quedará otra vez la misma pregunta
Quién era ella?
La de mis horas más intensas
La del cabello más lindo
Y el corazón más despiadado