jueves, mayo 31, 2018

Las de siempre

Volvió el gris montado por las barandas, ese perfume como a colonia de lluvia amanecida, vuelve a los balcones y a los suelos y a mi alma. Pesadas, las flores del otoño cabecean próximas a su muerte, la expectativa del abrazo que añoro, junto a ellas, se balancea casi indiferente en el límite de su inmortalidad. Y hay novelas y mates vaporosos y murga a la medianoche y una pasividad tierna y la magia condensada en las historias de Dolina, pero no está ella ni ninguna otra para sostener el farol de mi mirada. Solo esos cantos de aves, solo el botánico, todavía humedo y solitario. Solo austeridad y reposo, después de las innumerables noches del bar. Todavía necesito sacudirme la sensación de que me han arrancado las mangas del uniforme. Voy tratando de hacerme entender, aunque sea por escrito, que mis alas son las de siempre, que mi voz todavía es capaz de retumbar en las calles vacías, que este amor imposible no es más que un reflejo refractario de mi amor por mí. Entonces fotos del complejo América, ráfagas de amanecer en la Aduana, diapositivas sexuales de la calle Luisa Dominguez, chispazos de eternidad, sales de cuerpos bañados por fuegos Santos. La escalera de mi poesía es casi una línea recta que sobrevuela la inexplicable espiral del tiempo. Ahora, vuelvo a Bucovina a buscar la significación de sus monasterios. 

domingo, mayo 27, 2018

Subtítulos

Hoy no sobra agradecer
El haberme levantado
Remado el barro
De difusas señales
Para llegar a temblar en el poniente.

Darle una flor a quien me ha injuriado
No romperle la cara
Fue una muestra de agradecimiento
Aunque un momento deseé
Hacer que sus vinilos se desparramen
Junto a la sangre de su nariz
En Emilio Frugoni.

Uno por ahí elige
Uno por ahí se apresa
Se delimita imposbile
Tras soledades parlantes

Pero no hoy
Cuando es claro
Que fui amigo mío
Y saltando de la frontera
Me aventuré al día imprevisible
Dueño de mí
Guardián de mi paz
Bajo toda circunstancia.

Una acordeonista me acompañó
Durante el crujir de dos largas horas
En medio de la monótona multitud
De la feria Tristán Narvaja,
Y en sus zambas y valses
Iba la vida acodada. 

Otro rincón

No podría decir más que bandoneón
Pero digo mesa fría
Digo tropilla de caballos casi castrados
Digo ternura acalambrada de esperar
No podría decir más que "te extraño"
Pero digo epopeya 
Y corralón
Y fondo de miel
Y demasiadas otras cosas
Que significan "su abrazo"

Es que tanto recorrí su desamparo
Tanto me embriagué con sus silencios
Que ahora que tengo letras
Solo me da por escribirle esquina
Pequeña-gran ciudad
Cordón de la vereda
Alquimia la murga
Y tantas otras cosas
Que a ella no le interesan
Y al final de cuentas
A mí tampoco

Pero el refilón de su mirada
Sus uñas de Dragón
Su madrugada sin tregua
Me hacen sufrir un yo la quiero
Y es así
Nada me va a hacer desistir
Porque no hay más que esto
Para mí el furioso mal de la esperanza
Quisiera jamás saber
Qué fue que le pasó
Y capáz...

jueves, mayo 24, 2018

Junto al mío

A M.V.T.

El frío maravilloso
Como un espolón de gallo
Araña las ventanas del castillo
Y mis pies cometas
Y mis manos perchas
Y su luna membrillo
En la sopa delirante
De mi deseo sin tregua

Ella sabe lo que quiero decir
Cuando digo orilla
Cuando digo abrazo
Cuando digo helada.

Ella sabe los círculos de fuego
Sabe la brisa y la llovizna
Aún sin poder explicarla
Aún sin que yo sea capaz de entenderla

Camina por calle atigrada
Le llueven agujas de reloj
Le duelen los pasos
Y la apacible serenidad
De sus propios barrotes

Sobre la capa con roce
Su antifaz ahora ajado
Flota sonriendo triste
Sobre sus manos llenas de vacío.

Alguien dañó su corazón
Después de mí...

Es muy fácil ver la niebla
Cuando Junio está tan cerca
Toda mi piel adormecida
La busca sin acusar viejas muertes
La busca mi vida nueva.

Mi riqueza ahora empobrecida
Tomó el color de sus aguas
Inesperadamente. 

Yo tomo limón
Acurrucándome
También "toco las sábanas"
Pero sin renegar nunca
El hecho mismo. 

Sale fuego de todos los pergaminos
Mata León la nevada con sus vidrios
El siglo muerto de su ausencia
Está por sucumbir ante inevitable amor

Tomo azúcar
Agua caliente
Dos mantas
Sobre mi cama
Que la escanéa
En la distancia.

