viernes, septiembre 22, 2017

Monólogo

Otra vez en la noche, Vrolok. Otra vez desvanecido rehén de la llovizna caminando entre el vacío y los charcos. A quién busca ahora tu alma de perseguidor, bajo los ríos de lágrimas y la Luna florecida. Nunca te cansas de mendigar pasto y agua para tus penas secretas que ya todo el mundo conoce, hasta cuándo, Vrolok, con esa angustia de camionero sin importar lo que valga tu sonrisa de mil dientes. No pases más por esa ventana, trascender es cambiar se calle. Hoy que la primavera acusa enrejados y manantiales, justo esta noche donde sos florecimiento, volúmen y ausencia, donde sos vos y solamente vos, Vrolok. Justo hoy se te viene a aglutinar toda esa pastelería incómoda, en tu deslumbrante soledad de caminante. Sos incapaz de dar pena, no hay en tu brillo más espada que la de todas tus sombras amontonadas como revistas en el consultorio del silencio. Cuánto tomaste. Cuántas veces pisaste el acelerador de tu ruina, cuánto dormiste sueños de nácar herrumbrado... No importa. Miráme cuando te escribo, Vrolok, no ocultes el resplandor de fuego que te come los ojos de lobo, no escatimes en la ilusión de tu voluntad de cazador hambriento, que son las cuatro de la noche y deberías madrugar. Quién te dijo que no, quién te volvió a decir que no, casi seguro fue porque las afirmaciones son el lujo de los osados y no la entorpecida herramienta de autopreservación de los cobardes. Jugá, que la vida es ahora y no hay más tiempo que el de tu poesía, pará de castigarte Vrolok, que aquella princesa no era para vos pero tampoco era para nadie, no la llores ni a ella ni a la otra nena rubia que una noche de lunes te dio la errónea impresión de ser refugio para tus alas torcidas y que el mismo jueves se fue atrás de un silbido dejandote en la lluvia, casi borracho, casi vivo, casi asustado. No llores por vos ni por ninguna de las princesas de Disney que acogotaron tus venas demasiadas madrugadas. Porque el café se olvida cuando se duerme y el vino se duerme cuando uno se olvida de uno mismo. Pará de castigarte y dormí, juntá fuerzas, Vrolok, que queda todo un día por delante y tendrías aue madrugar.

miércoles, septiembre 20, 2017

Chiquita

Se me corta el aire

No llega a mis venas

Más que la nueva cercanía

De tu estrella aromática

Mezcla de plaza y de cielo

De ardor inesperado

Y juegos incomprensibles
Me voy desvaneciendo

En cada vaivén de tus manos

Me hago etéreo y traslúcido

En mi temblor solapado

Cantando contigo, te sueño

En el nacimiento de la primavera
Después de tormenta

Y negrura y cardos y ratas

Sobre las baldosas deshechas

Nace este brote impertinente

Esta ansiedad olorosa de flores

Que en el aire de mi cuarto

Se vuelve tórrido silencio

Al murmurar tu nombre.
Porque no me lo explico

Porque tampoco lo quiero entender

Solo me alcanza la ráfaga celeste

De estanque diáfano

Que de tus ojos me salpica

Y me restablece

A la vez que me persigue

Y conmigo se queda

Hasta despertar.
Y con la mañana...

Volver a contar las horas

En las que tu proximidad

Sea una inocente analgesia

Para el insomnio y los temblores

Que con esta opresión del pecho

Te recuerdan y te ansían.
Me quedo trasnochado

Fugaz pretendiente de sangre

Que sueña ser cuenco

Donde tu amor encuentre forma
Más de cuatro madrugadas...


lunes, septiembre 18, 2017

A perder

Pega el verde del semáforo

En la tibieza del pasamano

La noche tiene bacterias

Que anuncian un temporal

Por las últimas avenidas
El ómnibus es una celda móvil

Un destello reflejado en una vitrina

Que el tiempo va llevándose

Gota a gota a las seis de la mañana
Truncado ya el nombre de la bestia

Contra los recortes perversos de la luz

Baila Se Mamó la Ternera

Cantando retiradas del tiempo de ayer

Sobre los ojos del espejo de hoy
Avenida Italia, cuándo pararás

De sugerirme su extinta compañía

Cuándo agotaras el veneno

De aquella madrugada

De sillas y de fotos
Pero no! Este poema no es para vos

No quiero que tu corazón baile

En la patética delicia de mi abismo

Ya no quiero que vuelen por mi alma

Tus alas color de mar.
Quién recuerda los muertos de marzo

Quién abanica con negro pavor

Las soledades del invierno

Quién ha de clausurar mi sangre roída

Quién tras mi amor

Quién por su dolor de aguja

Clavará puñales de júbilo

En el retrato vacío.
Terminal

Ruta hacia Rocha

Días de otro exceso

Ver las caras que sonriendo

Hablan de la soledad
Tu reloj y el mío

Ya no pueden volver el tiempo atrás

Y esas caras que sonríen

Hablan de la soledad

Estudiadas por el tiempo

Se quedaron sin mirar

Y llegarán las golondrinas...

sábado, septiembre 16, 2017

La vez que volvió a morir en Trueba

Un loco borracho canta
Canta llorando y riendo
Una retirada vieja
Que parece suya
Grita en su rebeldía de perseguidor
Baila en una bicicleta
Se cae y vuelve a cantar
Un loco por Montevideo
Adormecida sin testigos
Ve una luz en una ventana
Y canta borracho
Una canción final
Que nadie acusa
Serenatas de nadie
Nadie en ningún lado
Solo esa luz de novios
Que le dice que el reloj
No encontrará rerorno
Tras las dos de la mañana
Es de la noche
Hace la noche
Es la noche
Cuando grita derrotado
Victorioso y gris
Canta y rie
Llorando y gritando
El loco azul
Encontrando aves
Donde hubo jazmines
El café de sus ojos
Se volcó de nuevo
Poeta de los huesos
Con frío en las manos
Y el corazón de fuego



Historia de Valentín Fonseca (parte 8)


   Sin embargo el temor de caer dormido y regresar a aquel manglar de sensaciones me estaba consumiendo, mis piernas se resistían a obedecer el impulso de la razón y transportarme hasta la cama. Tal vez pasé en aquella disyuntiva unos 15 o 20 minutos más, hasta que desde detras de mi cabeza, una oleada de tibieza me arropó por completo y sentí en mi esternón como el sonido de un inmenso chasquido, lejano pero atronador que me sumió de inmediato en una atmósfera cargada de susurros y de una luz amarillenta que en contra de todo sentido común, me otorgó una placidez total, como si el peso que cargaba a causa del miedo primitivo que padecí durante el día, fuese súbitamente liberado de mis espaldas, sobreviniendo entonces una relajación y un estado se sobriedad que hasta entonces me era largamente esquivo.
   Una vez que se afinó en mi interior el intenso cúmulo de estimulos, apareció delante de mis ojos, la dorada escenografía del mediodía en la rambla Francia. Era tan completo el efecto, con el mar ondulante y el cielo limpio que me estiré y disfruté con tranquilidad de aquel reparo en medio de la tormenta de mis pavores diurnos. Comencé a caminar entonces, con rumbo al oeste y sin apuros, hacia el puerto.
  Todo parecía en su sitio y se me era mostrado como revestido por una serenidad pasmosa, nadie había a la vista y los contenedores apilados me parecían exquisitos laderos para los monstruos altísimos de las grúas metálicas. Ni un ave rompía la cristalinidad del silencio, solo el susurro de estuario, bailando de manera diminuta dentro de su vasto cauce. Tuve la certeza que era domingo y que me encontraba dentro de un sueño. La vividez de mi percepción era deslumbrante. De pronto todo el asunto volvió a mi cabeza y manifesté en voz alta mi deseo de ver a mi amigo, no sentí miedo ni ninguna otra sensación incómoda, solo lo llamé: Doctor Fonseca.
    Escuché su risa como una bandada de palomas dispersadas detras mío y volteé de inmediato. Estaba ahí, parado, su sonrisa era luminosa y benevolente, sus ojos que por lo general eran severos, se veían ahora llenos de placidez y flexibilidad. Me estiró la mano y se la estreché con gusto.
   - No sabe qué placer volver a verlo, mi querido amigo, le mentiría si le digo que no lo estaba esperando. También le mentiría si le digo que no sé por lo que esta pasando, porque yo pase por exactamente el mismo camino - y en su sonrisa se inflamó un gesto de honda comprensión.
   - Me cuesta creer que todo esto se trate de algo real... Perdón que se lo diga. - apunté tan apenado como mortalmente fascinado por los sucesos que tenían lugar en mi percepción.
   - Le cuesta creer... Pero sin embargo acá está, supo donde encontrarme sin ninguna dificultad. Venga, tengamos esta reunión en un sitio más apropiado - dijo y con una sonrisa amable, hizo un amplio gesto con su brazo indicandome que lo siguiera. Accedí y en cuanto realicé el primer movimiento, nos hallábamos los dos sentados en sillones elegantes y antiguos. Me costó bastante reconocer dónde estábamos, pero al percatarme de la cantidad de ventanas que nos circundaban, eché un vistazo a través de ellas y la respuesta acudió al instante a mí, estábamos en la cúpula del Palacio Salvo.
   - Se que adora este lugar y quiero que se encuentre cómodo.
   - Es increible... Y dígame estos... Seres. No lo acompaña ninguno hoy?
  - oh si, claro que están, de hecho es su energía y su conocimiento lo aie funciona como sostén para este sueño aue usted está teniendo.
  - Pero y usted? Usted esta soñando lo mismo que yo, entonces?
  - Bueno, yo en realidad soy algo más que eso, yo vivo acá. - y al decir esto pude ver un destello de fascinación y misterio en su mirada, parecía invitarme a que le hiciese más preguntas. No pude articular ninguna frase.

