lunes, abril 30, 2018

Sola noche

Radio New York Live acaba de poner The Passenger de Mr. Pop. En el desvelo placentero de mi cama, escucho solo el Lailaleo que mandan from the very heart of Manhattan. 

Me paso para una de Smooth Jazz y la semilla de la madrugada germina en mi vientre, volviéndose nube, grito y ráfaga cortando el cielo rastrero. Un contrabajo a tierra vuelve gelatina al silencio por fuera de mi auricular, golpean las corcheas de la batería y yo que la tuve tan presente, bellísima V.

 Leo las hojas repetidas de algún sentimiento que se le escapó al amanecer, ebria de mi sexo y del vino infinito que solo existió en nuestro abrazo, en nuestro roce de manos fugaz , perdido ahora tras el telón definitivo de la distancia. La música ya se enrareció y tengo que buscar otra cosa en la FM de este mundo lleno de ondas y de frecuencias que lo atraviesan todo, menos mi amor por ella. 

Aterrizo de golpe en una de chill out, vengo de fracasar en otra de música clásica, pasaban una escena sonora demasiado narrativa para mi estado de ánimo.  Desde la robótica y la fusión de los sintetizadores, parece que no quedara ni un huevo que no haya sido cascado. 

Como si todas las aves volaran. Pero no es así, y llenos de crudeza nos retovamos ante el destino y paff.. Nada sucede. Queda atomizando una gotera en los ecos de la noche y un mosquito demasiado agudo me despierta una súbita y resignada ira, al tiempo que la aplicación de radio se detiene sin aviso para que yo siga repitiendola en mis dedos, en mi abdomen, en la voluntad irremediable de mis esfuerzos. 

domingo, abril 29, 2018

Fuegos en la nieve

Todavía hay reclames cuadrados flotando en la ternura del domingo. Alienígenas en la televisión, realidad aplomada, huella que se demoró en la lluvia. Un café en la mesita ratona que está sobre el suelo donde le hice el amor una vez. Yo fui a comprar guaraná y la noche tenía eternas tropas de mendigos, dispersos, húmedos y aferrados a un despojo que reconozco humano. Me muero en el cerquillo y la sonrisa de Felicitas. Giro y me pierdo entre sus morrones y su ojo de bife. Es que una mujer cuando cocina con amor... A mediodía me perdí buscando sus ojos en cualquier fotografía y al encontrarlos temí al sospechar que todos sus abrojos prenden todavía en la capa donde mi noche es eterna y la suya es casi ya menos que un recuerdo. Y siguen los reclames cuadrados, y rompe la noche en el murallón de la noche por Cebollatí. Y yo en la Unión elegí no cantar este domingo, elegí la televisión y el postre de bajón solitario, amainar dolor de gambas, dejarme estar fané después de incontables semanas de bar, de madrugada continua, de miles y miles de caras que, pelotudeando en el salón de Baker's, brillan idiotamente contra la luz de su Whatsapp. Don't be one of them, me repetía mi cabeza anoche, cuando en medio del servicio de las 100.000 pulsaciones, los cuerpos adormecidos por el escabio y la multitud me llevaban puesto, al son cobarde de su constante desentenderse del otro, de su "ya no puedo ver al que está al lado", cobardes en su elección de soledad, como yo, este domingo donde volví a extrañar su cabello negro colgar en aquel abrazo. Me voy con Mallmann a sus vientos del sur. 

A huevo

Dejo una marca
Un borrador obligado
En medio de mi sequía.

Digo que la poesía me aparta
Y que una débil voluntad
La persigue casi con desgano

Lamento hacerlos esperar
Pero así es...

Casi todo lo que escribo
Me duele un montón
Entonces me repliego
Y pongo juntas estas palabras
Que podrían ser demasiado
Si fuesen algo. 

sábado, abril 28, 2018

No lo pude hallar

Minuto de ébola
Mar en una paciencia
Que atropella
Un desfile de luces tristes

Me duele esto
Me desgarra escribir
Haciendo de cuenta

Necias las musas bailan
Lejos de mi caverna
Erato con sus lunas
Pretende no conocerme
Y la veo aletear
Contra las luces mojadas

Un taxista viejo
Me devuelve a mi colchón
Y yo la extraño
Y me jode admitirlo

Y el viento junto a la murga
Se mofan huyendo

lunes, abril 23, 2018

Borrador al Barrio

Cruza un domingo por ese espejo
Pasa chiflando una canción
Y de nuevo en Las Palmas
En medio de otro florecer

Valor y contralor
Teclado roto
Sentarse a escribir
Vencimiento aplazado
Rotación y humanidad
Haciéndose pedazos
Sobre el cielo de Canelondres.

