Armo este café con la ingenua esperanza de encontrar en su fondo, el ojo de luz que necesito en esta tarde aciaga de mayo, la ranura desnuda donde danzan las respuestas a estas flechas venenosas que cargo ahora sobre el lomo como penachos floridos. El primer sorbo y ya mis expectativas caen, desplomándose en el tibio fuego de la primer estufa del año. Errante entre las letras desganadas que escupe mi pulso incierto, soy un extraño frente al espejo partido de mis adoradas rutinas, soy un extraño vagando en el pueblo fantasma de mi pecho. Hallo el torso desnudo de la desolación, erótica venus radioactiva, marfil exuberante de hondos dolores rabiosos, el silencio entre los ecos de tantas preguntas que me hago, vano interrogatorio a mi mudo testigo verborrágico, es esta tarde el juez y el jurado de todas mis recientes acciones. Cómo saber cuando me miento, cómo descifrar el laberinto dantesco que me he deparado con saña, cuando nadaba en un bravo mar de tedio, perdido de mí mismo, me vengo a encontrar esta tarde, desnudo ante la blanca luz del monitor, atravesado por los últimos rayos pálidos, esquivo, antipático, austero en la melancolía de haber destruido ese sueño hermoso, que vos compraste, al que hubiésemos avanzado a toda costa. Decapité al cisne de aquella ensoñación perfecta con la afilada daga de mi grotesca humanidad, de mi salvaje imperfección de perro de la calle, ahora puteo por lo bajo, satisfecho por la hórrida obra de mi destructiva apatía. Vuelco y me revuelco en el tornado asesino de mis decisiones, rehén del inconsciente, pésimo, aterrado, convencido, entregado, amable y permisivo en el infierno de esta libertad que añoraba y necesitaba como el aire, perturbado y asombrado por el nefasto poder de mi metralla. Padeciendo todos los dolores que engendré menos el mío propio. Soy un solitario rey ahora, en el trono roído por ratones, sin más oro que la hora que me consume, ni más corona que la perpleja comezón de mi cabeza. Se va enfriando el café mientras un prístino haz dorado que revienta se desvanece lento sobre el Fresno del ocaso. Y yo mastico arrepentimiento y convicción, escupiendo ostras vacías de perlas metafísicas, escéptico al destino, orgulloso del abandono, aterido y desgarrado por la felicidad del deber cumplido, soy el que soy, era quien era, seré quien pueda y abatiré a la sombra de la desesperanza que me acecha en cada esquina con la mirada perfecta de quien se sabe muerto, apuntaré la ballesta de mi indolente omnipotencia hacia los horizontes de alguna victoria y me cojeré alguna invisible quimera fantasma, en la helada prepotencia de este mes de mayo.
miércoles, mayo 06, 2015
viernes, mayo 01, 2015
Detalle sobre Existencia
Los brazos se estiran más allá de lo físicamente posible, el aroma del cebo de la vela envuelve la lóbrega penumbra del silencio y todo lo que antes brillaba y era tierno y próspero, hoy es una vaga reverberación en el hueco solitario de la órbita del ojo. El tiempo, gelatinoso y visceral, urdido, rocoso, desmenuzado y desplumado por la incesante consecución de los conceptos se vuelve una materia grasa que chorrea lentamente por los dedos y se pierde para siempre en el frondoso pastizal amarillo del olvido, donde los espantapájaros son recuerdos de horas felices y los cuervos son las garras atronadoras de la eternidad insaciable. Cada cual, entrenado para no ser más que un leve soplo sobre la superficie del vasto océano, intenta aferrarse a la balsa de su propia conciencia, mientras el furioso oleaje amenaza destruir todo aquello que flota, vuela o serpentea lleno de vida. La muerte, indómita emperatriz de la existencia, baila en la oscuridad más allá de esa misma vela, se desentiende de nuestras oraciones y no perdonará cosa alguna en este universo, quizás en otros pierda su fuerza natural para convertirse en polvo de otras mesas, en lluvias olvidadas sobre otros montes de fresnos, en hojas doradas de otoños que desconoceremos para siempre, pero aquí, no existe otro final, otra conclusión posible para las cosas que tienen nacimiento. Yo espero el corte comercial de este programa de televisión para seguir viviendo, repitiendome una y otra vez que sigo siendo yo, que todo esto puede ser una estúpida ilusión... pero también puede que no lo sea.