jueves, septiembre 14, 2017

Errar

Beso en la Luna perdida
Balcón de mi calvario
Que me anunció otra muerte
Y me caí de la bicicleta
El mundo sin queso
La soledad en camiseta
Y el cantor en su duelo
Que se cansó de morir
Arrastrado por el silencio
En tormenta de pedregullo
Y sales de un cuento podrido
Hoy me llena la resaca
Y la angustia y el dolor de un sueño
Triste, abandónico, cruel
Se pasa la madrugada
Se agita el polvo dormido
Del aire clausurado
Y me voy de paso
Hacia nadie o peor

miércoles, septiembre 13, 2017

Historia de Valentín Fonseca (parte 7)

(parte 7)
Entonces desperté, escapando hacia la confortable seguridad de la vigilia y de la mañana, y toda la tempestad de miedos e inquietudes que había padecido momentos antes, durante el encuentro en la plaza, se borraron inmediatamente de mi memoria, dejandome en paz y desapareciendo hasta aquel fatídico momento en que recordé todo de un tirón, ya entrada la tarde. Y ahí estaba, con mi viejo Toyota Tercel rojo, detenido a un lado de la calle Rivera, con las balizas encendidas, entorpeciendo el tránsito y herido hasta el desgarro con la impresión corporal de volver a cuestionarme, ahora como algo inhumanamente cierto, la oferta que me hizo mi amigo durante el sueño.

    Sin embargo, un minúsculo soplo de racionalidad se apoderó de mí y puse en marcha el automóvil con destino a la aduana, a la peatonal Sarandí, a enfrentarme cara a cara con mi amigo, el Dr. Valentín Fonseca y darle un punto final a aquella insana incertidumbre que había sido capaz de poner en tela de juicio todo lo que creía saber sobre este mundo.

  Llegué antes de darme cuenta y estacioné el auto en Fracisco de Sostoa para caminar hasta la puerta de calle del edificio. Me prendí al timbre con una actitud casi agresiva, como si mi mente buscase una verdad que solo con la fuerza de la determinación y la valentía de sanear el asunto, fuese capaz de encontrar. Nadie atendía, aunque yo seguía tocando. Me puse irremediablemente histérico y sospechoso, otra vez estaba perdiendo el control... Y me estaba dando cuenta. Me rascaba la cabeza, pasando una otra vez las palmas de mis manos por mi cara, y a mis ojos comenzaron a acudir agrias lágrimas de desesperación que me ganaron por completo. Más timbre y más timbre toqué sin obetener respuesta. Unos minutos negros se descolgaron después, hasta que una señora anciana a quien conocía de vista y saludaba a menudo por el barrio, apareció en el hall del edificio y abriendo con llave propia, salió encontrandome. Tuve el tino y la entereza de alma para poder no aparentar toda la vorágine de espanto que me trituraba el estómago y la saludé apelando al último dejo de compostura y sobriedad que poseía.

- Buenas tardes, señora.

- Qué tal joven?

- Casualmente no habrá usted visto al Dr. Fonseca?

- Ay! No querido, hace mas de 15 o 20 días que no lo cruzo, supuse que estaría de viaje. Usted no sabe nada de él?

- Por supuesto... - repuse mintiendo para reprimir un acceso de náusea inducido por un primitivo temor de confirmación.
-El doctor fue a un seminario de cardiología en Mendoza, seguro aún no ha vuelto.

  La señora se dio vuelta para ayudar al brazo de la puerta a cerrar, diciendo algo en tono como de queja y forzando su mecanismo automático con la fuerza de su ansiedad, una ansiedad de viejo que tanto conocía yo por la naturaleza de mi profesión. Aproveché ese lento giro de su cuerpo para salir de allí a toda prisa por la peatonal hacia el oeste, hacia la calle Maciel, donde girando a la izquierda apresuré el paso para encerrarme en mi apartamento, intentando en todo momento evitar mirar el vasto reino del Río.

  Amarga fue la resaca última de aquella tarde. Mi apartamento sumido en una incertidumbre cremosa, era el escenario peor para el derrame de mi propia ansiedad. Una y otra vez repasaba go las imagenes del sueño y cada repaso me untaba más y peor en la espantosa sospecha... Un lagarto de primaria curiosidad circulaba en mis arterias, más grande que la sangre, indeciso, terminante, cuyas bases fundamentales se apoyaban en algo rotundamente descabellado, algo que hasta aquella vez, no hubiese considerado más que un mal sueño y que ahora me parecía terriblemente real. Tan real que mi cuerpo físico oscilaba en la penumbra de un saber imposible, entre espasmos y escalofríos interninables, una fiebre verde y escamosa que me producía tanta repugnancia como morbosa maravilla.


  Lo peor aún estaba por venir, ya que en un momento de la tortuosa meditación, caí en la cuenta que eran las 3:10 de la mañana y que irremediablemente debería dormir si pretendía asistir a la reunión con la gente del laboratorio con quien, no temo ahora confesarlo, me vinculaba un asunto de cifras bastante significativas a mi favor. 

viernes, septiembre 08, 2017

Historia de Valentín Fonseca (parte 6)


Fue tan impresionante su presencia, tan real e imponente, que mi miedo por el acusoso ser se vio apagado en contraste con el pánico que me causó su risa reventando en la azotea de mi edificio. Quise quebrarme, perderme, desaparecer, cualquier cosa que me alejara de la repugnante escena. Corrí, pero en lugar de salir andando, lo que conseguí con mi primitivo intento de escape fue cambiar la locación del sueño. En un segundo estaba en la plaza Matriz. Era de noche. Mire al rededor con las pulsaciones por las nubes, no vi a nadie. La plaza estaba vacía. Suspiré aliviado y me propuse tomar asiento, aun sin la más remota sospecha que me hallaba dentro de un sueño. 
  Entonces escuché otra vez la degenerada risa de sepulcro abierto y padecí un profundo escalofrío y giré aobre mí buscando de dónde provenía para poder huir con todas mis fuerzas en la dirección opuesta. No lo veía. Pero volvió a reir y el sonido se hizo como gelatina por todo el ámbito vacío de la plaza.
   - No tenga miedo, doctor. No hay forma de escaparse. Ellos nos encontraron, no son malos, de hecho lo único que quieren es aprender de nosotros y pagan por su servicio mucho más que nuestros pacientes habituales. 
   La voz rebotaba en todas partes sin provenir puntualmente de ninguna. Mi horror iba en franco ascenso y me sentía al borde del colapso. Finalmente y tras una busqueda angustiosa, lo vi, sentado en uno de los bancos, vrstia su traje beige , una camisa blanca impecable y una corbata oscura, prendida con un prendedor que yo mismo le regalé para uno de sus últimos snivetsarios de casado. Parecía nuevamente mi amigo de siempre y percibí en sus ojos un brillo de humanidad y de aprecio.
  - Después de todo lo que ha visto, las enfermedades, el sufrimiento, la falsa esperanza, del oscuro corporativismo que es inerente a nuestra profesión... Venirse a asustar por semejante milagro.
  - Nada de esto es real - dije con un temblor recorriendome el cuerpo entero.
  - Oh sí, ahí es donde usted se equivoca, mi querido amigo. Esto es muy real, tan real que solo pensarlo lo hace estremecer, pero le repito: no tenga miedo. Estos maravillosos amigos vinieron desde lugares demasiado remotos, solo para conocernos y usted esta agarrando el sartén del lado equivocado, si me permite, mire, solo permitase mirarlos con detenimiento - y con un gesto amplio de su mano me indicó el centro de la plaza. El panorama era inverosímil, pero nada me hubiese podido parecer más real: una docena de seres de agua ululaban rítmicamente alrededor de la antigua fuente. Me estaban mirando. Pude sentir en la médula de mis huesos todo el peso de su poderosa curiosidad, mi pavor cesó. 
   - Así está mejor - respondió mi amigo o lo que fuese que hablaba con la voz y se veía como mi colega. - Créame, si elije quedarse con nosotros no habrá más muerte ni tristeza ni ninguno de los horrores cotidianos que ennegrecen nuestra fugaz existencia. Digalo, digales que se quiere quedar acá con nosotros y todo sufrimiento habrá cesado definitivamente para usted, estos amigos se encargarán de cubirir todas sus necesidades y le ungiran con el conocimiento secreto de todas las eras. No tenga miedo. Es la conciencia eterna su regalo a cambio de nuestro simple consentimiento. Qué dice?
   Me hallaba absorto en la contemplación de aquel insólito grupo de seres conscientes, que ahora venían levitando bajito, acercándose tímida y curiosamente a mí. En un instante creí comprender todo y me deje llevar por una inusitada calma. La oferta no solo me parecía justa sino absolutamente seductora. Como médico, casi toda mi vida giraba entorno a la muerte y por supuesto era la cosa a la que más le temía en el mundo: mi propia muerte. De modo que evadirla y a la vez acceder a una fuente ilimitada de conocimiento, me parecía una oferta que solo un tonto podría rechazar de plano sin siquiera meditarlo.

