Yo me cago en el dios de la indiferencia.
Mi humanidad sangra en la dura muerte de mis hermanos, en la desdentada lucha de la vieja de la calle. En el vino podrido del que duerme bajo la mano muerta del terrible Dios de la indiferencia.
Que nunca la felicidad me anestesie del dolor del pueblo olvidado, engañado, arrojado a las armas del odio mientras el lujo y la sonrisa se esconde en las crueles fauces del rico.
Yo me cago en el dios de la indiferencia.
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