Che,en estas fechas hace 10 años que publico mi más honda privacidad en este blog. Hay un montón de gente que viene todoslos días, a ellos agradecerles y para ellos la intimidad cruda de mi obra diaria. Jamás pedí nada a cambio. Pero hoy sí: saluden y dejen al menos un comentario, porque se que hay anónimos que vienen todos los días y se hacen los otros. Son el real de mi barça así que por lo menos mandenme a la mierda, no se hagan los anónimos!!!
sábado, septiembre 30, 2017
Pedido del autor
Che,en estas fechas hace 10 años que publico mi más honda privacidad en este blog. Hay un montón de gente que viene todoslos días, a ellos agradecerles y para ellos la intimidad cruda de mi obra diaria. Jamás pedí nada a cambio. Pero hoy sí: saluden y dejen al menos un comentario, porque se que hay anónimos que vienen todos los días y se hacen los otros. Son el real de mi barça así que por lo menos mandenme a la mierda, no se hagan los anónimos!!!
miércoles, septiembre 27, 2017
Historia de Valentín Fonseca (parte 9)
- Qué quiere decir con que vive acá?... - pude esbozar finalmente tras un instante en el que creí que toda aquella escena descabellada se iba a disolver lof el peso de su absurdo flagrante, pero no fue así.
- La unica forma de saberlo es estando de este lado. Solo digalo, exprese su deseo de quedarse aquí y podrá averiguar todo sobre esta nueva forma mía y saciar su curiosidad de maneras que todavía le son imposibles de concebir.
Durante un momento la vista en derredor me cautivó tanto que me fue imposible continuar con la charla. Los edificios de 18 de Julio habían adquirido un nivel de detalle ampliamente superior al que me era posible percibir durante el estado vigil y ahora su complejidad y el entramado de sus formas y colores se estaba llevando mi atención como la atención de un niño es capturada y arriada en una juguetería. Pensé que aquella vez era la primera vez que estaba en presnecia de formas y colores de verdad. Fui consciente que jamás antes se me habían aparecido con tal totalidad.
Me sentí entonces flotar, acercarme a las molduras cenicientas, ver a través de los vidrios de las ventana la muerte fresca de las oficinas, el mutismo de los escritorios, las líneas blancas de la calle en su paralelismo, contrastando contra el gris envejecido de la avenida. La plaza, con los dibujos insospechados de sus baldosas, se revelaron ante mis ojos de una manera que solo el que flota sobre ellas es capaz de conocer. La estatua de Artigas en su caballo improbable, la altura simiesca del Radisson Victoria Plaza, la cantidad de antenas que coronaban los edificios en torno mío, todo me apabullaba en su inmensidad pero sobre todo me sentí dominado por la claridad sobrenatural con que todo Montevideo se desnudaba para mí. Yo flotaba, volaba sin arrastrar la pesadez de mi cuerpo, solo como un cúmulo gaseoso, intensamente consciente de sí, veloz y ligero, yendo y viniendo en lo que parecía ser la volatilidad de un domingo soleado en el centro de la ciudad.
Escuché la voz del doctor Fonseca hablando en mi cabeza que me decía: ha visto o sentido alguna vez algo de similar porte. Verdad que nunca pensó en esto como una probabilidad tangible y tan cercana como lo esta su decisión de permanecer acá, lejos de la muerte y de la mediocridad de un cuerpo orgánico, para siempre tan ligero como un soplo de conciencia, con total libertad de recorrer a su antojo el mundo entero y también más allá del mundo ...
- Esto es real?- pregunté ahora enclavado en la duda vital acerca de la realidad de toda la experiencia. Y cuando lo hacía, la intensidad con que mi percepción trabajaba se disminuía de manera casi total y me podía saber en mi cama, sentir el color de mis sábanas, percatarme que estaba sudoroso y frío. Tenía la sospecha íntima de que todo se trataba de un simple sueño, pero a su vez, la solidez de lo atestiguado, su homogeneidad y su perfecta continuidad, en verdad me estaban pareciendo más real que el resto de mis experiencias durante la vigila.
- Por supuesto que es real, amigo. Está usted volando sobre la plaza independencia como lo hacen esas palomas que pasan ahí.
Entonces volví a la escena, ahora apostado contra un vidrio de lo que supuse se trataba del edificio Libertad, estaba dentro, dándole la espalda a un cuarto donde no había nadie. El efecto de intensificación de mi percepción se restableció.
- Y cómo es que nadie me ve?
- Digamos que estamos en un estrato más alto de la misma realidad, vibramos en una frecuencia que toda esa gente de ahí es incapaz siquiera de concebir.
Entonces descendí la vista y me fijé en las personas que esperaban el omnibus, en los techos rojos y blancos y negros y verdes de los autos que se detenían en el semáforo de la calle Andes. Era consciente del pulso vivo de la ciudad, su personalidad algo distante, su olor de mar dulce, del flujo de pensamientos y sentimientos que la recorrían como sangre por arterias de baldosa y alquitrán.
- Le voy a enseñar una cosa, permítame.