Tablado vacío

Mi amor
Estoy tan solo
Cuando cae la llovizna
Cuando muere el reloj
Y las garzas se comen la noche

Estoy tan solo
A un costado de mi risa
Más allá de mi cantar
Que el universo palidece
Y el amanecer es triste
Lejos de tu abrazo

Quise gritar
Anoche
En un caldo de miserias
Y golondrinas
Quise gritar
Y apenas pude sonreír

Por eso capaz me desperté
Con el primer motor de ómnibus
Para hallarme minado
Rendido de melancolía
Por las horas de tu mano

Estoy vacío ya de tu silencio
Cada día, desde febrero
Ha sido un punto de sutura
Para una cicatriz interminable
Para el cielo acuchillado
Para el mar de tormeta
Imposible.

Prevalece la empinada maldad
De un dolor que ya no es dulce
Porque tiene sangre seca
Olvidos de otras verdades
y debilidades monstruosas
Que dificilmente nos darán paso
Otra vez...

Lejos de tu sillón
Lejos de tu voz
Lejos de mí y de nosotros
La luna muere
Y este adios
Nunca se acaba. 

miércoles, septiembre 06, 2017

Ahogo

Se cierra la jaula del pecho
Entre la palidez de las nubes
Cuesta que baje el aire
Y con esta luna...

Rondando mis latidos
Acorazando mi voz
Rompiendo los silencios
Voy hacia la noche

A nadie le importa
Nadie despertó el analgésico
Y yo abanicando la polio
Para dormir al menos una hora
Sin el remanente de su sonrisa

Estoy fuera del caso
Para siempre serio
Sin paz ni piel
Sin más romance
Que mi recuerdo

sábado, septiembre 02, 2017

Historia de Valentín Fonseca (parte 5)


 En mi sueño miraba yo el estuario abrazar a la vieja escollera, la espuma de reflejo rosa se recortaba burbujeando contra las negras piedras. Me encontraba sumido en un afable estado de contemplación. Era el alba pero el sol salía del lado opuesto al natural, remontando a un costado de la cara oeste del Cerro de Montevideo. En ningún momento me resultó curioso ni me causó mayor incomodidad que el sol apareciera dando un nuevo día con aquella contradicción cardenal, era majestuoso y todo lo que me producía era un sosiego casi sedante que me desafectaba de cualquier tipo de sobresaltos o preocupaciones.
     Los rayos naranjas descendían directo del primer arrebol planchándose en las aguas encendidas. Me sentía en paz, tan presente en la contemplación de la escena que en ningún momento me percaté que me encontraba en un sueño y me distendí, apostado en el balcón como suelo hacerlo casi a diario. 
   El mar tenía algo sencillamente trascendental y toda mi atención estaba cautiva de su encendido ondular, su presencia era absorbente y la inmensidad de su dimensión me abrumó por un instante. En el siguiente destello de percepción, una inmensa masa de agua se despertó levantandose del resto del Río de la Plata. Fue tan colosal su animación y tan detallado su realismo que proferí un grito de espanto y salté hacia atrás con desesperación, trastabillando y perdiendo la rigidez de mis piernas. Al caer, el sueño fue un paso más allá: en lugar de aterrizar en el piso detrás mío, aparecí repentinamente flotando en el aire, acaso a unos 15 metros de la explanada de césped que da a la placita y a la cancha de baby fútbol. El descomunal ser viviente era idéntico al que me pareció ver en la jarra de agua de mi amigo y al que había surgido del charco en el sueño posterior, pero esta vez era masivo y terriblemente poderoso, tal vez 35 metros de alto como por 18 de ancho. Yo levitaba presa de una estupefacción lindera al shock y ajeno a cualquier tipo de realidad o noción del mundo cotidano. Hizo un enorme aunque ágil movimiento hacia adelante y con un rugido casi infrasónico avanzó interponiéndose entre el sol trepante y yo. El ámbito entero se tornó amarillento, sofocante y opresivo, la luz quedó teñida por el velo de aquella delirante acuosidad y el juego de luces que desprendió, tuvo sobre mí un instantáneo relampaguear de pánico, una reacción en cadena que acabó por poseerme, provocándome una náusea  intensa. Pataleé en el aire vacío del amanecer, mi estómago estaba a punto de colapsar. El ser acuoso en su magnificencia de vértigo venía hacía mí, levitando sobre el muro anaranjado de la rambla. Yo me retorcía queriendo huir de la inevitable captura. El estruendoso sonido a borboteo que hacía el terrorífico ser, doninaba el aire denso y crudo, a cada segundo me sentía yo más y más carente de toda esperanza mientras la criatura se aproximaba inexorablemente. Tanto fue mi esfuerzo que al parecer conseguí alterar el rumbo del sueño,  estaba ahora en la azotea del edificio y como una bruma o una fantasía el espantoso ser de agua ya no se dejaba ver turbando el verdeante horizonte. Pude respirar en paz, la angustiosa ansiedad de horror que me invadía momentos antes, ya no estaba y mi contemplación retomó sin más ayuda, su carácter serenado mientras fui recuperando el aliento. 
  Vi entonces que el sol se alzaba desde Poniente ganando con una velocidad extraordinaria, el cielo de la ciudad vieja, un rastro de efímeros colores iba quedando a su paso y tras llegar a dominar la bóveda, mi capacidad de atención disminuyó drásticamente, tras lo cual sentí que la experiencia volvería adar un giro, alejándose nuevamente de mi zona de confort. Asi fue ya que inmediatamente después de formular este pensamiento, irrumpió en la escena, el aborrecible sonido de una oscura y enloquecida carcajada. Recuerdo una sensacion de incontrolable temor llevarse el dominio de mi cuerpo como una ráfaga de viento borra el rastro de las hojas en el suelo. Volteé para ver de donde provenía la aterradora risa, aunque ya lo sabía sin lugar a dudas. Mi amigo estaba sentado en una especie de suntuoso trono, sus manos apoyadas en los posabrazos acompasaban las contracciones de su risa espeluznante. Se reía y alzaba su rostro al cielo, el sonido era desgarrador. Detrás de él, como un ignoto y obsesionante guarda espaldas estaba "de pie" el insólito ser de agua en una versión de acaso 2 metros de alto por apenas 80 centímetros de ancho. 

miércoles, agosto 30, 2017

Historia de Valentín Fonseca (parte 4)

  Pasé casi un mes sin volver avisitar a mi amigo. Aquella tarde de lluvia sufrí una tremenda impresión y mi corazón fue bombardeado por un sinfín de horrorosas sospechas, a tal punto que me fui del apartamento de manera súbita y sin más amuncio que el de levantarme de la silla y dejando abierta la puerta tras de mí, salir a la lluvia corriendo como un verdadero maníaco. Mientras bajaba las escaleras como llevado por el demonio, pude escuchar que mi colega gritaba desde dentro: no hay donde huir, mi amigo. No hay que tenerles miedo. Y después su risa oscura se desdibujó en una carcajada degenerada a medida que yo encontraba mi camino hacia el aire denso y cargado de furiosas aguas que aporreaban la peatonal con renovado vigor.
 Corrí hasta mi casa, la vista del mar, entre el enojo de los edificios, desde la calle Reconquista me resultaba opresiva. Su batir inmenso bajo los brazos de las precipitaciones, me hacía temblar el estómago mientras corría empapándome. 
  Me costó varios días recobrar mi natural serenidad y enfocarme plenamente en mi deber, pero tras casi una semana de los extralos sucesos, todo volvio a la normalidad. Me hallaba alegre de transitar las mañanas sin el recuerdo de los sueños perturbando mi cabeza y en menos de un mes, la experiencia entera parecía ya casi un asunto del pasado. 
   Hasta que un lunes, (y me percato solo ahora de lo imprudente que fue permitirme aquel alivio) volviendo en mi auto de una reunión médica en la Española, por la calle Rivera, desperté a la realidad del recuerdo. Su imagen como de perversa gelatina se fijó sobre el agitado tránsito de las 6 de la tarde, casi calcándose sobre la calzada y sobre el resto se los autos. El recuerdo del sueño destelló despertando un temblor agresivo en mi cuerpo. Prendí las balizas y me detuve casi en seco. Un auto pasó con su conductor asomado por la ventanilla, vociferando. Entonces sentí cómo el mundo de la vigila se hacía a un lado para revelar el horror que mi mente atravesó tan solo horas atrás, durante el transcurso de la negra noche, bajo la hipnosis de sus alas de cuervo, descorriendo el velo del misterio para, en medio de avenida Rivera, arrojar sobre mi rostro los desechos desgajados de aquel sueño tan súbitamente lleno de espanto y sorpresa, sí, sobre todo lleno de horrible sorpresa.

martes, agosto 22, 2017

No voy a volver

Queda en el desamparo la noche

Muslo a la provenzal
Joya inerte en cavilaciones
Estrellado horizonte
Y plena.. 