Me devuelve a la vida
Su ademán como de saludo
Tomo un té
Y me hago la cabeza
Que su eje se desplaza
Junto al mío. 

miércoles, mayo 23, 2018

Las Ánimas -34-

 - Ese par de viejos hermosos...- comenzó Valeria. - te estaba esperando desde no sé que hora, sentados allí. Tuvieron la generosidad de confiarte un animal que aman para que vos puedas empezar a amigarte con vos mismo y con tu pasado... Y vos tenes el rostro para ofenderte y trabajarte un recio, justo cuando la señora nos venía a saludar. - se afirmaba ella, y yo me iba dando cuenta que sí, que evidentemente actué de manera muy descortez e inmadura y que en realidad carecía de cualquier cosa parecida a un argumento que justificase mi falta de respeto. - Para peor estoy segura que vos te pensas que tu tía te esta boludeando, que te quieren hacer entrar para reírse de vos. 
  Valeria no parecía enojada ni molesta, solo me leía con la naturaildad de quien lee una revista de moda y me analizaba con acertiva puntualidad. Dejé de lado el papel de víctima y comencé a perderme en el sonido de su voz. Me dio hambre. 
 - Vos ya comiste, Vale.? -tiré, como un ancla justo cuando su voz se pausó por un instante. 
- No, si cuando iba a garronear una de las empanadas de tu tía me arrastraste a esta aventura nefasta.
- Me imagino que habrá algo allá en casa que pueda usar para hacer de comer. Si te preparo algo rico y casero en pocos minutos, podrías pasar por alto mi conducta de recién y por ahí comenzamos de nuevo y con el pie derecho.
- Vos estás loco, ir a cocinar ahora a lo de tu tía, están todos acostados ya!!
- Ta, tenés razón, no pego una esta noche...
- Podríamos juntar las cosas y hacer algo en los fogones del parque. - Propuso, encendiendo en sus ojos un brillo de diversión casi de niña.
- Yo no tengo nada de sueño, pero tengo pila de hambre. A vos no se te hace tarde?
- No me hagás esperar hasta las 6 de la mañana tampoco. Son la 1:45... Qué decís?.
- Son la 1:45... A las 2:30 estamos comiendo.
- Estás seguro? Mira que hay que agarrar todos los ingredientes. Qué pensas cocinar?.
- Uy! Esas fueron miles de preguntas. Ya tendríamos que estar apurando el paso si queremos cumplir con la meta.
Valeria aceleró el paso de forma muy considerable. Yo la igualé. Ella intensificó más aún la velocidad. Volví a empatarla echando mano a mi máxima destreza. Echó a correr. Corrimos. 
 Entre risas y jadeos volvimos a la entrada de la casa familiar.  La puerta no hizo ningún ruido al abrirse, pero igual nosotros fingimos gran cautela mientras cruzábamos la sala principal. Yo aún estaba agitado, me llamó la atención que la respiración de Valeria se normalizó con total rapidez. 
 Un rectángulo de luz amarilla recortaba la puerta rebatible de la cocina. 
 Al empujarla y entrar, vi a Rolo y a una muchacha que yo no conocía parados junto a la mesada, comían de forma casi bestial las empanadas que quedában en la canasta. Sus rojísimos ojos delataban que su consumo de marihuana reciente había sido colosal... Y muy reciente. 
 Quedaron congelados, con migas en la pera y expresión de roedores sorprendidos. La risa de Valeria fue suave pero muy contagiosa. Acabamos riéndonos los 4 lo más bajo posible y sin más motivo que el chistoso cuadro que formábamos. 

