miércoles, agosto 01, 2018

Cantitos de murga

Hago mis propios muebles
Con alas de mosca
Y lágrimas como pedregullo

El cielo catástrofe
Agujereado por la luna
Se tiñe con mis dedos
Negros de olvido

Allá en el verano
Todo era la noche
Y el sudor
Perlaba las manos

Había un carnaval
Una correspondencia
Igual que una sonrisa
Escalaba relojes decapitados

Sube la marea del silencio
Los jardines y ventanas
Se inundan con mi arrogancia

Las flores hundidas en miradas
Se preparan para un cine
Sin público presente


lunes, julio 30, 2018

Un poco magra

Y justo en medio del barro, apareció la luz fría. El sol de azafrán lejano que tan poco tira, apareció a la mañana como un regalo para los jardines destruídos y los balcones astillados. Mi alma vagó siempre al borde del sueño mientras duró el celeste arriba. Me hallé desconcertado sin la lluvia acaparadora, no entendía porqué en mis venas seguían croando las ranas y escondida la luna, si los edificios suspiraban aliviados, con un aliento de gratitud colgando para afuera en forma de medias y de fundas. Me pica de forma insistente la cicatriz que tanto atesoré, mientras los ojos, secos ahora, se dejan apoderar por la enjuagada inmensidad del presente. Alguien que quiero va a viajar. Alguien que apenas olvido, me recuerda al pasar. Los que desconozco ni siquiera me ven remontar la peatonal Sarandí. Noto que tengo en la carne, el estremecimiento que me dejó una murga al marcharse. Los que extraño irremediablemente, desde su cementerio, se aparecen vivos en mis sueños. Y todavia falta agosto. 

jueves, julio 26, 2018

Otra excusa

Otra vez solo en la noche, buscando la suerte que otro perdió y encontrando a penas charcos, pequeños paraísos de miseria y soledad. Otra vez con una carta de estúpido amor en el borde de los dedos. Otra vez un ómnibus vacío, que embalando en la lluvia me devuelve al castillo. Padecí hace muy poco, un asalto de terror a la muerte, que apretó contra mis ojos, un velo de pesimismo y melancolía. Todavía y con lo poco que me quedó, busco una excusa para reír, para cantar, para seguir.

miércoles, julio 25, 2018

Instrucciones para no morir de pena

 Qué tema la pena, no? Acá en el CA1 a Tres Cruces, por ejemplo, es una materia omnisciente. Cómo, que exagero? Me quedo corto, señora. Ni siquiera si tuviese la volutad (atributo cuya falta, engrosa sustancialmente la ta abundante pena) de transcribir en este artículo, la charla que se desarrolla en el asiento trasero, o el gris supremo de helada llovizna que aprieta la ciudad, estrangulàndola; o la voz aguardentosa de la vieja teñida de rubio que manda audios de whatsapp con su boca brillante de saliva, pegada contra el vidrio del celular, convencida que es la pantalla y no el micrófono el que la graba, aarrastrando su pena hasta el desdichado interlocutor, al otro lado; o el nauseabundo olor que imperaba en el ómnibus cuando lo abordé, mezcla de las más desgraciadas esencias corporales, que entre vaqueros sucios y zapatos viejos, se ha decantado por el aire del pasillo, enclaustrado hasta que en un gesto de resistencia ante la pena, y con algo de timidez, abrí cuatro centímetros,  la ventana más correspondiente a mis fosas nasales. Ni siquiera entrando en los más miserables detalles podría yo dar cuenta de la magnitud de la pena, que como un trapo de piso ennegrecido, seca las lágrimas de la ciudad calavera, de la ciudad amor muerto ente cenizas azules de amores minúsculos, que florecen brevemente y mueren yéndose, como todo. No hay manera de no morir de pena entonces, que no sea un tipo con una guitarra que se sube a tocar Carretera Perdida,  aferràndose a sus versos y creer... Ver que uno tiene que creer.

domingo, julio 22, 2018

188

Entre el último gris del domingo me trepo a este 188 en el que suena la Lambada. Todo es como un acrílico que se escurre por las escaleras de Lindolfo Cuestas. Empieza el río oscurecer, fúlmine, arcaico y apenas agitado por algo parecido a la vida. Me queda un 5% de batería al darme cuenta que las palmeras del centro cabecean y oscilan al compás del oscuro viento. Un recuerdo igual a una ausencia, llena los bondis y las ventanas. Montevideo resiste, tembloroso, al primer despertar de la noche. 

viernes, julio 20, 2018

Noche de cuarzo

Ella volvió a morir
Y en mis paredones
Los musgos y caracoles
Prefieren no acordarse

Toda esa fauna de alarmas
De autos en la lluvia
Y ventanas dentadas
Sigue comiendo lucecitas
 entre el hambre
Y el silencio del castillo

Cárcel de huesos
Baile acuoso donde se marchita el cielo
Luz pegajosa
Árbol tras el que agoniza el tiempo
Todo dolor
Todo ruina en posición de despegue
Todo viento y frenesí

El celeste ha perecido...
Por los ríos de mis manos
Sopla su ínfimo recuerdo
La fotografía aún no revelada

Noche de silla
Noche de cama
Noche de cuarzo
Y de letras desechables
Media noche. 

jueves, julio 19, 2018

Contigüidad

Dedal. Dental. Detonar. Demostrar entre rayos y lluvia, que aún podemos cantar. Vivir. Vislumbrar. Venerar. Visión que entre lluvia de Julio, vacía el morral. No quedan casi argumentos, que en la calle se hagan carne. Un coro que en la tormenta, la muerte no haga callar. La guita dura tan poco, una foto en la secuencia. Me acuerdo hoy de Laurita y su abrazo huesudo, admito, me haría muy bien. No me quiero entregar a la nostalgia de la noche del bar, donde con casco de obrero, sufría de soledad. Recordar miradas amables del Poroto o de Larita, de una mirada del tipo, su saber y su verdad. Aunque esta noche la voz de Dolina y Barton me den una analgesia amable y despreocupada, aunque goce infinitamente de volver a mi hogar vacío, aunque pueda no nombrarla ni escribirle, sigo siendo el que nació un viernes 27. Casi estoy llegando. Cuántas cosas me pasaron hoy...