jueves, noviembre 30, 2017

Cuadernos

En todos lados un rayo de sol
Canta la vereda y saludan los jazmines
Susurrando viene el río
Como un secreto de amantes
Junto con los últimos gritos
De los niños de la escuela
La catedral da las 5
La tarde crocante parece una gaviota
Que estática en su vuelo
Avanza hacia la noche
Cuando mis versos nuevamente
Evoquen tu recuerdo
Y todo sea otra vez entrevero
Dudas, deseo, miedo y pasión.

Llegará una medianoche
Y con ella, en un sobre de algodón
O empapada de alcohol 
Tu respuesta. 

miércoles, noviembre 29, 2017

Aquel abrazo y vos y yo

Mi corazón de adiós
Tu tarde zonamérica oficina
Mi temblor de murga
Tus manos de candombe
Mi historia de culebras
Tu futuro de amor

Nuestras horas dormidas
Nuestro despertar de amor
Nuestra pasión prohibida
Por un dios envidioso

Llegará la noche al Parque Rodó
Llegarán las nubes de cordero
Para acariciar el tiempo del silencio

Nos hemos reído
Acaso hemos ahogado penurias
En vasos y copas sin fondo
Pero no olvidado
De esa noche con lluvia
Y aquel abrazo.

martes, noviembre 28, 2017

Miedo de vieja

Ayer pareció acabarse el presente para dar paso a una venida del invierno metafísico. Eso es la primavera, el canal de suspiros donde se ha muerto el sol y cada golpe nos estremece con delicia de pánico y sangre-humo para viejos zapatos de charol. 

Por supuesto que no hago más que dar vueltas, un rodeo de eufemismos en el que ya nada disfrazará lo que yo la deseo, cuánto la extraño, con su veneno improbable, con su permanente esconderse, con sus huídas, con su terror de tulipán. Aunque como una roca, recaiga en mi consciencia la certeza de saber que volver a besarla sería morir y que amarla es negar el aprendizaje que me dejó su ventana cerrada a mitad de mi noche suicida. El corazón puede fallar, la razón, a veces, no es más que un cuento de viejas temerosas de los perros de la calle. Pero acá estoy, como siempre, acallando un grito que la traiga a mi cama, infectado por la duda y viendome al espejo, ojeroso, despeinado, cansado, turbio por la distancia que nos regalamos en febrero... Que ha sido hasta ahora, el más sólido de nuestros acuerdos. Pero abrazarla...

sábado, noviembre 25, 2017

La picadura del alba

Me acuesto. Solo suena la pecera y recién ahora, un motor pasando, como el aliento de un fantasma de petróleo, silbando grave por Buenos Aires. La siento urgar mis letras, posar sus ojos sobre los puntos de las íes y deslizarlos por los palitos de las tes. Huelo el perfume que se descascara de su corazón, esa brisa densa de humedad y llantos secretos. La siento pasar misteriosamente, casi de incógnito por mis prosas agujereadas y mis tormentas de hielo, que no por casualidad, llevan su nombre cifrado al dorso. 

Corren por el cielo quinientas flechas negras, con penachos rojos y puntas de obsidiana. Todas van de ella a mí y viceversa. Cada una es una carta en una botella y una araña de luminoso amancer. Quiero decirle que ya no la quiero, quiero decirle que no juego más a su carrusel de amor de infierno, que no quiero ser el sátiro que se roba sus calenturas más perversas, pero no lo puedo decir, porque no sería cierto, aunque la realidad, que es como un hierro, me  lo susurre al oído. Porque todavía la quiero como el día 0... Aunque ya no la quiera. 

No sé que me pasa. No sé quienes somos esta noche de asado y cielo vandalizado. Me parece que apenas la recuerdo, que la maravilla de su ternura fue solo un relato y que nuestro tiempo perteneció fugazmente a un tiempo novelado, de realismo mágico y romántico dolor de dos sombras solitarias, que una vez se miraron, se abrazaron y se mataron por amor incomprensible, en un mismo abrevadero sin lugar. No recuerdo haberle jurado amor eterno, pero nunca se va, nunca se disuelve mi deseo de acariciar sus manos en la tarde y de sentir su respiración dormirse en la calma inusitada de mi pecho. 