miércoles, abril 29, 2015
Confesión
Desencajado en esta dramática disyuntiva shakespeariana vacilo como la llama de una vela en la profunda oscuridad, en el misterioso abismo de la conciencia. Bailo poseído en un carnaval de llanto contenido, me agarro el pecho atorado por un dolor que busca el corazón y no lo encuentra. Lloro sin lágrimas por una hermosa cosecha que eché al abandono presa de mis propias y despiadadas e inconscientes y dolientes necesidades. Vuelvo atrás, corriendo, delirando ante la desgarradora certeza de haberte lastimado con el inocente veneno de toda mi malicia, de toda la podredumbre que sabes que se me escapa por los poros. Había acostumbradome a acallar el alarido de mi espiritu rebelde con tal de obtener el maravilloso don de tu sonrisa, de tu aceptación, de tu embriagadora compañía hasta que el escudo de mi propia cordura se astilló por nada, por todo, rebasada mi sangre por la sombra, empapado mi corazón de lluvia, ha vuelto abril, definitivo, irreparable, sellándome la frente con la inquietud de una vida mediocre. Casi no puedo conjugar mi propio verbo, mis entrañas están colmadas de una dualidad ardorosa, una pasión perturbadora que no es la primera vez que sabotea mi sueño de un hogar con jardín y una vida apacible, de una cerca blanca, de tres rosales, dos ibiscos y varios lazos de amor. He perdido la compostura por la necedad de una interrogante que me acaba, que me derrota al hacerme invencible. No encuentro en la vastedad de este pensamiento estancado una razón, un solo motivo para no sentirme un miserable harapo de lo que creíste que alguna vez podría llegar a ser. Agonizo en la certidumbre de no saber qué pasará, me desarmo en la vehemencia incomprensible de aquel que sabe de antemano que somos solo fantasmas ante el espejo de los ojos de los demás, que hemos nacido muertos para vivir en la larga cuerda floja de la eternidad sin tiempo. Ya casi he culminado de despoblar el profuso matorral de ansiedades mortales que me habita y me define como esto, como esta inocua réplica de mi propio monumento, este calco en yeso barato, harto de piedades sin consuelo y de voraces intenciones de extinción masiva. Aguante todo lo que pude, sigo siendo yo... por lo menos.
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viernes, mayo 02, 2014
Carta al Señor N. Ejemplo de correspondencia insospechada
Estandartes de madera acostados
sobre los blandos y húmedos lomos de un barco remero
carteles sin esperanza nos anuncian que tal vez...
si brillará un poquito más el sol
nosotros podríamos...
Premio de intemperie que nos regala
algo así como un dolor motorizado de mieles perseguidas.
Rincón del tiempo donde florecen azucenas.
Nube de polvo volando hacia el alba...
el humo del cigarro, de nuevo como un dragón
despellejándose en el aire.
Y después están los ricos
goma silvestre de apretado corazón
y grandes sombras como sonrisas en sus rostros.
Canturreando entre el polvo de huesos,
silbando melodías rotundamente mayores
en la descansada pero alborotada libertad que les producen
los guardias de juncadella retirados,
apostados en garitas de madera
adornados con jandís.
Las sandías de su infumable bonanza deslumbra a los del barrio
y se desgajan al alba como una mandarina flotante.
para desconfigurar sus montañas de billetes
y sus bravas minas de caníbales zafiros.
Yo acá raspo la olla de la existencia,
encontrando sabores inesperados,
paredes pintadas detrás de la muerte
y rojos murallones de culpa
dentro de la extensión de mis complicaciones.