Azota un resplandor apagado
Las bajas carpas del cielo
Se hacen arroz todas las princesas
Y la muerte se jubila un momento
En la esquina de mi barrio
Donde las flores del otoño se desmayan
O te encontras los monstruos del silencio
Atorados tras recuerdos
Tan solo hechos de sombra
Y algún tipo de amarra.

Acá también hay adoquines
Y las plazas perecen
En un tránsito de mendigos
Que se insinúan constantemente
Bajo los aterradores racimos
De un par de luces naranja.

Acá cerca está el Pasteur
Que ruge como lamentándose
Un pabellón de tango y de mulas
Que se irán volviendo ceniza
Conforme la madrugada
Se vaya haciendo cargo de todo.

La contraseña Saltimbamquis
La Unión de curvas 
  y de rectas infinitas.

Borde cascado
Pretil que se aferra
Al borde del derrumbe

Noche convaleciente
Alianza tácita
Entre la voluntad 
   y el tiempo. 

Nacer al otro lado del tiempo
Para desvincularse 
O ser capaz de erigir un obelisco
Que nos defienda de la muerte
O la desgracia

La Unión de cordones
Y veredas todas partidas
Cantina y tubo luz
Los fantasmas de la feria de Serrato.
Unión con la guitarra del viento
Con mayúscula arrogancia
Con la humildad del diariero
Y la mirada mordáz del cuidacoche.

La tarde es igual a la mañana
Junto a los carros de pancho
Que germinan entre los que venden
Puchos de contrabando
Hasta la última hora de luz
Cuando todo se vuelve ladrillo y gris
Todo otra vez madrugada y péndulo
Ráfaga de cristales como langosta
Devora el presente.



domingo, abril 22, 2018

Caudal

Por qué la esquina de Paysandú y Ejido significa tanto para mí. Por qué la luz marchita, enredada en el letrero de Bonilla tiene ese efecto en mí, que en usted, lector, se vuelve nada más que una mera referencia geográfica y unas ganas de pasar página. Cómo haría para que la palabra "Natural" tenga en sus ojos, el revuelto de cangrejos que en mí corazón es casi total e indiscutible. Cómo podría yo escribir "abrazo" para que usted sienta esa sed ancestral que me habita, para que usted vuelva a descubrir a través de esas 6 letras, lo que en mí es casi todo lo que existe. 
Estoy conociendo los páramos más inhóspitos de la fatiga. Estoy conociendo al ángel de la soledad, que entre la incontable multitud, cuida de mi desbocado afán, reparando con devoción de amante, las alas rotas de mis labios. 
Cómo escribirle esta nota de amor y de fiebre al borde del olvido sin tener que mencionar su nombre. Cuánta eternidad cabe en el olvido. Qué Astophet de mierda fue la que nos arrojó el uno al otro, hacia esta instancia en la que apenas seremos "somebody that i used to know".  Cuántos caminos, insospechados o cantados, harán falta para llegar al puerto donde mi deseo encuentre nuevos afluentes. 

sábado, abril 21, 2018

Y dormir

Meditado volver
A las Palmas
Me aguanto el orín
Y me duele un poco

Son ya las 6 y media de la mañana
Pero todavía no amanece
Una ventana de celeste viejo
Ostenta una trasnochada de viernes
Mientras abril es un bandoneón
Y acá hay cerveza para rato.

Hoy, Sebastián Teixeira
Cantó a capella, para el equipo
Cuando el bar hubo cerrado
Su voz, junto a la lluvia
Fue, aunque me parezca raro
Una luz que detuvo el tiempo.

La noche con lluvia sacudió espejos
El mundo de gris rojizo
Desencadenó hileras de conventillos
Y acá ahora sí, el amanecer
Cocina frías compotas de sueños
Para contener el sábado
Que se nos viene arriba.

De pronto en mi mesa
Hay 4 personas
Y sus ojos brillan
Como queriendo algo
Que no querría
Ni podría comprender.

La alarma de una pick up 
Se fue de mambo al gritar
Por guayabos, junto a mi mesa
Y hacer de 25 segundos
Una catástrofe insignificante

Las rubias gruesas del amanecer
Me miran llenas de libido
Pero  me hacen volver a tierra
Cuando creo que mientras escribo
La charla en la mesa se enrareció
Y ahora hay apologias
Y se menciona a Cicerón
A Rick y Morty
Y a Martín Freeman
Y el mozo nuevo nos cambió de mesa
Y de 5 personas, 3 se llaman Federico
Póquer de Efes.
No conozco a casi ninguno.
Me dejo ir un poco.

Entonces alguien me trae a la Unión
Y me fumo un último cigarro
En la luz de una mañana de sábado
Que la lluvia aún no ha soltado del todo
Y viene un tapíz como si fuese un auto
Y quisiera entrar, para acostarme
A dormir.