lunes, noviembre 20, 2017

Lo que pasa

Hoy imaginé tu piel. Tal vez no debí hacerlo, pero el color de viento de tus piernas acudió a mi mente, como una pequeña tormenta o como una ola demasiado cadualosa. La liquidez de la imagen fue definitiva y volví a suspirar mientras a penas me daba el aire para cantar. Roto, solitario y alérgico, hago lo que puedo para no tomarte en el acto. Pero después en el camino a casa recaigo y tu nombre surca mis labios como un encanto de ciudad. Pasan los edificios desvencijados, pasa una luna nueva, silenciosa e invisible, pasa el lunes también con todas sus muertes, pero en mi cama, con los huesos adoloridos, te vuelvo a pensar y hacia la madrugada marcho como frito, hacia un viejo amanecer de coral. Y no pasa nada.

Esas canciones

Las canciones caminan. Hacen un surco como de disco de vinílo donde se estaciona determinado tipo de polvo, o mejor dicho, cierto tipo de magia que nos arrea por nubes, perfumes, lugares o besos. Las canciones vuelan por adentro de uno y en su vuelo, dibujan ventanas en la sangre por donde se escucha el sol y la lluvia. Yo canto algunas muy seguido. Porque evoco los besos que traen entre sus pliegues, porque guardan todo el verano y todos los inviernos y además porque me gustan mucho. Lo cierto es que las canciones tienen su vida propia, que es a su vez, un entramado entre todas las vidas, migas del universo en una cadena de luz que trasciende los relojes. Por eso las canto, las vuelo y las camino, pero sobre todo las vivo, en plazas, veredas, blacones y escenarios. 

domingo, noviembre 19, 2017

Veinte vuelcos verdes

Noche mimbre
Cielo rapaz
Brisa y marisma
Grito de gaviota
Mascar su nombre
Padecer el agobio
De la certeza de mi sangre

Luna negra
Comunión
Cielo partido
Oigo el trajín portuario
El lamento de la maquinaria
Mientras la abrazo
Imaginariamente

Tiré muchos versos a la basura
En los días pasados
Gasté margaritas
En una estatua de vapor
Que va tras el negro
Redimí mis pasiones
Con palabras amables
Y nada sucedió
Siguió helado el infierno
Y yo en mi torre
Afiebrado y solo
Vi ponerse el sol de sus ojos

Llegó un correo
Que puso de espaldas a mi corazón
Una respuesta de nadie
Que me hizo más humano

Noche humo
Noche almendra
Noche pausa
Ceguera de mil caballos

Allí todo el mar
Acá el sueño
Las aceitunas calladas
Reposan entre penumbras

Quiere volcarse el café
Quiere explotar el deseo
Hacerse flor
Tras nubarrones de adiós
Y noches de borrachos

Solo desearía que me leyera
En la soledad de su vino
Y que juntara el coraje
De abrazarnos...

Breve del sueño

Hay un campo en los sueños, donde se agita un amarillo sin tregua, un lugar de molinos y serpientes, donde el viento es una materia diferente al viento que ahora se agita en mi ventana. Allí la luna no es jamás la luna y el cielo toma infinitas tonalidades según la capacidad del soñador. Yo recorro a veces los senderos, me arropa un gris lavado y hablo con personas que extraño o que veo a diario. Tengo entonces expresiones que habitualmente suprimiría y se velan en mis manos, tiempos paralelos. Hace mucho que no practico el vuelo, siendo que en una época lo había aprendido von detalle. Entonces me recuerdo, planeando o zumbando veredas, me recuerdo en canteras de estudiantes o en la calle Buenos Aires, un lunes al mediodía. Siento nostalgia... O acaso una melancolía que podría desbordarme, si al final de cuentas este cuerpo fuese tan solo un recipiente de esencias fugitivas y esta vida una misión de engorde que tiene como cometido enriquecer la materia oscura, ese vasto mar de conciencia en suspenso. Pero quién sabe...