Existirá la forma de salir indemne de ese abrazo de monstruos enamorados? Será de verdad el negro ministerio de la madrugada? Tendrá el clímax el mismo modo para todos los amantes? Sabrá el vino lo que ambos callamos ferozmente, hasta a nosotros mismos?

Nada me ofrece ya ninguna certeza. Solo que en algún momento me llegará otra carta. 

viernes, noviembre 24, 2017

Exposición de la mortalidad

1.30. Necesito escribir. Mis enunciados son cada vez más delgados. La noche dolor es noche púrpura. Los ojos del muerto y la caricia de aquel espejo negro. Llueve en los montes de mi melancolía, siempre. Las nubes de arroz cubren la ciudad con abalorios y los delfines apenas existen. Saltan los fantasmas en su tristeza absoluta, cantan los cuervos mientras los gatos lloran de amor insólito y allá viene otra vez el terremoto. Hay un mosquito en mi cuarto, hace como 200 años... Los ladridos llegan como por un tubo hasta mi cerebro y por más que llore o grite o escriba caravanas de poemas, el gato de Schrödinger, está vivo y muerto a la vez. 

Hoy vi a un empleado municipal, pararse arriba del esqueleto de una mujer, para separar de los huesos, la vieja lonja que fue una vez su piel, vi una cuchilla de mango blanco que se hundía en lo que una vez fue si carne estremecida de amor. Vi los huesos de mi abuelo, como palitos y flecos. Pero mi abuelo usaba shorts a cuadros, cuidaba sus lentes, ponía siempre las cosas en su lugar, hacía pollo a la parrilla y se enojaba seguido. Jamás estaría dentro de un cajón lleno de telarañas y moho. Ahí no había nadie y mucho menos él. Lo supe instantáneamentete. 

Sin embargo mi mamá lloraba tanto... Que yo era un témpano. Un domador de mis horrores que casi no había dormido. Tenía restos de pintura en mi cara y mi cuello. Pero pude dejarla a ella en un banco, lejos de la hilera de féretros, en un banco perdido del cementerio mientras yo me las ingeniaba para no sentir más que un leve olor a humedad y la certeza absoluta que nuestro tiempo es finito.

Entonces... Siempre que me encaro con la mortalidad pienso en ella. En su abrazo, en la ráfaga de vida que nos partió al medio aquella tarde casi tántrica. Me duele nuestro silencio, pienso que ninguno de los dos podrá mirarse a los ojos cuando éstos sean polvo de alas de polilla, echados al viento de la eternidad. Por eso quiero creer que ella me esta leyendo ahora, en este momento y que en algún lugar de su corazón vivo, sabe de lo que hablo y que va a ensanchar sus casillas para darnos otro abrazo. 

miércoles, noviembre 22, 2017

Amantes de miseria

Se detiene el reloj de mi pecho
Cuando a mitad de la tarde
Le doy refresh a mi correo.

Porque a decir verdad
De un modo ya tan distinto
Todavía la quiero...

Tantas veces la última vez
Tantos abrazos los últimos
Que se ve que nunca hubo tiempo
Para los amantes.


lunes, noviembre 20, 2017

Lo que pasa

Hoy imaginé tu piel. Tal vez no debí hacerlo, pero el color de viento de tus piernas acudió a mi mente, como una pequeña tormenta o como una ola demasiado cadualosa. La liquidez de la imagen fue definitiva y volví a suspirar mientras a penas me daba el aire para cantar. Roto, solitario y alérgico, hago lo que puedo para no tomarte en el acto. Pero después en el camino a casa recaigo y tu nombre surca mis labios como un encanto de ciudad. Pasan los edificios desvencijados, pasa una luna nueva, silenciosa e invisible, pasa el lunes también con todas sus muertes, pero en mi cama, con los huesos adoloridos, te vuelvo a pensar y hacia la madrugada marcho como frito, hacia un viejo amanecer de coral. Y no pasa nada.