La venganza de la noche fue fatal,
No hubieron santos que acallaran el dolor.
Sitió la bruma una bahía de metal
Y un caserón se hizo cenizas frente al cerro.
Rugió el silencio con un súbito rigor
Fue cosechando telarañas en los techos.
Cuando amanezca se termina el carnaval
E ira apagándose en los ojos de los perros.
No hay más nada que decir,
Mis palabras se rindieron.
Quedó el reflejo de una mísera ilusión
Tras las noches que se fueron.
Flores de tinta se agotaron sin perdón
Nunca llegaron a la orilla de su puerto.
Y su mirada tan idéntica al amor
Siguió caminos que sin lágrimas huyeron.
El reloj empecinado en recordar
Hirió de nubes madrugadas y viveros.
Un vino lánguido que se fundió en el mar
Manchó su nombre y las ventanas de mis sueños