viernes, noviembre 17, 2017

Escribir otra cosa

Quería escribir "artillería", aunque no tenga muy clara la razón, quería escribir fogata y trueno, almizcle y velocidad, escribir en el rollo de la noche, los esqueletos y su mirada. Me subí en un 148 para ir hacia la aduana y en realidad estoy yendo hacia otro encuentro con el tiempo, voy a favor de la lluvia, tarareando gemidos imposibles, remojando la luna nueva en deseos y arrebatos, voy queriendo escribir epopeya y tigre de Bengala, y en verdad escribo "te extraño" con una languidez de ruina y un ímpetu de manantial que desordena las estructuras con una risa suicida y un clamor de abrazos que, definitivamente, se filtra entre todas las palabras. Una muchacha en la parada se acomoda el pelo y toda la belleza del mundo la orbita como en una penitencia. Juegan los semáforos en la esquina y llevo el boleto en la mano. Por un momento me pareció ser un búho que apostado sobre un balcón centenario, quiere escribir "artillería" y no encuentra un lecho donde su vuelo halle serenidad. Entonces paro. Me paso una mano por la cara mal afeitada y reparo en la humedad de mis pantalones, entonces me recuerdo aquella noche de whisky interminable, también de lluvia, donde corrí a su abrazo mientras reía. Será que estoy buscando el estallido de mia pasiones, será que anhelo la batalla de su sexo sin cuartel, o será que mi sangre no se cura y busca el veneno delicioso de su mano con la mía. Entonces se me da por escribir alumbramiento, me sale caverna y promontorio, pero en realidad estoy hablando del perfume de su cuello. Capitula la noche ante el séquito de gotas transversales, se firman tratados a espaldas del reloj, se desabrochan incendios de corazones de fuga y yo voy a escribir alondra y milagro, para soñar acariciarte durante el último suspiro del tiempo. Ahora me doy cuenta que te hablo a vos, que le hablo a ella, a la del pelo como cascadas de azabache suspendias en mis recuerdos más ardientes. Entonces cambió las personas y ella es la que fue siempre, tan lejos de mis orillas, y yo seré otra vez artillería mientras le tiro otra bici a esta ausencia. 

miércoles, noviembre 15, 2017

El viento del Solis

Un vendedor de la noche pasa y grita: flotar!! Y yo en la cama, lo escucho mientras trueno mis miedos y me río. Porque apareciste en la mitad de la noche, saltando charcos, cuando yo me iba a mi casa convencido que es mejor no abrazar. Entonces Asunción. Entonces instancia y lugar, mirarnos los ojos y saber dónde estamos. Contarte que murió una bandada de petirrojos, después del último ocaso de mi corazón, que ya hace mucho que no busco regalar mi cuerpo a una sombra que eventualmente derrapó cerca, que si quiero algo, cuando lo tengo lo quiero más y no cómo se usa tanto, que cuando uno encuentra desecha y desprecia. La simplicidad... Abrir las ventanas, llorar delante de alguien, abrazar con la nariz pegada a la piel del otro y suspirar porque la vida es demasiado corta. Tenía que decirte que me gustas tanto, que te pienso tanto y que no voy a trabajar un recio infinito de nuevo porque aunque las panteras y las sierpes de otros albedríos me hallan dejado la piel llena de muertes, yo voy a querer vivir, siempre. Necesitaba esa afirmación con alas que es tu sonrisa. Teníamos que abrazarnos en el viento del Solis...

martes, noviembre 14, 2017

Partir de la noche

Fa! No. 

No quiero creer que solo una letra
Posada en una pantalla
Logre hacerme humo y deseo
Dejarme en brasa 
Resucitar mi poesía

Temor elevado a la máxima potencia
Veo sus ojos en mi insomnio
Siento sus besos en mi pecho
Y mi corazón tiembla con desespero

Fa! No. 

No estoy pudiendo dormir
Porque me fuí
Atrás de la primer madreselva
De su respuesta mesurada 
Me fuí Atrás del tiempo
Debajo de la razón
Donde una sonrisa hermosa
Hace castillos de fantasía
En mi dolor descubierto

Fa! Porfavor, dios.

Todas mis pirámides cedieron
El pecho se me oprimió
Y fueron solo 6 palabras.
Qué sería de mí, entonces
Si a mitad de primavera
Pudiera volver a abrazarla
Y andar la noche de su risa
Con las cometas de mis versos
Orbitando su cintura.

Porfavor!!!

Claramente sigue siendo
 reina de mis suspiros
Ahora ya ni puedo dormir
Solo desearla
Muero ininterrumpidamente
Por la recreación de su orgasmo 
Y sin querer
Me vuelve a estallar la piel.

Oh... No.