Tomé demasiada ceniza
en los incendios a los que fui invitado
y ahora me arden los ojos como al Andy,
mientras redirijo todo mi entusiasmo
(un poco químico)
hacia los altos árboles del monte
a los que hubiera querido removerles
ese abominable ojo-hoyo que tienen en sus troncos,
posados y creciendo bajo un sol más tibio que cálido,
que es, logicamente,
un sol de invierno y de lluvia,
de raíz amarga y de insaciable ansiedad de devorar...
aunque más no sea la luna pequeña que es saboreada por las frías nubes de un mayo que recién arranca.
Volveré a escribirte, con alguna noticia más fresca.
viernes, marzo 21, 2014
Paso de un Benteveo
Las nubes duras y de bordes difuminados
colapsan contra el cielo suavemente explosivo
quedan retazos de algunos vuelos colgantes
abanicados entre el viento recortado en el sol
Y por debajo
las lombrices van masticando
con fruición animal
el suelo por donde caminamos todos.
El silencio es a veces víctima de estáticas
de ondas eléctricas, de colisiones infrarrojas
del irremediable peso de la materia oscura
y cada tanto...
el benteveo repite el libreto ancestral de su especie
al igual que yo, cuando escribo
que de memoria voy tejiendo una bufanda
con antiguas simbologías
en busca de un nido, un hogar
un vano fueguito en la penumbra inabarcable.
domingo, marzo 09, 2014
Bajada
La lluvia de marzo ahora le pone fin a la fiesta
sobre el jardín levita el perfume de la tierra
el polvo mojado que revienta en la nostalgia
de otras lluvias, de otros carnavales, otro ayer.
La vida, estúpida poesía, momento fugaz
lucecita que titila en la perpetua inmensidad
un coro de hechiceros callejeros celebra un milagro cotidiano
que en un espiral de humo se va deshaciendo
para irse cabizbajo a hibernar en otro sueño.
Poderoso silencio reina ahora
entre los ecos de las voces luminosas
el picadillo de papel se va volando
hacia la efímera bacanal de un horizonte frío
que cantará bajo futuras lunas llenas
Constelación de señales perdidas
en la vaguedad de la añoranza
aliento, perfumes, candiles, conjuros,
momentos de honda sinceridad
pronto un amanecer nuevo y viejo
nos dirá que es tiempo de ser los mismos,
de ser otros, de ser lo que se pueda, lo que se quiera,
de ser la absurda mímica de nuestros más puros sueños.
El temporal de aplausos se va entreverando
en un puñado de gargantas apretadas
que como un fogón entre la niebla
planta una promesa de fierro:
Volver.
lunes, febrero 24, 2014
Un cartílago de Febrero
Medio de la noche
alumbrando vasta y lejana
un candil como una luna flotante
en un reposo del corazón
vuelan las manchas del tiempo.
En la razón otrora omnipotente
han crecido rápidamente
las setas de hondos temores
por las grietas de un temporal
que se avecina
se escuchan pasos en mis sueños
y tiemblo
A la orilla de este tiempo
el mar es una daga indecisa
un oscilante parecer de dos máscaras
asimétricas.
¿Quién vela por ese pequeño fuego?
¿Quién con un cantar o un sortilegio
devolverá al tiempo lo que este ha decretado olvidar?
Envuelto en blancas gasas de humo tenue
mis cavilaciones embargan a este instante de incertidumbre
en el que el calor es casi agobiante
y más agobiante es la certeza
de este desgraciado acertijo
que ahora insensiblemente
se abalanza sobre nosotros.
Quedarán algunas chozas intactas
luego de la total inundación del alma.
Sobrevivirán algunas aves
y peces y corales o pequeños roedores
bajo las brillantes pálidas gaviotas
de esta gravidez espeluznante
bajo la mirada vigilante y siempre seria
de la sierpe.
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