En mi barrio el otoño tiene tentáculos secretos que comienzan a vestir de ocre las últimas copas. En mi calle la melancolía como siempre se disfraza de cometas tardías, ocasos tempranos y gallos polvorientos que cantan cada noche como espejos descuartizados del alba. Ayer soñé con un muerto grande, hablaba con él en una terraza dorada sobre nuestro actual gobierno, la inflación y aprovechaba esa mágica instancia para confesarle mi admiración. Su rostro pálido y damnificado por el año de muerte, vestía una peluca gris notoria y voluminosa, sin embargo su voz sonaba en mis oídos idéntica a la de su vida, acaso más profunda y triste. Desde ahí se veían las aguas perfumadas por un sol bajo y rojizo. Gente se arremolinaba yendo y viniendo junto a una bruja simpática que a modo de broma convertía a los niños en pequeños roedores color marrón. Yo me desperté de mal humor, resfriado y con ganas de seguir durmiendo.
miércoles, abril 13, 2022
martes, abril 05, 2022
El verano del ascenso
Una embarazada grita al dar a luz en la absoluta clandestinidad. La mujer se llamaba Sofía, sin embargo al convertirse al catolicismo ortodoxo adoptó el nombre que la haría Grande, Catalina. El niño era el fruto del amorío ilícito entre el General Orlov y la propia Catalina, ni bien el recién nacido fue arropado en la sectreta manta de la Rusia Zarista, la mujer acomodó el odio que aún pujaba en sus entrañas y se declaró pronta para dar el golpe de Estado contra su esposo, Pedro. Catalina ardía en vergüenza, no podia admitir que su nombre se viese asociado de manera alguna al del actual Zar, que beneraba a Federico de Prusia por sobre todas las cosas. Tras lo que los prusianos llamaron el Milagro de Branderburgo (la asunción de Pedro) Rusia se había visto envuelta en un espiral de autodestrucción irreversible a no ser por la determinante acción de Catalina. Meses de humillación pública a la emperatriz consorte y una errática voluntad bélica contra propios aliados, fueron quienes terminaron de poner sobre la cabeza de Pedro está situación inevitable, caería desde lo más alto y sería ella misma no solo quien lo iba a derrocar sino también quien iba a ascender a lo más alto de aquel poderoso imperio. Así que tras ser limpiada de las trazas de sangre que recorrían sus muslos y recobrar un mínimo el aliento y la compostura se incorporó del lecho, el cuerpo tembloroso por las horas de labor y con los ojos cristalizados no tanto por despecho como por un deseo infinito de poder, se miró al espejo. El año era 1762 y el verano vendría cargado de sangre y de gloria.
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domingo, abril 03, 2022
Caída de Constantinopla
Una vez más Constantinopla está sitiada, sin embargo esta mañana sopla una brisa que hasta ahora solo había sido temida, sospechada como inevitable pero lejana sobre el horizonte de decenas de anteriores victorias. Silba como una serpiente, la brisa de la caída definitiva. Los refuerzos llegados desde Roma eran más una mísera ofrenda suicida, que un sustancial apoyo militar. Los venecianos, sin embargo, más numerosos y entrenados, con el odio revuelto y virulento de su codicia, darían su vida sin pensarlo antes que dejarse arrebatar los beneficios incalculables de su comercio marítimo. Todos los que pudiesen empuñar una espada dentro de la ciudad lo harían hasta las últimas consecuencias, la mayoría por primera y última vez. A falta de miles los miles de arqueros entrenados que pudiesen contener los embates destructivos, Constantinopla paraba a sus panaderos, artesanos y feriantes ante la pétrea determinación del enemigo, conas valor que noción de combate, la ciudad resistiría tanto como fuese humanamente posible.
Afuera, cómo una isla de grandeza un mar de horror y al frente de los temibles jenízaros y los innumerables aliados valakos, el sultán Mehmed II ostentaba en lo más alto del cielo su sagrado estandarte blanco y dorado. Tras el brillo convencido de su mirada despiadada se erguía, más inexpugnable que los altos muros que enfrentaba, la certeza de haber calculado hasta el más mínimo detalle, la tranquilidad que la aplastante flota marítima prevalecería en el Bosforo y la excitación sangrienta de saberse poseedor de los cañones más destructivos jamás construidos. Tras tantos y tantos combates, sitios y derrotas caídas en espaldas de su linaje, Mehmed II sería el elegido de Alá para aplastar para siempre a la segunda Roma, trayendo con esto una nueva y duradera época de esplendor, riqueza y predominancia musulmana en todo el mundo conocido. Jehová Dios, su hijo y el Espíritu Santo saldrían finalmente de la imponente ciudad con la nariz sangrando y los ojos llenos de lágrimas, juntando en silenciosas carretas los cadáveres de sus fieles rumbo al Oeste, primero a Castilla y luego, no tanto después a las nuevas tierras más allá del vasto mar.
