Júpiter existe. El telón agujereado del cielo canta hoy una primavera hecha con ojos y con perlas. Por una de estas calles de mi barrio tumba la brisa pequeñas florecitas blancas que yo calculo habrían sido manzanas en algún futuro. Sobre la mesa que estuve escribiendo acerca de Alejandro Magno, deambulan incansables multitudes de puzzles, pedazos de cartas, lágrimas arrugadas, partidos de Peñarol o apuntes donde la vida se parece demasiado a la tinta negra de mi birome. Me alcanza con ver a mis amigos, voy a su encuentro montado en un 130 como tantas otras veces y quiero dejar constancia de este sentir ligero y agradable que enmascaro pudorosamente diciendo trigo, diciendo ventana, Júpiter y Alejandro Magno. Hoy no me molesta que caigan decenas dd mensajes a mi WhatsApp, hoy no me molesta dormir fuera de mi casa, hoy no me muerdo las venas repitiendo finitud, lejanía ni ausencia. Hoy festejo humildemente, sonrío demás a propósito, y brindaré a la salud de aquellos amores imposibles, pero sobre todo a la salud de los posibles, de los que hoy mismo, sin ir más lejos me hacen gastar en un boleto y en una caja de vino. Salud!
jueves, octubre 27, 2022
domingo, octubre 16, 2022
A raíz de volver
Vuelvo al blog para decir incertidumbre, amarga dulzura de no saber lo que va a pasar. Vuelvo brevemente al blog para decir avalancha, corte en la madrugada, baraja de hueso y sangre que deambula atónita por las últimas constelaciones. Ya que estoy aprovecho para acordarme del amanecer, de aquellos días dónde el aburrimiento era tanto que se volvía angustia en las aguas de un mate lavado. Se me ponen los pelos de punta cuando vuelve a surgir en mi cabeza, la imagen de su sueño sereno, de su rostro empapado en la ducha del sábado, dónde se lavaron silenciosamente los rastros de un sexo frenético que fue, todas y cada una de las veces, el último. A veces me gusta esperar a que sea domingo para tomar un ómnibus y escribir murallón del desconsuelo en perpetua reconstrucción. Arco del personaje, rutina en las vidrieras y noche
viernes, octubre 07, 2022
guaunuqueando en colón
La cuneta, amor, esa que con tanto ahínco construíamos, pala a pala, amor nuevo a amor viejo. Llorando y riendo porque dios no esta en los detalles de hoy. Me queda tan facil esta evocación, este recuerdo de hace años atrás, cuando existía todavía una realidad obletable. Pero no, jajjaja, hoy ya no. Hoy ya estamos todos lejos de aquello que llamaron el futuro.
Hoy me acordaba, y le contaba a un amigo, de aquella última noche en el velódromo. Cómo fui perfectamente capaz de tirar todo mi deseo por la borda a cambio de tener, por un estúpido momento, la cruda razón. Razón con la cual hoy ya no estoy de acuerdo, reconozco haber tomado la peor decisión posible, creyendo que yo todavía no había pasado de pantalla, creyendo que seguía al lado de aquella mujer que mi reacción hubiese excitado llevando indefectiblemente al sexo comodo y justificado por la vieja realidad patriarcalista.
Quería decirte, V, que aunque ya no tenga ningún sentido, y aunque ya me acabe de dar cuenta que ya fue, que reconozco el boicot implacable que armé a nuestra nueva noche perfecta. Posta que me acuerdo esa ultima cerveza en la calle rivera, aunque no me acuerde del nombre del negro que ganó un premio, porque soy viejo y me pasan estas cosas. Pero lo que jamás me voy a olvidar es la miel de tu compañía, la irreductible amplitud de tu sinceridad diciéndome que llorarías... pero no. Aquella noche de febrero, en la que todo era posible y hasta nuestra murga nos dedicó la actuación.
Jajajaaja, ahora de pronto, escucho este candombe y me creo más montevideano que el loro. Siento que esa melancolía me define, que soy doctor de la calle vacía y la tristeza de ser lo que puedo ser y no lo que todos hubiésemos querido. Ahora, obviamente demasiado tarde grito el gol de tu correo en mitad de la noche de la peatonal sarandí. Cuando no tenía datos, cuándo tenía que garronear el wifi del hostel para enterarme tarde que querías coger conmigo.
Pero ta, ahora bueno, ta. Escucho bien de al lado cantado por el plantel de LGM 2016, calentando antes de la segunda vuelta en el teatro y no puedo más que agradecer haber nacido justo ahora, cuando esa versión de primer premio tuvo más sentido que nunca. "Porque hoy si ya no me callo"
Y vos ahí, eternamente distante, perfectamente imposible, impracticable pero entregada a las lujurias de mi depresión, dándome una ultima oportunidad, y yo estúpido, ensimismado, pero más que nada y más definitivo, equivocado en aquello de lo que depende la vida. Y tiemblo pensando lo desubicado y lo inapropiado que soy, hoy, en pleno 2022, al recordar aquella noche de doctor House y Gallinna degollada en la curva de maroñas.
sábado, septiembre 10, 2022
A raíz de un paseo al Cerro
Sábado y el primer rayo oscuro de la noche ha borrado el calor que alumbró el día con blancos caballos sucios y humos de asado por el barrio. Estoy por salir para el cerro y mi agitada humanidad naufraga a medias entre nostalgias y esperanzas de un beso demorado entre mensajes de WhatsApp. Hacía tiempo que no sentía está urgencia taciturna, esta sensación de minucioso taladro en las costillas. No va a ser hoy, tampoco mañana por lo visto, pero va llegar el minuto en que al amparo de un redoblante de murga lejano, tenga mi carta en la mano y la arrroje sobre el paño de sus ojos tan claros. Voy a desvelar la tristeza de mi viejo corazón con una nerviosa sonrisa asomando en los labios. La piel erizada y un juego de dados que rodarán despiadados en la mesa del destino.