Luna disfraz del dolor
Sobre todos los caminos
Que no anduve

Arlequín, alegoría de un encanto
Que en banquetes de niebla
Canta para acallar sus soledades

Habitación de vereda 
Lupanar donde renace una llamada
Y todos los taxis 
Que abomban la madrugada

Voy por decir voy
Renacer de a ratos
Tras morir de amor en una esquina
Cielo condenado por ahora
Es tu alegre amanecer
Falto de teléfono
Y yo otra vez 

Por patear tantas columnas
Me quedé sin caja para besos
Por aporrear la almohada
En virulenta y perpetua reconstrucción
Me quedé sin resorte
Se venció por ahora el elástico
Donde una vez durmió mi corazón

Es que a la salida del festi
Es un souvenir imposible
La risa de infinitos dientes
Que una noche fue idéntica
A un universo que yo buscaba
Pero que por inexistente
Terminó por morir de frío
A un costado de la calle Brandsen

Me extraña ahora que la Policía
Nunca redactó el informe
Me extraña que los forenses
Hasta hoy no se hicieron eco
De las mil lunas mutiladas
Que alguien dejó bajo mi almohada
Y que yo, torpemente admití
Por tratarse de materia
Ligeramente similar a lo real

sábado, agosto 05, 2017

Historia de Valentin Fonseca (parte 3)

  Simplemente me aterrorizó. Algo a un nivel primario se disparó dentro de mi cuerpo a causa del carácter inesperado de aquel olor de mar revuelta, salido de la nada, inapropiado por demás dentro del baño de mi amigo que siempre olía a la misma mezcla de lavanda y lejía, de brocha de afeitar y jabón astral . No pude siquiera racionalizar la causa de aquella reacción, me hallaba algo confundido, como fuera de mí incluso antes de entrar al baño, pero después de esto mi estado de ánimo sufrió un derrumbe de sismo que definitivamente aflojó toda la musculatura de mis prienas, me mareé, me recorrió un estallido de sudor frío y los finos azulejos del baño giraron sin control al rededor mío. Me hubiese desmayado, de no ser porque en el preciso instante en que mis ojos se llenaban de destellos blancos, mi colega golpeó la puerta preguntándome, a través de ella si me encontraba bien. Dije que sí y pude entonces, juntar la fuerza suficiente como para aparentar dominio sobre mis facultades, acomodarme la ropa y tras lavarme las manos y la cara, salir del cuarto de baño para volver a mi anfitrión evitando dar una imagen de indisposición.
    - Se encuentra bien, doctor?- preguntó mi amigo.
    - Sí, no se preocupe, todo esta en orden- repuse intentando enmascarar la insólita sensación de ahogo y mareo que, aunque desvaneciéndose, aún me recorría.
    Los ojos de mi colega, el brillo pálido de su piel y el tono profundo de su voz, lejos de tranquilizarme, me provocaron todavía mas desconcierto. Una sospecha extravagante se apoderó de mí al percibir el disimulado temblor de sus manos. No dije nada. Volvimos a sentarnos, la música de Beethoven cesó y el sonido de una lluvia pesada se hizo con el silencio de la sala. El tiempo se volvió grumoso y viscoso durante unos minutos. El doctor estaba de espaldas mirando por la ventanas, como más allá de la gruesa cortina de agua que se batía sobre el vidrio, como con un chasquido interminable. Mi celular vibraba dentro del bolsillo con regularidad, pero yo pretendía ignorarlo, imponiéndose en mis pensamientos la idea de Celia haciéndose cargo de todo, tan operativa y leal. 
    Solo intentó mi amigo comunicarse conmigo en una ocasión y fue cuando se dio vuelta y me miro con unos ojos inquietos y una mueca de contracción en los labios. 
   - A pesar de tanto estudio no sabemos nada de este mundo doctor. No alcanzarían cien mil vidas para entender... - dijo y era una sombra cuyos pasos se perdían en la risa de la lluvia.
   Sus palabras y el tono que empleó para pronunciarlas me arrinconaron forzando a mis ojos a clavarse en el suelo, solo pensaba en irme apenas se mitigara el agua. Pero llovió todavía más fuerte y no me quise resignar a quedarme más, pero el atronador rugido de un trueno reventó en la cercanía de la aduana y me sentí paralizado.
   - Pero qué le voy a decir a usted, si veo que sabe más de lo que piensa qué sabe.
   No contesté. Un enfermizo caos de sensaciones hicieron un nudo en mi cavidad abdominal y emití una vaga expresión de asentimiento. Mi amigo a mis espaldas se rió entre dientes de nuevo mirando la lluvia sobre los techos vacíos.

martes, agosto 01, 2017

Historia de Valentín Fonseca (parte 2)

 Por lo tanto no es de extrañar que al otro día, cuando dieron las siete, con su frío y su gris, y sonó la alarma de mi teléfono celular, yo me encontrase desprovisto de toda fuerza. Intenté incorporarme en mi cama y como es inquebrantable costumbre en mí, salir a enfrentar el día con determinación y disciplina, pero no pude. Algo me retenía, me cargaba cada músculo con una pesadumbre ignota que definitivamente me inmovilizaba en mi lecho. Entonces la otra pesadumbre, la de mi deber, acometió sobre mi mente y en un acceso de voluntad llamé a Celia, para que cancelara todas mis consultas del día. Del otro lado, Celia se asombró tanto que pude distinguir un temblor de incertidumbre en su voz, generalmente recia, inflexible y sin lugar para dudas de ninguna índole. 
  -Tranquila Celia, todo esta bien. Necesito dormir hoy, pero estoy bien.
   Volví a dormir en un acto de desahucio, sometido por las extrañas fuerzas que, como nunca en mi vida, me obligaban a permanecer en la cama. Un sueño plomizo descolló entonces y en él transcurrieron acaso seis horas sin interrupción, luego me desperté y atiné a chequear el celular, pero la cantidad de mensajes y de llamados perdidos me pareció un peso imposible de levantar en aquella penumbra entre el día y la noche, generada dentro de mi cuarto con sus persianas cerradas en la que, casi como un acto involuntario, volví a dormir. 
   Lejos de acomodarse, las cosas se volvieron cada vez mas irregulares, cuando salté de la cama por despertar nuevamente en la misma tonalidad de penumbra y me paraeció escalofriante ya que tenia constancia que el tiempo había pasado. Me hallé desorientado y tomé el teléfono de la mesa de luz. 18:40. 
   Corrí a casa de mi amigo, saltando los charcos de una lluvia que jamás llegué a percibir, plenamente indistinto a todo lo que sucedió, podría decir olvidado del ser acuoso y de las horas de irregularidad del sueño. Corrí por la ciudad vieja, literalmente. Sin saber bien por que, me agobiaba el apuro por ver a mi amigo o tal vez por salir de mi casa. Llegué a la puerta del antiguo edificio de apartamentos de la calle sarandí y toqué el timbre del 301. La voz de mi amigo como un crujido ancestral preguntó quien era a traves  del portero electrico y en menos de un minuto estaba yo ingresando a su hogar, con las manos heladas y el corazón acelerado. Me invitó a tomar asiento y ambos ocupamos lugares opuestos en la antigua mesa de lapacho que su padre le había regalado cuando se mudó solo, allá por el año 1998, al mismo apartamento del tercer piso en el que estábamos ahora trabando una charla algo trancada. Algo nos sucedía pero ni él ni yo soltábamos prenda acerca del motivo de nuestra inusual conducta. Mi amigo se levantó de pronto y fue hasta la cocina. Trajo un paquete con un budín de chocolate cuya apariencia era polvorienta e insospechada, temí que la conservara desde las nacida des, lo que me resultó inapropiado en mi colega, ya que sus hábitos siempre se han distinguido por la pulcritud y su orden. Lo puso sobre la mesa de una forma que lo hizo ver más fuera de contexto todavía. Yo miraba el suelo e intercalaba por entre las cortinas, con la vista sobre la peatonal sarandí. Mi amigo simuló buscar algo en su biblioteca con aire desinteresado. Ninguno hablaba. Al final puso un disco. El emperador, de Beethoven. 
   Logramos sentarnos y distendernos aun sin intercambiar diálogo alguno. El budín permanecía inmóvil y como olvidado sobre la mesa. La música llenaba entonces el aire con estilizada belleza y el piano amaba rudamente a la exuberante orquesta. Afuera parecía haber comenzado a llover. El cielo estaba oscurecido. 
   La casa de mi colega era especial en sus olores. Incluso antes de enviudecer, el apartamento resumaba ciertas fragancias leves, producto de su metódica existencia y sus higiénicos hábitos. Cada ambiente del amplio apartamento regalaba un matiz distinto del mismo perfume, que en realidad era la suma exacta de cada una de las cosas que el doctor tenía en su casa. Pasaron ya casi 15 años desde la época en que nos conocimos, cuando coincidimos en las primeras clínicas y trabamos una solida amistad, y los suaves matices de aroma propios de este hogar, siempre han despertado en mi una mezcla de solemnidad y distancia, fundada en la inalterabilidad de los mismos. Por eso sentí un espanto repentino cuando pase al baño y me dispuse a orinar... No lo capté inmediatamente, pero cúa do llevé las manos a la zona baja el penetrante olor de mar revuelto me abofeteó estremeciendome. 

