domingo, marzo 20, 2022

Pedacitos

 


En este momento el hombre olvida que es un muerto hablando con otros muertos. Los murciélagos recuerdan las araucarias de sombra espesa y su latidos profundos. Reaparece la grieta de luz en lo oscuro y ciertos retratos, agachados por el tiempo, pierden la solidez de su terrorífica prepotencia. Entre las múltiples ventanas apedreadas de éste barrio juegan tres sombras como las de Lovecraft, tienen en la voluntad tan sanguinaria como las fauces y jamás han descansado. Bajo el furioso batir de sus negras alas como de moscas,  nadie es capaz de acceder a descripciones validas el universo. Con el aparecer matutino de la luz y hasta el vespertino rumor del ocaso, el hombre habrá de soportar el peso de aquella nocturna perversión. La grieta habrá de no verse más porque todo será sol y cielo celeste, solo lejana noción de ciencia y de verdad, todo indisoluble realidad, hasta el atardecer, hasta el reinado forajido de una nueva luna.

martes, marzo 08, 2022

Ese nombre

 Existió en las venas distantes del tiempo, una noche en la que Sila era todavía jóven. Solo una o dos personas aquella madrugada de excesos sospecharon que aquel muchacho pelirrojo iba a escupir llamaradas sobre el Foro y se cagaría en la madre del tercer fundador de Roma. Esa noche el Aventino estaba precioso y Sila era todavía jóven. La pequeña Flavia, una hija feliz de la violenta cultura de la prostitución, se había perdido para siempre en los ojos del futuro dictador. Aquellos ojos grises, se posaron levemente en la piel de la joven mujer, la miró con la curiosidad que sienten en esos casos, las grandes personalidades de la historia. En una de las oleadas amargas del vino de la medianoche, Lucio Cornelio Sila pensó que el humano es una criatura de lo más apasionante. Desnudos entre otro montón de sueños torcidos, yacían repleto de un éxtasis casi religioso. Aquel momento recóndito de la madrugada recordó Lucio Cornelio Sila en batalla alguna vez. O retirado ya en su villa de Puteoli, el aire se le volvía Flavia y le todo era aquel Aventino justo antes de amanecer y nada jamás volvía. Sólo ese nombre y nada más. 

miércoles, marzo 02, 2022

El último Huey Tlatoani

 Pensaba hoy en los últimos momentos de Tenochtitlán. En aquellas calzadas heridas por el hierro de su último amanecer, en las famélicas miradas de la última madre, en la fragilidad última de su lago, en ese momento de silencio doloroso tras el cual, las huestes de Cortéz se reagrupaban como una sentencia inapelable. Tenochtitlán expugnada contra todo pronóstico por fuerzas tan iguales como increíblemente inesperadas. Todavía las cabezas de los caballos en picas sangrientas ostentaban una esperanza que entonces terminaba de desvanecerse. De pronto y a propósito quise evitar imaginar el sentir de Cuauhtémoc cuando comprendió que finalmente Huitzilopochtli, Quetzalcoatl y Tlaloc serían desde ese día, fantasmas desterrados y silenciosos del más temido los imperios. Quise, a propósito, evitar imaginar la humillación que sintió el último Huey Tlatoani al entender que los siempre subyugados tlaxcaltecas se habían aliado con los barbados de la cruz y los caballos, y que aquella alianza pondría fin al legado de gloria incalculable que ahora, con los pies quemados, comenzaba a ser únicamente una leyenda de perdedores inmensos. No quise adentrarme en la poderosa lección de humildad que recibió el último señor mexica al darse cuenta que moriría por el mismo dolor que su imperio había propagado hasta los confines del horizonte. No quise mesurar el orgullo y la vanidad del vencedor, ni su codicioso regocijo, ni la profundidad de su nombre en las tablas imborrables de la historia. 

martes, marzo 01, 2022

Vuelvo a decir

 Recién me doy cuenta que todavía no hablé de carnaval. Pero decir carnaval es decir todavía te quiero, es decir todo cambia siempre y todo permanece siendo una versión crisolada de aquello que una vez se insinuó detrás de las cuartetas de una retirada. Callar a veces es admitir nuestra fugacidad, es tener presente que una flor, un color y un amor casi siempre calan más que el puñal de obsidiana que solo sabe  de heridas y de adiós. Carnaval quiere decir cantarle a un balcón vacío, quiere decir serenata desahuciada entre jazmines y serpentinas pausadas junto al pie de un escenario. Carnaval es renacer siempre cantando, siempre sonriendo entre lagrimitas de cristal absurdo. Carnaval es callar la mitad de lo que grita el corazón, es repetir sin ser jamás igual. Un abrazo sin palabras que es todo ojos y manos que buscan alcanzar lo que se sabe que de pique está por fuera del concurso.