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domingo, marzo 09, 2014

Bajada

La lluvia de marzo ahora le pone fin a la fiesta
sobre el jardín levita el perfume de la tierra
el polvo mojado que revienta en la nostalgia
de otras lluvias, de otros carnavales, otro ayer.

La vida, estúpida poesía, momento fugaz
lucecita que titila en la perpetua inmensidad
un coro de hechiceros callejeros celebra un milagro cotidiano
que en un espiral de humo se va deshaciendo
para irse cabizbajo a hibernar en otro sueño.

Poderoso silencio reina ahora
entre los ecos de las voces luminosas
el picadillo de papel se va volando
hacia la efímera bacanal de un horizonte frío
 que cantará bajo futuras lunas llenas

Constelación de señales perdidas
 en la vaguedad de la añoranza
aliento, perfumes, candiles, conjuros,
 momentos de honda sinceridad
pronto un amanecer nuevo y viejo
nos dirá que es tiempo de ser los mismos,
de ser otros, de ser lo que se pueda, lo que se quiera, 
de ser la absurda mímica de nuestros más puros sueños.

El temporal de aplausos se va entreverando
en un puñado de gargantas apretadas
que como un fogón entre la niebla
planta una promesa de fierro:

Volver.

viernes, enero 28, 2011

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Sr. N

jueves, diciembre 23, 2010

Poema para niños en la lluvia mientras nace un nuevo verano

Desatado bajo el alba
perplejo ante el péndulo
infinito.

Dejo caer mi honda
preocupación
como una máscara de yeso.

Vuelo entre estrellas
en la tempestad
y me alimento de sueños
el universo nutre
el pulsar apretado
y gozoso de estar.

Vengo tirando monedas
en el infinito pozo del tiempo
esperando la misma señal
que regalan en la tele
o en los clubs de bochas.

Quitame el velo de la duda
quiero verte más allá de los temores
acariciar tu pelo en la brisa
y encender mi corazón
de playa, caverna y monte.

lunes, diciembre 22, 2008

Un paso antes del final que nada tarda en comenzar de nuevo

En el teatro de las percepciones juego mi rol desechable, jugamos nuestras cartas trucadas de una felicidad prometida. Miro contra las rocas y veo infinitas pintadas, veo el cielo y hay cien aviones, miro la luz , el brillo del polvo a contraluz y pienso en momentos que ahora parecen lejanos. Ya la sangre pesa dentro de las venas, el rumor del año transcurrido cruje sobre las brasas de todas esas cosas que se están consumiendo sin remedio a la vera de nuestras limitaciones e impedimentos. Llega un momento en que los relojes ya hablaron demasiado y nuestros semblantes, presas del primer calor, resuman cansancio y fatiga. Pero los ojos dan vueltas en circulo, donde estaban los besos hubieron vacíos insondables, donde estaba el silencio risas estallaron de un júbilo indefinido, las dos perlas magicas que trazan su órbita perfecta en nuestro interior , tiemblan por el sueño ceniciento y por el velo de cenizas que han dejado largos meses de penurias o sonrisas cómplices y caras inexpresivas. Vuelve a rotar, numeraje impúdico, vuelve a delinear nuestros livianos nombres en la brisa ciclica y sin forma de tus minutos de calor y de frío. Empuño mi lanza y la levanto en alto, por dentro intento recobrar el aliento y perderme en los afluentes que se apuntan allá lejos. Los rostros, todos, como el mío, están ahora cansados y atosigados por el azote miserable del transcurrir infinito; las bocas, despojadas al fin de su redundante firmeza, comienzan a proferir griteríos y frases sin sentido. Diciembre se nos cae de las manos como una botella de vidrio en una tarde floja y disminuida que con gusto hubiesemos dejado pasar de largo de no ser por el despertador estruendo del vidrio, que estallando el mil pedazos nos recuerda que éste año ya es parte del batallón despiadado y carnicero de la memoria, que lo que no alcanzamos hasta ahora se hará esperar aun un poco más, como todas las cosas más deliciosas de la vida ésta, que amamos con una pasión irreductible, con un ardor ametrallado de sueños, con una dubitación plagada de poesías sin nombre y sin destino. Bogaremos ahora por los canales hogareños de las celebraciones paganas, reíremos junto al calor ahumado de la carne a la parrilla, bromeando e intentando no llorar bajo los impredecibles efectos del vino y de la juerga. Esperamos ahora nuevos cargamentos de potencia, que deberemos encontrar nosotros mismos durante la desangración de cada ocaso y detras de cada tarjeta navideña. A nosotros nos espera el este, abierto y amable como el pecho de un angel de la tierra, que siembra a su vez, un deseo insaciable de descanzos y meditaciones y silencios y ruidos y banderas de trapos descoloridos y de estrellas como un caldo y de arena blanca y de mar verde y de roca antigua. Hacia allá vamos, con el revolver cargado de búsqueda de progreso sostenible y felicidad sustentable en el tiempo y el espacio. Hacia el horizonte de nuevo, vamos entonces, aprendiendo a soportar el embate destructivo y demoledor del tiempo e intentando viajar por él, en él (pero nunca con él), por el tiempo, la gloria y por el olvido definitivo de la muerte. Estaremos de pié, buscandole la vuleta al mundo e intentando destapar por siempre los sueños indomables del corazón.