viernes, julio 28, 2017

historia de Valentín Fonseca (parte 1)


  •    Parece normal ahora, pero no lo es y hasta yo mismo puedo advertirlo. Incluso aunque mi concepto de normalidad diste mucho del suyo estimado lector o lectora, reconozco que estas experiencias, de las que voy a dejar constancia en el presente texto, escapan por completo a cualquier intento de digestión intelectual guiado por el sentido común. Ha pasado más de un mes desde la primer instancia, de la que guardo un estremecedor recuerdo y cuya singularidad me causó en ese momento, un terror paralizante que me impidió hasta ahora, intentar compartir con el mundo lo sobrenatural de los inusuales acontecimientos. 
  •  Era un martes gélido aunque soleado de principios del invierno y me hallaba yo en casa de mi mejor amigo , convidado por este a tomar unos mates y conversar de nuestras pasiones. Después de un buen cuarto de hora de conversaciones terrenales, mi amigo me invitó a que aprontase el mate. El frío dentro del apartamento era a esa horas, próximas al ocaso, como una presencia incómoda y dolorosa que a cada minuto se volvía más intensa. De modo que fui a la cocina y abrí la jarra eléctrica con el propósito de llenarla con agua para la infusión, desde la sala mi amigo me avisó que en el termo aun quedaba algo de agua y que la reutilice. Nada pudo prevenir a mi tranquila psiquis de lo que estaba por suceder, abrí el termo y cuando volqué su contenido dentro de la jarra pude distinguirlo con aterradora claridad: un cuerpo de agua sólida. Dentro del flujo que vertía en la jarra, un cuerpo informe y de apariencia casi gelatinosa se camuflaba con el agua y se perdió dentro de la jarra sin emitir sonido alguno. Fue tan clara y sustancial su presencia que ahogué un grito de sorprendido espanto dentro de mi boca y soltando ambos implementos di dos pasos hacia atrás. En ese momento me vi en la disyuntiva sobre si contarle o no a mi amigo acerca de lo que acababa de atestiguar y si bien la imagen no dejaba lugar a dudas sobre su aterradora realidad, decidí no compartirla, ya que por supuesto, cuando revisé dentro del aparato, no lo volví a ver. Me sentí pálido por unos segundos, hasta recuerdo haberme mareado un poco. Sin embargo toda sensación de molestia se desvaneció de pronto y en 15 segundos su impacto fue naturalizado en mí a tal punto que proseguí con la tarea que me habían encomendado y puse el agua a hervir e hirvió y tomamos mate y comimos pan con dulce de membrillo sin ninguna intervención ni del cuerpo misterioso ni de su recuerdo en mi cabeza. 
  •    Esa noche, ya en mi propio apartamento, maltratado por el frío del camino, tuve ganas de preparar un té para llevarme a la cama y realicé el procedimiento con absoluta cautela pero finalmente sin ningún tipo de sorpresas, así que descarté lo sucedido en casa de mi amigo y me fui a la cama con total tranquilidad. Caí dormido casi de forma automática tras haberme terminado el té e ingresé al mundo de los sueños promovido por un cansancio físico algo extraño para mis habituales noches de soledad. Eran poco antes de las diez y media de la noche. 
  •     El día siguiente se desarrolló con regularidad hasta poco antes de las seis de la tarde, cuando me hallaba apostado en el balcón mirando al sol sumergirse en las violáceas aguas del poniente invernal. Fue entonces que el recuerdo vívido del sueño me asaltó con despiadada claridad. Había soñado que estaba sentado al cordón de la vereda en una calle absolutamente familiar y que bajo mis pies corría un agua verdosa y pestilente y que me estaba humedeciendo los bordes del calzado, entonces me paré de un salto y fijé toda mi atención en mis pies, un poco molesto por no haberme dado cuenta de donde los había puesto. La molestia cesó y en su lugar surgió una honda sensación de curiosidad al ver como el minúsculo caudal de agua podrida se convertía en un delgado riachuelo de aguas cristalinas y el entorno trasmutaba de urbano a agreste con esa naturalidad que solo en los sueños sucede sin ocasionar profundos sobresaltos. El cielo era inmenso sobre mí y reinaba el silencio apenas perturbado por el fluir del agua. Me invadió una calma inusitada y me centré en la contemplación de la nueva escena, pero apenas se restableció la continuidad de mi percepción pude distinguir frente a mis ojos, en medio de la tenue corriente, un cuerpo sólido que parecía flotar delante de mí, se trataba de la misma materia acuosa que habitaba en el termo.En el acto lo asocié con la insolita experiencia en la vigilia durante el día y sentí una especie de curioso cariño por aquello que claramente había vuelto a mi encuentro dentro del sueño. De modo que me tendí en la fresca grama de la orilla y me dispuse a mirarlo con detenimiento, intentando, de algún modo, entablar una comunicación con el cuerpo que en ese instante se me antojó no solo vivo y consciente de sí mismo, sino amigable y más aún, ansioso por tener un contacto conmigo. Fue en ese momento que miré hacia abajo y me di cuenta que mi ser carecía de sustancia, es decir, al enfocar mi vista en el suelo, en lugar de mi cuerpo y mis pies, solo pude ver el mullido césped siendo apenas acariciado por una brisa delicada. Al volver a dirigir mi mirada al agua y al extraño ser que en ella parecía flotar, el agreste paisaje se disolvió de la nada y quedé entonces como entumecido en una infinita penumbra de gris rojizo, donde un ululante zumbido presidía el aire y dentro del cual, y frente a mí, a unos dos o tres metros, este fascinante ser acuoso me miraba. Digo miraba porque sin un ápice de dudas pude sentir el peso sobrenatural de su mirada, aun cuando carecía de ojos y de cualquier otra característica organica, hundiéndose en algún lugar indefinido de mi pecho, tocandome con una vibración muy grave, portadora de la seriedad impersonal de los siglos infinitos, sentí su afán por comunicarse conmigo y lo sentí con la profundidad de su remota personalidad. Aquel cuerpo liquido pero mágicamente encapsulado, estaba ahí, había venido desde alguna remota gruta de la inmensidad a comunicarse conmigo. 
  •   Una singular variedad de emociones me recorrió como un estampido y desperté con el sonido de la alarma del celular, sin recordar absolutamente nada del sueño hasta la tarde, cuando después de atender a mis obligaciones diarias, el recuerdo de las opresivas sensaciones padecidas, asestó en mi  ánimo un golpe devastador. 
  •    Se había puesto ya el sol, junio era una marmita de denso gris y el viento capitaneaba las esquinas de la aduana, donde la gente ya había dejado de transitar. 
  •    Esa noche me costó muchísimo caer dormido y recuerdo con cierta difusión que hebras sueltas de sueños sin sentido pero muy intensos, se entretejían con una molesta vigilia en la que parecía siempre estar despierto. Miré miles de veces mi reloj de pulsera y si bien conciliaba el sueño de forma breve, la parte vigilante de mi ser parecía no darse cuenta que cada breves intervalos se sumía en ensoñaciones fugaces pero puntualmente intensas. Advertí desde el inicio que estas experiencias no solo serian complejas de entender si nos guiamos solo por la común racionalidad y nuestras facultades de uso frecuente, sino que además serían aún mas complejas de narrar por su inusual ascendencia en la totalidad de mi propia psique.

