jueves, julio 14, 2022

A raíz de una descorazonada

 Anoche una tristeza reclamó mi dormitorio y apenas dio la medianoche, su abrazo se volvió una serpentina para mis secos lagrimales de pescado. La certeza de que cualquier retorno es imposible, de que el único camino es hacia adelante y hacia afuera se volvió un arsénico dulce y remoto desde cuyo insomnio sentí frío. Entonces se consumió la última brasa de mi estufa y pude sentir vivamente las garras de cuervo de la inmensidad arrancando de mi pecho esperanzas recién nacidas, pude leer en mi obituario la dramática firma de esta ordinariez absurda, una insignificante huella dactilar destinada al eventual olvido de las eras por venir.  Esta tarde palidecieron los balcones al influjo de una llovizna plateada y sucia que espantó súbitamente a las palomas del cordón de la vereda. Aquel sol débil pero brillante que tuvo el mediodía vuelve a esconderse ahora en un misterioso anuncio de tormenta y de frío. 

martes, julio 12, 2022

A raíz de un tango

 En el medio del invierno viejas luces de un tormento desfilando en un vaivén, adornadas con recuerdos y con fotos de otro tiempo, se detienen para ver. Tarde triste y luna llena como un árido complejo de ilusiones sin cuartel. En mi pecho un carcelero, en mis manos los bomberos y tu risa de oropel. Se alejan ya tras esas nubes las trazas últimas de aquel sueño que fue fragua del verano y gris sombra de un clavel. Volver ha sido declarado imposible, solo un avanzar cansino hacia la sierpe, procesión de ausencias, hondo gesto de la piel. 

domingo, junio 26, 2022

A raíz de cruzar Uruguay

 Se hizo esperar demasiado esta lluvia que ahora sintoniza una susurrante serenata sobre las ramas y la noche. En quince van a ser las tres, el domingo ha colapsado bajo la sombra de su misterio. El día estuvo pintado todo de gris con el frío anudandolo todo pero hasta ahora, libre de lluvias. Mi corazón quiere que caiga ensordecedora y durante la madrugada entera, sin embargo es solo un chispear, una vaguedad del invierno profundo, un aviso lánguido de otras lluvias que hoy parecen jamás haber sido. Poco antes de dar las 5, en la esquina de Uruguay y Florida ayudé a cruzar a una joven mujer no vidente de negro cabello recogiten una alta cola de caballo, delgada, heroica, de delicados labios y segurísimas manos blancas, era tan bella, tan pálida, tan carente de miedo y sobrante en determinación que a su lado me sentí minúsculo y solamente agradecido por poder apreciarla desde tan cerca... Durante los 12 segundos que me tomó del brazo puedo decir que me hizo feliz, ya que su mero contácto y el hecho de confiarme su seguridad vial me produjeron una sensación hermosa de bienestar que, tras dejarla, se me atascó en el alma la espina de su ausencia, quedé junto al acantilado de su pérdida para siempre en mi vida, calcando en el horizonte una repetida sombra de renuncias. Ahora las mismas pocas gotas cantan su letanía secreta cuándo van a dar las 3. Me imagino que habrá llegado bien.  

lunes, mayo 30, 2022

A raíz de un frío en el 526


Arrecia ya ese frío punzante tan característico del Montevideo periférico. Como nacido dentro del Fuerte de San Felipe, debo admitir que para mí, todo lo que esté por fuera del Ejido es necesariamente campaña. Así que en esta campaña remota, me doy el torpe lujo de perder el ómnibus y esperar que pase el siguiente, escribiéndo estas líneas reconcentradas en el aire helado del penúltimo atardecer de Mayo. Pienso en el Origen de la escritura. Me acuerdo de un volumen polvoriento de Las Flores del Mal. Se mastican chicles de arcoiris en el cielo próximo de escarcha.  Pasa el bus y viene con un tufo pujante de colonias frutales, al rato se cruza dominando la nariz, una incrustación olfativa como de guiso de lentejas de hace 2 días, pero no calientito y vaporoso, sino guardado en la heladera junto a jarras de vidrio sucias con agua de la canilla dentro. El olor sigue viajando con nosotros habiendo pasado ya unas 8 o 12 cuadras. Ahora una jovencita alta y rechoncha de cabello muy rizado, sube con una bolsa de nylon en la mano, en ella (en la bolsa) se hallan los restos de una hamburguesa de carrito, claramente con demasiada mayonesa... Y tal vez hongos. La luz grisácea del avanzado atardecer se torna igual a la de un sueño que tuve hace poco, en seguida creo revivir la exacta sensación que me sofocaba de melancolía en aquel largo tránsito onírico, pero afortunadamente se sube una parejita joven que recién ha salido junta de la ducha, y el perfume de manzana verde y coco del shampoo y la crema de enjuague Plusvalía, se apodera del ámbito del ómnibus... aunque no mucho después, entre las grietas mínimas del aire, se cuela la presencia un poco rancia de algunas camperas y bufandas que al terminar el invierno pasado fueron guardadas sin lavar, en infames roperos o en polvorientos cajones sin más ventilación que la respiración microscópica del moho.  El viaje se fue bastante ligero. Vamos a grabar canciones. Ahora hace hasta más frío, pero menos del que va a hacer al volver. 