Me di vuelta y nuevamente estábamos en la cúpula del Salvo, con la ciudad derramada a nuestros pies.
- póngase cómodo e intente dormir.
- pensé que ya estaba dormido.
- se va a sorprender, se lo aseguro.
viernes, septiembre 22, 2017
Monólogo
Otra vez en la noche, Vrolok. Otra vez desvanecido rehén de la llovizna caminando entre el vacío y los charcos. A quién busca ahora tu alma de perseguidor, bajo los ríos de lágrimas y la Luna florecida. Nunca te cansas de mendigar pasto y agua para tus penas secretas que ya todo el mundo conoce, hasta cuándo, Vrolok, con esa angustia de camionero sin importar lo que valga tu sonrisa de mil dientes. No pases más por esa ventana, trascender es cambiar se calle. Hoy que la primavera acusa enrejados y manantiales, justo esta noche donde sos florecimiento, volúmen y ausencia, donde sos vos y solamente vos, Vrolok. Justo hoy se te viene a aglutinar toda esa pastelería incómoda, en tu deslumbrante soledad de caminante. Sos incapaz de dar pena, no hay en tu brillo más espada que la de todas tus sombras amontonadas como revistas en el consultorio del silencio. Cuánto tomaste. Cuántas veces pisaste el acelerador de tu ruina, cuánto dormiste sueños de nácar herrumbrado... No importa. Miráme cuando te escribo, Vrolok, no ocultes el resplandor de fuego que te come los ojos de lobo, no escatimes en la ilusión de tu voluntad de cazador hambriento, que son las cuatro de la noche y deberías madrugar. Quién te dijo que no, quién te volvió a decir que no, casi seguro fue porque las afirmaciones son el lujo de los osados y no la entorpecida herramienta de autopreservación de los cobardes. Jugá, que la vida es ahora y no hay más tiempo que el de tu poesía, pará de castigarte Vrolok, que aquella princesa no era para vos pero tampoco era para nadie, no la llores ni a ella ni a la otra nena rubia que una noche de lunes te dio la errónea impresión de ser refugio para tus alas torcidas y que el mismo jueves se fue atrás de un silbido dejandote en la lluvia, casi borracho, casi vivo, casi asustado. No llores por vos ni por ninguna de las princesas de Disney que acogotaron tus venas demasiadas madrugadas. Porque el café se olvida cuando se duerme y el vino se duerme cuando uno se olvida de uno mismo. Pará de castigarte y dormí, juntá fuerzas, Vrolok, que queda todo un día por delante y tendrías aue madrugar.
miércoles, septiembre 20, 2017
Chiquita
Se me corta el aire
No llega a mis venas
Más que la nueva cercanía
De tu estrella aromática
Mezcla de plaza y de cielo
De ardor inesperado
Y juegos incomprensibles
Me voy desvaneciendo
En cada vaivén de tus manos
Me hago etéreo y traslúcido
En mi temblor solapado
Cantando contigo, te sueño
En el nacimiento de la primavera
Después de tormenta
Y negrura y cardos y ratas
Sobre las baldosas deshechas
Nace este brote impertinente
Esta ansiedad olorosa de flores
Que en el aire de mi cuarto
Se vuelve tórrido silencio
Al murmurar tu nombre.
Porque no me lo explico
Porque tampoco lo quiero entender
Solo me alcanza la ráfaga celeste
De estanque diáfano
Que de tus ojos me salpica
Y me restablece
A la vez que me persigue
Y conmigo se queda
Hasta despertar.
Y con la mañana...
Volver a contar las horas
En las que tu proximidad
Sea una inocente analgesia
Para el insomnio y los temblores
Que con esta opresión del pecho
Te recuerdan y te ansían.
Me quedo trasnochado
Fugaz pretendiente de sangre
Que sueña ser cuenco
Donde tu amor encuentre forma
Más de cuatro madrugadas...
lunes, septiembre 18, 2017
A perder
Pega el verde del semáforo
En la tibieza del pasamano
La noche tiene bacterias
Que anuncian un temporal
Por las últimas avenidas
El ómnibus es una celda móvil
Un destello reflejado en una vitrina
Que el tiempo va llevándose
Gota a gota a las seis de la mañana
Truncado ya el nombre de la bestia
Contra los recortes perversos de la luz
Baila Se Mamó la Ternera
Cantando retiradas del tiempo de ayer
Sobre los ojos del espejo de hoy
Avenida Italia, cuándo pararás
De sugerirme su extinta compañía
Cuándo agotaras el veneno
De aquella madrugada
De sillas y de fotos
Pero no! Este poema no es para vos
No quiero que tu corazón baile
En la patética delicia de mi abismo
Ya no quiero que vuelen por mi alma
Tus alas color de mar.
Quién recuerda los muertos de marzo
Quién abanica con negro pavor
Las soledades del invierno
Quién ha de clausurar mi sangre roída
Quién tras mi amor
Quién por su dolor de aguja
Clavará puñales de júbilo
En el retrato vacío.