lunes, julio 24, 2017

canción de nada

Sacar la jugada
En su tiempo
Previa a cristalizar
Noches de ajenjo

Luna vil cristal
Llena de viento
Nacerá al cantar
Un pensamiento

Ramos de caricias
En la calle del arrabal
Se asustan las culpas
Y es un santuario
Ese lupanar

Quedan por las veredas 
Todas las noched
De una ciudad

Murga melancolía 
Rincón vacío 
Y otro soñar

Cada cual ante el mundo
Con sus conjuros 
Tras las cortinas
Despertará

Baila en la madrugada
Con sus poderes 
Regresará

Maleficio de amor
Una flor
Asediada de olvido 
En el barrio dormido
En cada azucena
Una casa vieja
Para cantar


jueves, julio 20, 2017

uno mgtow

Entonces 
La neblina de rosas se disipa
Por un instante amargo 
Y sale a la luz
La inflexibilidad de su hipergamia
Me choco contra el ardor
Se ser un perdedor
Y acabo por entender
Los vericuetos de su mente
Donde la hora del amor
Ya pasó
Y resta la búsqueda de proveedor
Y mesetear los sueños de suburbio
Y hogar lleno de cositas bellas
Ya nos es hora de amar como locos
Solo aceptar
Lo que ese libro demanda
La estabilidad sin dolor
La risa de nylon
El abrazo frío
Y la lluvia en fotos
Que ya pasaron

El tiempo nos jugó una mala pasada
Que pena...
Mi amor. 

martes, julio 18, 2017

ya no es la luna

Le estoy hablando a una muerta
Le estoy hablando a un olvido
Difrazado de lejano demonio
En los harapos de la noche
Le estoy hablando a tres recuerdos

Y me canso, me agoto, me muero
Una, diez, cien mil veces 
Con pruebas falsas y testigos de amnesia
Le estoy hablando a un espejo
Que no devuelve la imagen 

Solo puedo imaginarla
Y no quiero, ya no quiero
"Pobre hombre" dirá ella
Y no dedicará un pensamiento más
Mientras yo le hablo
Y nadie responde nunca. 

Porque tal vez no hay más respuesta 
Tal vez no quedan palabras
En el bodegón moribundo
De tantas idas y vueltas 
Al rededor del tiempo

Flotaré, con suerte, en la noche
En la infinita densidad de su ausencia
Voy a aguantarme como una boya
Anclada en el lecho de un amor
Que no encontró desagüe

Y le seguiré hablando a su tumba
En esta viudez romántica
En este apocalipsis programado
Donde el dolor ya no es dulce 
Y la luna ya no es mas la Luna 

lunes, julio 17, 2017

otro cuervo

Cargar en la espalda
Las luces del día
Sentir que nada pasa
Que el tiempo muere
Que no hay momento
En que no desee
Haber dormido con vos
Aquella noche

Herido y mal barajado
Leí viejos correos
En mi afán de monstruo
Tu letra llorada
Mis manos temblor
Y el universo falso
Que me quedó

Función tras función
Se agotan los personajes

Grita un reloj como un cuervo
Y este poema es una mierda 

sábado, julio 15, 2017

razones

Por eso desastre en hora turbia
Por eso derrame y síncope
Pluma y león, sangre y arroz
Por eso inercia en hora de espantapájaros

Viajar por azul hacia el carbón
Amanecer de peces voladores
Por eso ritual de descamarse
Lentitud en el cónclave
Horas de absurda meditación
Y un paraje angosto
Donde no caben mis suspiros

Salgo al sábado sombrío
Y debajo de un charco esta la vida
Y atrás del oleaje 
El río de la plata.

Por eso adobo licensioso
Por eso urgencia y caos
Ritmo de ardor reptante
Alucinación cobarde
Y azucenas asfixiadas
Desmayadas en tu balcón

Aquella noche de febrero
Sigue latiendo allí
Por eso te escribo...

V

viernes, julio 14, 2017

cielo del licor

(Post 1200 de BDLM)

Canción de vereda
Volver al balcón
Mis ojos antiguos
Resecos de vos

Por qué pesa tanto
Si ya no hay nada 
Por qué me repito
Hasta el amanecer 

Ver a los amigos 
Y en su abrazo 
Ser, otra vez 
Primo en el cielo del licor

Andar el invierno
Con murga en los labios
Y el corazón que hiberna
Roto y bohemio 

miércoles, julio 12, 2017

paisaje húmedo

Dan las once
Y la miel llena de tierra
Canta para adentro
Silencio de quién sabe cuándo

La luna tiene fiebre amarilla
Y acá abajo todo carece de sustancia
Nos quedamos los ensoñadores
Con la plaza de la melancolía

Recuerdo ser un demonio
Recuerdo ser un cuervo
Recuerdo ser un sátiro sin límites
En la pesadumbre infinita

Se me ha ido la semana
Mirando álbumes viejos
Donde la luz era deliciosa
Y no ésta pasta insípida 

Flotan mis estrofas
En charcos de baba seca 
Un caballo galopa por la arena 
Y chillan los frenos de un taxi

En la esquina ...

martes, julio 11, 2017

de tanto reptar

Encontrar los sapos
Y decir vomito
Decir interminable hemorragia
Bajo el viejo careado
Odiarte a veces 
En platos de comida 
En ómnibus vacíos
Y ensayos lanchosos

No encontrarte y volver a odiarte
Con la boca llena de rituales
Frutas podridas y carroña
Todavía sin formular 

No encontrarte 
Y querer perderme 
En cielos verdes
En grutas húmedas
Sin señales
Sin música
Ni después

Vagar sin descanso
En un ensueño sin puertas
Cuando canto
Cuando te grito
Poseído de desencanto
Entre dientes
Cagado de vino
Encharcado en bilis

Pateando la basura
Que dejaste poblando mi alma
Mi amor podrido 
Por no poder dartelos
Por guardarme en los bolsillos
Llenos de tabaco

Cuando no te encuentro
Y me duelen las tripas
Se me llena el esternón
De un chiflido de cólera
Una virulencia de disentería
Que encuentra la tierra
En la miseria más tierna del corazón 
Y en las calles vacías
Bajo la luna llena

yo solo

Quién te diga que el mar
Con sus dos alas partidas
No traiga una noche de fiesta
La dolorosa armonía del abrazo.
Esa liberación jamás definitiva
Que en su fugacidad 
Fue inagotable guirnalda de pasiones.

Quién te diga que agosto
Reviva su sabor de reencuentro
Bajo los escupitajos tristes
De las estrellas del invierno
Y de nuevo coliseo
De nuevo ardor celestial 
Y madre desconcierto
En los entretelones del frío

Pasará de moda este olvido
Alguna vez
Tal vez 
Acaso exista una verdad 
Más allá de su silencio
Tal vez la sangre deje de ser destierro
Y los susurros del perdón 
Cobren inusitada dominancia
Sobre los demonios
Y esas estúpidas promesas 
De anochecer definitivo
Que me hizo en esa noche de calor.
Cuando nadie pudo respirar

Perdió sentido mi lecho
Porque ya no busco con nadie 
Satisfacer o suplantar
Lo que a mi diosa coronada
He sacrificado

Entonces yo sólo
Como siempre
Frente a su retrato borroneado
Como un súbdito de lo que jamas fue
Esperando el tiempo eterno
A que algún día ...
Acaso alcance mi tiempo
Para morir de amor.



domingo, julio 09, 2017

esa respuesta imposible

Mañana cuando leas
Vas a encontrar los versos
Que vistieron mi madrugada
Como un asedio de luces
En medio de un mar de sombra

El día rodará con suerte.
Otro día de esta vida
Sin nosotros.
La luz se recurrirá
Por las rendijas
Y las sonrisas serán de asfalto
Cuando ya sea mañana
Y vos me leas

Liviana en tu destierro de mis manos
Loca en mi imaginación de navegante herido
Llena de viento y de luna
Llena de encantos 
Que no llegan a mi orilla
Vas a amanecer
Y con el café con leche
Van a naufragar los besos que te di

Mañana cuando me leas 
Mañana...

incompleto

Nace un jacinto
Bajo el soplo de la lluvia

Siempre es lo mismo cuando no estas
Viajo en mi cuerpo
Con una confesión de amor
Que no se deja atar por mis versos

Evaporada y ausente
Como un gato
O una luna
Que el tiempo
No pudo borrar de los ojos

Domingo de ventanas
Y perfumes tenaces
Que no ceden a la súplica
De un alma que callada
Tiembla de melancolía

La murga me abrazará
Y yo a ella
Como un sueño
Apenas incompleto

sábado, julio 08, 2017

tatuaje

No hay un alma
Son las ocho de la noche
Y no hay un alma
Rebota el silencio
En los pisos
Vuela una burla
Y no hay un alma

Ni siquiera los tambores
Con su punzante dolencia
Quiebran la quietud de la aduana
Sale la luna
Pero nadie la ve
Porque no hay un alma 

Pedacito de canción
Acunando al cielo 
Fumando lento
Hasta la última pregunta 

convicción

Si el mediodía asesina
Y la tierra mojada 
Espanta los ojos 

Si la luna sangrante
Se acerca llorando
Y reza oscuros cerdos

Yo voy a seguir
Escribiendo

Porque el tiempo
Porque la suerte
Porque el dolor
Porque mi mente

En el crisol del alba
Se parten las luces viejas

En la mañana de la escarcha
La lluvia limpiará mis ojos

viernes, julio 07, 2017

para aquellos puentes

Así las cosas
Enmascarar con risas
Llantos de densa oscuridad
Y devolverle al silencio
Un silencio aún peor
Lleno de urgencias...