domingo, marzo 20, 2022
Pedacitos
En este momento el hombre olvida que es un muerto hablando con otros muertos. Los murciélagos recuerdan las araucarias de sombra espesa y su latidos profundos. Reaparece la grieta de luz en lo oscuro y ciertos retratos, agachados por el tiempo, pierden la solidez de su terrorífica prepotencia. Entre las múltiples ventanas apedreadas de éste barrio juegan tres sombras como las de Lovecraft, tienen en la voluntad tan sanguinaria como las fauces y jamás han descansado. Bajo el furioso batir de sus negras alas como de moscas, nadie es capaz de acceder a descripciones validas el universo. Con el aparecer matutino de la luz y hasta el vespertino rumor del ocaso, el hombre habrá de soportar el peso de aquella nocturna perversión. La grieta habrá de no verse más porque todo será sol y cielo celeste, solo lejana noción de ciencia y de verdad, todo indisoluble realidad, hasta el atardecer, hasta el reinado forajido de una nueva luna.
martes, marzo 08, 2022
Ese nombre
Existió en las venas distantes del tiempo, una noche en la que Sila era todavía jóven. Solo una o dos personas aquella madrugada de excesos sospecharon que aquel muchacho pelirrojo iba a escupir llamaradas sobre el Foro y se cagaría en la madre del tercer fundador de Roma. Esa noche el Aventino estaba precioso y Sila era todavía jóven. La pequeña Flavia, una hija feliz de la violenta cultura de la prostitución, se había perdido para siempre en los ojos del futuro dictador. Aquellos ojos grises, se posaron levemente en la piel de la joven mujer, la miró con la curiosidad que sienten en esos casos, las grandes personalidades de la historia. En una de las oleadas amargas del vino de la medianoche, Lucio Cornelio Sila pensó que el humano es una criatura de lo más apasionante. Desnudos entre otro montón de sueños torcidos, yacían repleto de un éxtasis casi religioso. Aquel momento recóndito de la madrugada recordó Lucio Cornelio Sila en batalla alguna vez. O retirado ya en su villa de Puteoli, el aire se le volvía Flavia y le todo era aquel Aventino justo antes de amanecer y nada jamás volvía. Sólo ese nombre y nada más.
miércoles, marzo 02, 2022
El último Huey Tlatoani
Pensaba hoy en los últimos momentos de Tenochtitlán. En aquellas calzadas heridas por el hierro de su último amanecer, en las famélicas miradas de la última madre, en la fragilidad última de su lago, en ese momento de silencio doloroso tras el cual, las huestes de Cortéz se reagrupaban como una sentencia inapelable. Tenochtitlán expugnada contra todo pronóstico por fuerzas tan iguales como increíblemente inesperadas. Todavía las cabezas de los caballos en picas sangrientas ostentaban una esperanza que entonces terminaba de desvanecerse. De pronto y a propósito quise evitar imaginar el sentir de Cuauhtémoc cuando comprendió que finalmente Huitzilopochtli, Quetzalcoatl y Tlaloc serían desde ese día, fantasmas desterrados y silenciosos del más temido los imperios. Quise, a propósito, evitar imaginar la humillación que sintió el último Huey Tlatoani al entender que los siempre subyugados tlaxcaltecas se habían aliado con los barbados de la cruz y los caballos, y que aquella alianza pondría fin al legado de gloria incalculable que ahora, con los pies quemados, comenzaba a ser únicamente una leyenda de perdedores inmensos. No quise adentrarme en la poderosa lección de humildad que recibió el último señor mexica al darse cuenta que moriría por el mismo dolor que su imperio había propagado hasta los confines del horizonte. No quise mesurar el orgullo y la vanidad del vencedor, ni su codicioso regocijo, ni la profundidad de su nombre en las tablas imborrables de la historia.
martes, marzo 01, 2022
Vuelvo a decir
Recién me doy cuenta que todavía no hablé de carnaval. Pero decir carnaval es decir todavía te quiero, es decir todo cambia siempre y todo permanece siendo una versión crisolada de aquello que una vez se insinuó detrás de las cuartetas de una retirada. Callar a veces es admitir nuestra fugacidad, es tener presente que una flor, un color y un amor casi siempre calan más que el puñal de obsidiana que solo sabe de heridas y de adiós. Carnaval quiere decir cantarle a un balcón vacío, quiere decir serenata desahuciada entre jazmines y serpentinas pausadas junto al pie de un escenario. Carnaval es renacer siempre cantando, siempre sonriendo entre lagrimitas de cristal absurdo. Carnaval es callar la mitad de lo que grita el corazón, es repetir sin ser jamás igual. Un abrazo sin palabras que es todo ojos y manos que buscan alcanzar lo que se sabe que de pique está por fuera del concurso.