martes, mayo 22, 2018

Las Ánimas -33-

 Llegamos sin hablar mucho más, me aplastó su confianza, la liviandad con la que había decido todo, y peor, la liviandad con la que yo mismo tomé como cierto e indiscutible, todo su entramado plan. Tanto así que fui incapaz de sostener o de proponer algún tema de conversación después de eso.
 A diferencia de la vez anterior, no fue incómodo el silencio, sino que actuó como un bálsamo en el que la vista del pueblo en el umbral de la madrugada, se me volvió la imágen de una especie de pintura hiperrealista. Una ensoñación que traspasaba el límite de lo real para convertirse en una exquisita sinfonía de colores, aromas y oscuridades de dudosa procedencia. Todo parecía salido de mi imaginación, todo parecía la idealización de una mente melancólica y enloquecida.  En un momento tuve la agobiante sensación que estaba viviendo un sueño. Entonces Valeria entró a tararear algo, un pedazo de canción desfigurada que me transmitió, al instante, mucha paz y armonía. Me dejé llevar más allá de mis delirios paranoicos, perdiéndome, de este modo, en la contemplación de aquella maravilla y la curiosa sensación de estar viviendo un momento único e irrepetible mientras la yegua me respiraba a un lado y Valeria canturreaba bellamente al otro. 
  El viejo estaba sentado con su mujer bajo el alero de la casa. Ambos reposaban en rústicas poltronas de mimbre mientras una luz amarilla les caía encima.
 Al reconocernos y con impresionante agilidad, el viejo se puso de pié y se aproximó solícito hasta la portera. Nos saludó y con gesto trémulo acarició la frente de Frontera quien a su vez le respondió con un sacudón de felicidad.
- Cómo se portó esta señorona?- dijo el viejo.
- Una reina, la verdad. Le agradezco un montón habérmela prestado.
- Para nada Barbero, si fue ella sola la que me dio la idea.
- Ah.. - respondí a esto último como queriendo hacer que no entendí lo que dijo.
- Ta preciosa la noche, no?
- Una belleza, sí. - terció Valeria, visiblemente divertida. 
- Viste que es igualita a Ladiana. - ahora la mujer del viejo intervenía mientras se arrimaba caminando con una sonrisa.
 Por un momento sentí que todo formaba parte de una conspiración en mi contra. Me ofendí. Se me antojó que todos sabían de mí y de mis temores, me sentí burlado y molestado. Me pareció evidente que todo era un intrincado tinglado, montado por Beatríz y por mi tía solo para entretenimiento de unas mentes perversas que se regocijaban ante mí y mi tragedia. Sospeché veladamente de la complicidad de Valeria. Me vi manipulado e indefenso, vulnerado por su inteligencia superior. Estaba furioso.
- La verdad que sí. - dije, hosco y ya visiblemente perturbado. 
- Bueno un gusto verte, Hernan. A ti también, mi vida. Vamos adentro viejo que ya mirá la hora que es. - la vieja, educadamente demostrando que había captado mi enojo.
- Eh? Sí claro! - el viejo, también al tanto de mi molestia pero sin perder la caballerosidad. - Que tengan buena noche, muchachos. 
 Nos despedimos. 
 Miré a Valeria conteniendo el enojo. Ella me miró con una sonrisa, sus ojos se clavaron en los míos y sentí como si su sola mirada activara fibras secretas en mi interior, devolviéndome sin el menor esfuerzo al estado de maravillado incrédulo que traía antes de la interacción con los viejos.
- Pensas demasiado en vos. - me dijo.
- Eh? - le respondí yo, ahora ido en las curvas melodiosas de su voz.
- Que sos medio pelotudo.
- Ah!

sábado, mayo 19, 2018

Las Ánimas -32-

 Las tres sonríeron casi con un mismo gesto hasta de pena ante mi sumisa expresión al disponerme a ver qué sucedería.
 - Vine porque quiero hablar contigo, Hernán. - dijo Valeria, fresca pero algo solemnemente.
 Un breve silencio. 
 - Dale Olga, acompañame a devolverle la yegua al viejo.
  - No! Dejen que yo la llevo - intervine tal vez mostrándome muy precipitado.
 -  Ah, pero vos sos bobo, nene. No te dijo la muchacha que vino a hablar contigo? - La tía. 
- ... Sí... Disculpá Valeria, estoy medio estúpido de la siesta todavía.
- "De la siesta" - dijo Bea.
- Beatríz!! - dijo la tía.
- Valeria, vos me acompañás hasta lo del viejo a llevar la bicha?
- Eh... - dijo ella.- Sí, dale.
- Deeeeegh! - profirió Beatríz imitando a un idiota, a mí.
- Beatríz!! - dijo la tía.
- Olga!! - dijo Beatríz.
 Valeria se rió encantada y salimos, liberé el nudo que ataba a Frontera al poste de alumbrado y ambos caminamos para el rumbo opuesto de donde está la pendiente, y la llanura, y el montecito, y el cerro Enano. 
  Yo iba, con mi mano derecha, guiando al animal que caminaba al mismo paso despreocupado que nosotros. 
 La madrugada parecía betún enchastrando el aire serrano, un calor soportable permitía que ambos enseñasemos la piel de nuestros brazos. La suya era pálida, tensa y presumiblemente pecosa. La mía no. 
  Una vez que hicimos el silencio incómodo que era casi obligatorio, Valeria comenzó a hablar como si interpretase un guión bien estudiado.
 - Vos trabajás en Serrana de Buenos Aires, de hecho sos uno de los dos dueños. Yo hace muy poco heredé de mis abuelos maternos, una propiedad en Retiro y algunos dólares que me van a permitir amoblarla a mi gusto y con suerte comprarme un auto, aunque en el tránsito capaz mejor sea el subterráneo. 
- Ajá..
- Bueno, la cosa es que yo soy aprendiz de Beatríz.
- En serio?
- Y quiero irme a vivir allá y trabajar en Serrana. Vos cuándo volvés a Buenos Aires?
- mañana a la tarde. - dije, lamentando haber elegido la expresión "a la tarde" antes que el más uruguayo "de tarde".
- A la tarde? - dijo ella.
- Sí, de tarde, a las 20:45 embarco en el Francisco, allá en la Aduana, y a la noche, de noche ya estoy de nuevo allá. 
- Genial. Vamos juntos entonces. O te molesta?
- No, en absoluto. 
- No, porque si te molesta me tomo el siguiente, todo bien.
- No jorobes, Valeria. Cómo me va a molestar compartir el barco con vos.
- Bueno, me alegro, voy mucho más tranquila entonces. 
- Ahora hay que ver eso de trabajar en Serrana, allá.
- Pff - dijo ella.- Eso es lo más fácil.