En la escalera gentil de la guitarra
Palidece la noche 
Y afuera la lluvia
Es otro ágil milagro
De la pesadumbre
Sin limites. 

Lejos alguien prende un farol
Pero todo lo que brilla
Es ausencia y rumor
Muere la sustancia
En las grietas del abandono
Y letra a letra
Deconstruimos el tiempo.

Va llegar un punto
En que solo la helada
Acariciará los rosales
Cuando en el cielo
 No brillen más estrellas
Ni canten las madres 
Sobre la triste mueca de los puentes 

jueves, julio 06, 2017

dolores

El tiempo flotaba impávido
En los patios centenarios
Con un despliegue como de alas
Bajo el arrullo del aire 
cerca de la lluvia
La luz de ceniza
La sombra clara
Mi corazón de gorrión
Anidado en mi pecho
Temeroso del adiós
Roído de intrigas

Y hoy abrí los ojos
Al día del amor trunco
De rebote su foto de perfil
Me dejó vacío
Nuevamente
En un laberinto de besos
Perdidos
Hasta la disolución.

martes, julio 04, 2017

incendio en silencio

Nadie oirá al ciego
Ni atenderán al sediento
Ni besarán al muerto

La tierra con su luna
El mar con su dolor

A la zozobra vamos
Desde el naufragio
Y así, al revés 
Hasta nacer de nuevo
En otro carnaval de sangre 

Cuando cae el ocaso
Y vuelve a reinar mi niñez
En las veredas de la aduana
Yo ya no soy yo
Y la noche tiene la voz del tiempo

Ya pasará
Espejismo innoble
Del mundo de mis sueños

Ya volveré
Desde el silencio
Que aniquila el aire que respiro
Volveré a creer
Cuando su foto se vacíe 
De mis lágrimas 

lunes, julio 03, 2017

de una muerte

La frialdad de una gaviota
Corta la ventana
Y su sombra sobre el parqué
Dejó enmudecida a mi alma

Sueño que estoy preso
Sueño que voy a una casa
Y siempre es el amanecer
De un sol imposible

Ómnibus como truenos
Cátedras de dolor
Donde se gradúa el espíritu
Mar diferente al cielo
Igual a un abismo
Lejos de las manos

Un clavel de vidrio
Amenazado por relojes
Que vuelan en círculo
Como buitres prehistóricos
Soplados por la muerte 

sábado, julio 01, 2017

carta de sábado frío

Qué me queda de la ráfaga fulminante de tus besos. Qué es lo que insistentemente se va acopiando dentro de mis versos cuando es sábado y ensaya la comparsa y estoy a dos latidos acelerados de ir a verte bailar pérdida en la inmensa distancia de tu sonrisa, pero me dejo llenar del mismo desamor, me dejo ir hacia el agotamiento de resignarme a perderte, tantaleando en la penumbra de sospechar que jamas te tuve. Algún día quedará este blog lleno del fantasma de mi terco amor y los versos desangrados serán lo único que atestigüen que existí. Mi huella será el poder haberme contenido de correr a tu abrazo y en el horizonte de tus ojos, voy a ser solo un recuerdo confuso, una engañosa tempestad de zarpazos y delirios lanzados a la nada. Entonces las palabras se descolgarán de las paredes y podrá ser finalmente domingo después de todo, en un tiempo de verdes atardeceres donde acaso solo la calle brandsen sabrá cuánto te amé.

viernes, junio 30, 2017

postal de camelot

Y la luna rapaz
En arcones llenos de nada
Y el sol 
Condenado
En días como muecas
Doblan las campanas
Y la luna rapaz
Y el sol condenado

Nadie molesta la tumba
Donde no hay más flores
Que recuerdos
Ni más lágrimas
Que nuestras risas
Borroneadas

Mal día para Merlín
Persiguiendo lluvias
Por la madrugada
Estudiando huellas de cascos
Al abrigo de los cipreses
Centenarios

mil excusas

Aunque no haya nadie
Aunque la avenida ni se inmute
Aunque no venga el bus
Aunque calle la murga
Herida en el costado 
Aunque duela el silencio
Sangrante y derrotado
Aunque ese sol se aleje
Perdido en desamor
Aunque bla bla y glu glu
Aunque con altiva dignidad
Te niegues a encararme
Yo y vos
Luna y sol
Noche y vereda

miércoles, junio 28, 2017

contrafuga

Mi secreto
Mi duelo
Todas las hojas
De los árboles azules
Todo el polvo rojo
Del ocaso

Se compone una postal
De lágrimas y sombras
Donde las iguanas
Y murciélagos
Muerden espejos vacíos

Pulso eléctrico
Para calaveras
Manantial y arrullos
En esta noche incierta

Va y se va
Hacia la fractura
Hacia el humo rendido
Hacia el vendaval perpetuo
De un patio descolorido

martes, junio 27, 2017

otro regalo

Tararear en la cornisa
Una canción de amnesia
Un sueño 
Un gualicho de olvidar
Apretado en las manos

No se agotan mis regalos
Siempre quedan versos
Para la princesa perdida
Y la lluviecita de junio
Lo sabe

Pero no por eso
Existe una alquimia
O una redención
Que aplaque oscuridad de dragones

La playa seguirá siempre ahí
Sin nosotros
Sin nadie
Remota y distinta
Bajo las estrellas
Y el insistente
Romperse de vidrios

Siempre es adios
Siempre es me voy
Siempre es nunca mas
Y los corazones
Como edificios viejos
Dolerán al amanecer


sábado, junio 24, 2017

La ciénaga

Muladar de desgracia
Donde duermen mis manos
En transitorias sinfonías
De vaga quietud
Con dolor de perro
Y venas heladas
Por despedidas
Interminables.

El ámbito que contiene
Todos los perfumes
De esta noche flor
Es un diáfano estanque
De pelusa y serrín callado
Un aburrido espejismo sin sabor
Del sueño que nos vio nacer

Por la esquina desierta
Un caballo de humo y sombras 
Es la claridad del collar de perlas 
De su boca
Y no un ladrillo
Ni mi sonrisa

Recuerdo insomne
Su mirada en mis ojos
Después de surcarme el pecho
Cuando humedamente
Murió redonda y rendida
Fuera de toda explicación

Rumor agrio bajo la lengua
Espiral donde la espero
Altar antiguo en desvelos
Noches de bodega interminable
Tras las que apenas me conozco

Luz para los heridos
O inmensidad a los valientes
Dentro de mi sangre
Destellan soles azules
Y margaritas acuosas
Que dicen una y cien veces
Su nombre

Nace el sol
Y rueda quieto el día
Con su baba sepia
Salpicando mi ventana
De letras y dolores

La luna multiplicada
Bajo el canto del hacha
Nube de amanecer
Relajo subterráneo que acusa
Laberintos mosqueados
Libros y tormentos
Lirios y toda clase de puñales
Donde el aire cuaja
Y se vencen las muñecas

Me agaché a intentar rezar
Entre la tos y los balcones
Grité para mis adentros
Infinidad de repeticiones
De una jugada inadmisible
Y mi soledad siempre sonriente
Me desholla sin aplausos
Después de acostarme

Soy un hotel
Un gato podrido de amor gigante
Un bar clausurado
Una monja de caridad
Con todo y mis votos de silencio
Cantando murga 
Hasta desangrarme
Por la mala hora donde busco
Entre las medias y los lentes
Entre la bilis y las estrellas
Un rastro de ternura perdida
O un manantial de sosiego
Donde brillen relojes y baterías
Hasta el mediodía
Por lo menos...

domingo, junio 11, 2017

Tensión y sueño con frío

Viajero de escudo y espada
Va en su concentración
Hacia caudales secretos
Con los ojos de su antorcha
Por sombríos paisajes
Con sus alas negras
Hacia el silencio
Hacia el reparo
Bajo la inmensidad del cielo
Marcha...