Terminal
Ruta hacia Rocha
Días de otro exceso
Ver las caras que sonriendo
Hablan de la soledad
Tu reloj y el mío
Ya no pueden volver el tiempo atrás
Y esas caras que sonríen
Hablan de la soledad
Estudiadas por el tiempo
Se quedaron sin mirar
Y llegarán las golondrinas...
sábado, septiembre 16, 2017
La vez que volvió a morir en Trueba
Un loco borracho canta
Canta llorando y riendo
Una retirada vieja
Que parece suya
Grita en su rebeldía de perseguidor
Baila en una bicicleta
Se cae y vuelve a cantar
Un loco por Montevideo
Adormecida sin testigos
Ve una luz en una ventana
Y canta borracho
Una canción final
Que nadie acusa
Serenatas de nadie
Nadie en ningún lado
Solo esa luz de novios
Que le dice que el reloj
No encontrará rerorno
Tras las dos de la mañana
Es de la noche
Hace la noche
Es la noche
Cuando grita derrotado
Victorioso y gris
Canta y rie
Llorando y gritando
El loco azul
Encontrando aves
Donde hubo jazmines
El café de sus ojos
Se volcó de nuevo
Poeta de los huesos
Con frío en las manos
Y el corazón de fuego
Historia de Valentín Fonseca (parte 8)
Sin embargo el temor de caer dormido y regresar a aquel manglar de sensaciones me estaba consumiendo, mis piernas se resistían a obedecer el impulso de la razón y transportarme hasta la cama. Tal vez pasé en aquella disyuntiva unos 15 o 20 minutos más, hasta que desde detras de mi cabeza, una oleada de tibieza me arropó por completo y sentí en mi esternón como el sonido de un inmenso chasquido, lejano pero atronador que me sumió de inmediato en una atmósfera cargada de susurros y de una luz amarillenta que en contra de todo sentido común, me otorgó una placidez total, como si el peso que cargaba a causa del miedo primitivo que padecí durante el día, fuese súbitamente liberado de mis espaldas, sobreviniendo entonces una relajación y un estado se sobriedad que hasta entonces me era largamente esquivo.
Una vez que se afinó en mi interior el intenso cúmulo de estimulos, apareció delante de mis ojos, la dorada escenografía del mediodía en la rambla Francia. Era tan completo el efecto, con el mar ondulante y el cielo limpio que me estiré y disfruté con tranquilidad de aquel reparo en medio de la tormenta de mis pavores diurnos. Comencé a caminar entonces, con rumbo al oeste y sin apuros, hacia el puerto.
Todo parecía en su sitio y se me era mostrado como revestido por una serenidad pasmosa, nadie había a la vista y los contenedores apilados me parecían exquisitos laderos para los monstruos altísimos de las grúas metálicas. Ni un ave rompía la cristalinidad del silencio, solo el susurro de estuario, bailando de manera diminuta dentro de su vasto cauce. Tuve la certeza que era domingo y que me encontraba dentro de un sueño. La vividez de mi percepción era deslumbrante. De pronto todo el asunto volvió a mi cabeza y manifesté en voz alta mi deseo de ver a mi amigo, no sentí miedo ni ninguna otra sensación incómoda, solo lo llamé: Doctor Fonseca.
Escuché su risa como una bandada de palomas dispersadas detras mío y volteé de inmediato. Estaba ahí, parado, su sonrisa era luminosa y benevolente, sus ojos que por lo general eran severos, se veían ahora llenos de placidez y flexibilidad. Me estiró la mano y se la estreché con gusto.
- No sabe qué placer volver a verlo, mi querido amigo, le mentiría si le digo que no lo estaba esperando. También le mentiría si le digo que no sé por lo que esta pasando, porque yo pase por exactamente el mismo camino - y en su sonrisa se inflamó un gesto de honda comprensión.
- Me cuesta creer que todo esto se trate de algo real... Perdón que se lo diga. - apunté tan apenado como mortalmente fascinado por los sucesos que tenían lugar en mi percepción.
- Le cuesta creer... Pero sin embargo acá está, supo donde encontrarme sin ninguna dificultad. Venga, tengamos esta reunión en un sitio más apropiado - dijo y con una sonrisa amable, hizo un amplio gesto con su brazo indicandome que lo siguiera. Accedí y en cuanto realicé el primer movimiento, nos hallábamos los dos sentados en sillones elegantes y antiguos. Me costó bastante reconocer dónde estábamos, pero al percatarme de la cantidad de ventanas que nos circundaban, eché un vistazo a través de ellas y la respuesta acudió al instante a mí, estábamos en la cúpula del Palacio Salvo.
- Se que adora este lugar y quiero que se encuentre cómodo.
- Es increible... Y dígame estos... Seres. No lo acompaña ninguno hoy?
- oh si, claro que están, de hecho es su energía y su conocimiento lo aie funciona como sostén para este sueño aue usted está teniendo.
- Pero y usted? Usted esta soñando lo mismo que yo, entonces?
- Bueno, yo en realidad soy algo más que eso, yo vivo acá. - y al decir esto pude ver un destello de fascinación y misterio en su mirada, parecía invitarme a que le hiciese más preguntas. No pude articular ninguna frase.
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