En un cambiar de párrafo ya estoy montando en otro ómnibus, las manos heladas, las luces naranja volcadas sobre un cantero, misia odisea para pobres piratas de la calle, murallas mordidas por la carcoma, centinelas somnolientos que dejarán pasar sombras y sospechas detrás de un vaso de vino. No dejo de chasquear los labios indignadamente al repasar los últimos recodos de este río acuchillado de turbulencias y demoras y dioses esquivos para eternos penitentes trasnochados. Siento que hay una furia en mi prosa cansada, siento un murmullo de ardores insondables, siento una ausencia sin pausas en la intimidad de mis letras, una irreprochable sobreadjetivacion que se me hace necesaria porque la falta de sustantivo es ya casi intolerable. Soy un espejo en espera, una sombra diez años después, éste es mi sábado de milonga y francotiradores entre el pasto. Ésta es mi carta a la inmensidad sorda, mi lejanía del canto y del baile, mi cara sin maquillaje, soy mi peso perdido por un invierno lleno de gripes y de fiebres y de sueños donde tengo cuatro hijos en un edificio de misterios con largos balcones sobre patios grises donde hay botellas de plástico abolladas.
Cuando retomé este texto, ya el domingo se estaba evaporando, la noche anterior estuvo signada por un asedio mental demoníaco que solamente el primer rayo de sol fue capaz de combatir. A las tres de la mañana me llegaron unos mensajes que pusieron en liquidación mis últimos frenos, fueron 24 horas de pensarla casi sin tregua y no hubo tangos ni partidas de ajedrez ni vinos baratos en copas de cristal que la hayan apartado un minuto entero de mi mente. Todavía queda este último bondi para que termine la Odisea, mañana el amparo de la tarde tendrá un sabor lejano de inminencia y encontraré en la historia eso que me es tan esquivo en estos días.
miércoles, agosto 31, 2022
Último de este agosto
Agosto se está por terminar, pero no ha escatimado en melancolía y ansiedad. Hoy, sin ir más lejos, me cruce con tres violinistas en la calle. El primero tocaba en el omnibus a la mañana y su sonido triste y agudo se aplanaba contra las ventanillas abiertas, dónde combatía con los primeros anuncios de una brisa primaveral. El segundo violinista derramaba su llanto melódico en la tarde de la peatonal Sarandí, desenrollando el tiempo de siglos caducados, volviendo ausencia el aire cargado de pasos y de murmullos de ciudad en hora pico. La tercera era una niña que practicaba en la primer oscuridad de la noche, sentada en un balcón de la aduana, con su espalda contra la pared y un buzo rosa que era apenas distinguible en la penumbra empapada de recuerdos y nostalgias de cosas que nunca pasarán. Mitologías y planetas confundidos entre suspiros ahogados y miradas sobre el mar plateado. Un peso de azul profundo colgando del pecho, una muchacha rubia que responde con sonrisas y corazones. Relojes oxidados que no paran de rodar hacia el vacío.
miércoles, agosto 24, 2022
A raíz de una nueva muerte
Recuerdo el niño que fui
Viendo amanecer sobre el río
Gigantes dorados en las nubes
y a la tarde rumor de tambores
En la aduana el sur es el que gobierna
entre el moho azul de los edificios
entre el silencio tanguero de las veredas
bajo la soledad de las estrellas
Recuerdo el niño que fui
volviendo de la escuela
enamorado y trasnochador
vago de alma y fuerte de palabra
Jugando a esquivar las pedradas en Mercadito Chico
cuando Sarandí era una calle flechada al mar
donde la tarde tenía olor de agua salada
y mis manos estaban sucias hasta la cena
Recuerdo el niño que fui
maravillado con las orquestas de los kilombos
siempre ansioso, atormentado
buscando una sonrisa en los negros paredones.
Andar por la rambla
gritarle a la inmensidad
soñador empedernido
taciturno catador de ausencias.
Recuerdo mi infancia
con sus rostros, hoy perdidos
con sus gritos
sus miserias y amores
Melancólico berretín de poeta
que hoy escribe.
domingo, agosto 21, 2022
Ladran
Ladran los perros
Espíritu saltarín
Ahora en la cama
Otra vez
Siguen ladrando
Y rompen la noche
Aquel silencio
hecho pedazos
Siembran alarma
Ladrando y ladrando
Mi calma disuelta
En aguas imposibles
Qué querrán, me pregunto
Cuándo pararán
Aprendo a esperar
A resistir
Y miro las horas
Con los ojos cansados
Mientras siguen ladrando