En la otra antena
Conversan cucarachas
Gusanos de seda
Silban a la luz del día
El tebolar enmudecido
Acusa manos laboriosas
Y olvidos de otra vida
Tras naufragios y telarañas

Yo en el medio
Yo en la orilla
De todas las tormentas
Yo en medio
De todos los lagos
Y de todas las vacas

El tiempo busca matar las estrellas
Y no piensa dar explicaciones
De su alquimia de polvo
Ni de su fraudulento vaivén
Mientras exista una voz suplicante
Que la cinche con urgencia
Detras de plegarias y rezos
O puteadas y empujones
Da lo mismo.


sábado, junio 10, 2017

Las ciudades guardan penas

Pasa
Va pasando
Con luna helada
Y jengibre

Espiral del reloj
Vieja radio jazz de madrugada
Habla conmigo
Por las sombras del saxo
Que a su libertad emerge
Con saltos de animal demasiado vivo

Allá últimas
Allá acabadas
Primaveras eléctricas
Con sus luces y sus garras
Siervas del pasado
Y su Reino de opresión

Hoy recordé 
Una vieja canción de sirenas
Que en el doblez de mi sangre
Ganó patios y besos cigarro
Por los corredores
De un liceo interminable

Pero
Ayer soy...

En congelamiento
Vertical horizonte
De licores mordidos
Por estrellas

Cuidado en los bares
Plenos de anguilas y morenas
Ella es sueño de eternidad
Y yo su perverso payaso

Búsqueda de un fuego
Gritos amables de niños invisibles
Canción que agujerea la ciudad
Y pone las calles boca arriba
En medio de algún loco sueño
Donde la tarde no sea un coñac
Casi demasiado amargo
Como ahora

Anoche canté fuera de mi noche
Esta noche soy yo la noche
Quien escribe pidiendo sus ojos
Para suspender el pánico
Y besar sus manos
Otra vez...

La noche me fuma
Me consume en mil humos
Horrores silenciosos
Para los que no tengo versos
Me escriben en la cama
Deshabitandome
Lenta y dolorosamente

Por qué habría de ir
Al sueño ausente
De su realidad
Insistiendo en morir

Por qué sigo queriendo
Fracturas y sangres
Habidas de su sanatorio
Su fragil profundidad
Si fue su cruel instinto de supervivencia
Lo que la condujo a este error

viernes, junio 09, 2017

Desde mi banco de plaza

Vuelvo a vibrar
Si arde el eco de tu silencio
Incendio forestal
En cada palmo de mi piel

Pienso en recorrerte
Y reconocerte
Tras tu fatídico temblor
De musa.

Volver a verte correr
En la herida de otro adios
Jugar de nuevo
A la última trasnochada.

Como el Día Cero.

jueves, junio 08, 2017

Si tendré resto todavía

Se secan los arbustos
A los pies del reloj
Calavera de polvo
Negra mariposa
Que agita sus cenizas
Tras el velo del ocaso

De la boca del desprecio
Caen dientes, uñas, pelo
Bestia antigua
De fulminante deseo
Se ahoracará 
Sin remordimiento

En mi aldea el tiempo es blando
Los caballos y las vacas
Orbitan despacio
Lunas brasileras

Vanidosas entidades de llanto
En sus tronos como cometas
Son hologramas
Imposibilidades
Y lejanos canteros
Con flores amarillas

Más allá de la sierra
Más allá del otro sendero
El cielo dice adiós
El mar abre sus fauces

Grita intrépido
El Halcón de pólvora
Que anquila quietudes
Y mansedumbres

Teléfono en silencio
Luna tartamuda de junio
Trepada a los pretiles
Fundiendo plata y estaño
En perfiles de marfil
Y su cabello ...

Se atavia la madrugada
Con pañuelos de colores
Derretida la corteza del hielo
Las serpientes sin cuero
Asomarán la cabeza
Y un dulce veneno
Querrá ganarle los colmillos

Y qué me importa ahora
Que todo sea glúten
Que todo sea baba y pelusa
Grumo y cebolla
Para que nada me alcance
Cuando vuelan murciélagos
Entre las mil poleas de mi boca

No adoro ya al reptil
Ni a la grulla cadenciosa
Ni a la altitud altanera de la luna
Solo soy un parral entreverado
Solo una bacanal de palabras
En subita rigidez irreprochable
Acaparando la duda
En ritual serenidad de estática

Fuera de mi árbol !!!
Condena atroz de una bruja del alba
Fuera de mi boca !!!
Perfume cruel de su unica lágrima
Noche de abrazo
Fiebre mortal de caricias
Dejenme en mi bodega !!!
Dejenme en mi implosión
Acallen, eso si, a las sirenas
Maten por amor a sus nubes viejas
Y olvidense de mis cárceles abiertas
Hasta nuevo aviso

No merodeen la angustia
Inoculando de amnesia
Las negras azucenas 
Y los balcones verdes

Yo voy a poner piedra sobre piedra
En mi altar de calaveras y flores
Voy desenredar las arañas
A volverlas gatos transparentes
A desentender el dolor del lenguaje
Para hacer luz de la tormenta
Para alejar a los avidos de entendimiento
De mis playas sin forma
De mi alegría gris de goma
Alejaré al que persigue
La secuencia de linealidades
Usando el collar de resplandor
Que amarra el cielo degollado

Mañana suturas juntarán orillas
Puntos de fuego
Sobre la nieve con sangre
Anillos y tempestades
Ferrocarriles y trompetas
En la tarde olvidada
Bajo la lluvia
Crisálida de otra promesa
Que nacerá a su vuelo
Tras abominable transformación

Y Victoria:
Ruedo para expertos
Muerte de mil viajeros
Mi corazón pandero de sangre
Rumor tambor 
Fobia de tu mano
Haciendo adios
Terror de que esto siga
Este asedio que me destripa
Esta eternidad
Llanto de perlas
En un burdel vacío

Victoria:
Tu nombre es sangre
Trueno y temblor
Asesino de mi soñar
Anhelo impostergable
De mi buen amor
Mis horas limpias
Que corriendo tras de ti
Hallaron silencio
Y momentos en donde te siento
Como nunca
Como siempre...

Victoria.

miércoles, junio 07, 2017

Hecho con los jirones que dejamos

Al sur del atardecer
Arde tu sombra lejana
En el mismo escape fabuloso
De siempre
Siento que te despedís

Nos hablo
Nos recuerdo vivos
Tomados de la mano
Aquella vez que abriste 
La ventana

O allá en la Unión
O en las 3 a.m. del chulo
O en las hamacas
Hablando de Colombia
O bajo la palmera
Del primer domingo

Ahora puedo decir miedo
Naturalmente
Miedo a no volver a tu balcón
A no encontrar más
Consuelo en tu mirada

Yo Volvería a reír
Y Brillaría la luna
Si el guardián de nuestra suerte
Abriese la cara de los dados
Si el corazón pudiese
Desgarrar la furia de esa noche
Su amarga decepción
Y existiese un abrazo ahora.

Cómo paro de vivir
Aquella mañana de enero
Cuando dormiste
En mí?

Cómo cuando 
Son las 6 de la mañana
Y yo sigo pensando en vos
Creyéndote
Siguiéndote con dolor
En tu aventura de descubrimiento
En tu obsecna mueca de desencanto

Trepados al camión
Se fue todo a la mierda
La noche aquella
En que debimos callarnos
Y en cambio bebimos 
Como demonios festivos
Y fuimos todo sangre necia
Todo pánico de asesinos
En negro fragor suicida

Pero los caminantes
Siempre pueden regresar
Despacio por la orilla
Temprano en la mañana

Aunque vos no me esperes
El día nos espera a ambos
Con latas y violetas
Con ventanas y botellas

Los versos visten el camino
De la estación perdida
En este invierno que nos dará caza
Tan lejanos y desconocidos
En nuestra intimidad
De viejos enemigos

Antiguos versos que al cantar
Devuelven a mi boca otra alegría
Recuerdo de nuestra bacanal
De la murga sol y la murga luna

Angosto vado en el rio del vino
Por donde se pierde Montevideo
Tras el final del carnaval
Y yo espero tu reencuentro
Aunque se van los días
Y parezca que solo habrán
Flacos racímos de noches
Sin nosotros

Se van tus besos
Y las trampas del destino
Doblegan su veneno
Pero sigue intacto
El perfume de tu pelo
En mi ciudad

Te invoco en mis manos
Reclamo en la voluntad de mis labios
Tu reaparición sonriente
Como el retorno de la muerte
A un renacer definitivo
Que vuelque ya más vida
Y que nos regale su luz
Por una vez no ensombrecida
Con feroces sabotajes

Temerosa humanidad
Que se pudre sola
En olivos como murallas
En nogales como ejercitos
Tras una noche púrpura
Donde exista lo imposible.