domingo, mayo 22, 2022

A raíz de una tarde

 ómnibus. Por lo general a eso de las cinco de la tarde me encuentra la plaza Matriz, ahora y  más todavía en el invierno, con su manera  única de anochecer temprano, de ser capturada por las sombras al son inexorable de las viejas campanas. La catedral es un bostezo, los bancos frente a la fuente soportan la lluvia y la madrugada, estoicas en su transitar de eternidades y sucesivas capas de gruesa pintura verde. La otra vez soñé que volvía en el tiempo a principios del siglo XIX y que visitaba la esquína de la casa donde nací, maravillado e incrédulo en medio de un mediano grupo de personas que parecía llevar a cabo alguna especie de asamblea vecinal. Ahora, meses después mi lectura me transporta vigilante hasta aquella misma época, pero ahora en el agreste y salvaje exterior de las murallas del Real de San Felipe. Página a página mi cabeza se pierde con admiración salvaje y repudio republicano ante la vida de los matreros indómitos que poblaban los montes fugitivamente, en su silencio arisco de bayo o de alazán decidido y fiero ante la constante amenaza de peligro que tan bien escondía el sarandí, el tala o la coronilla. Una imagen en particular del libro Ismael de Eduardo Acevedo me sobreviene incomodando la paz de mi tarde. Se trata del degüello de un jinete del cuerpo de Dragones a manos de 4 matreros, que tras un inesperado giro de los acontecimientos, pasaron de ser presas a ser matadores de aquel joven subordinado que encontró la muerte en aquel perdido pastizal de la campaña Oriental. La descripción del autor en este respecto es tan anatómicamente correcta, tan escupitada de vísceras y sangre venosa, que sin previo aviso y tras apenas dos o tres inocentes asociaciones libres, se adueña de mis pensamientos, estremeciéndome y con más ganas de terminar de leer el libro. 

viernes, mayo 20, 2022

Parece

 Entre las ramas en el frente de mi casa, el celeste pálido se va desvistiendo dejando al desnudo a la noche próxima, mis ojos se pasean por las copas adelgazadas por el viento y un suspiro acompaña el mate meditabundo de la tarde. Sirenas a lo lejos testifican una ciudad que me parece ausente o demasiado lejana, voy avanzando entre las hojas de un libro viejo y los paisajes se amontonan en mi mente como un álbum apelmazado por la lenta ira de los relojes. El aire está lleno de cumbias del caribe, duermen los perros, las naranjas en el árbol, de a una empiezan a regalar su dulzor bajo un rayo fugitivo, de los últimos cálidos del otoño. Siempre parece que se hace tarde...

domingo, abril 24, 2022

El aire

 El aire del paso molino parece en pausa, parece una gelatina de piña flotando arriba de baldosas llorosas y de autos picados. Los omnibus después de la tarde van llenos de niños de padres separados, la gente habla todavía fuerte olvidando que mañana es lunes. Las últimas lianas del fin de semana languidecen en el aire húmedo y pesado, un reloj con ojos de loco susurra crípticas poesías en mi odio de sauce y queso muzarela. Trabajé tanto en la semana que casi no tuve energías para descansar, apenas pude atiborrarme con hostoria romana y biografías de Lord Byron u Al Capone. Vi a mi hijo parado sobre un escenario, aclamado por un público tan jóven que casi no me costó aceptar la belleza serena de mis casi 40 años. Vi en las redes, de rebote, una foto de V y con un terror suave y tibio, el paso del tiempo me hizo llegar un telegrma urgente que tenía la firma definitva de la muerte. Comí solo en un bar, vi un gol de Rampla, sigo escribiendo canciones.