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viernes, mayo 02, 2014

Carta al Señor N. Ejemplo de correspondencia insospechada

Estandartes de madera acostados
 sobre los blandos y húmedos lomos de un barco remero
carteles sin esperanza nos anuncian que tal vez... 
si brillará un poquito más el sol
nosotros podríamos...
Premio de intemperie que nos regala
 algo así como un dolor motorizado de mieles perseguidas.

Rincón del tiempo donde florecen azucenas. 
Nube de polvo volando hacia el alba...
 el humo del cigarro, de nuevo como un dragón
despellejándose en el aire.

Y después están los ricos
goma silvestre de apretado corazón
 y grandes sombras como sonrisas en sus rostros. 
Canturreando entre el polvo de huesos, 
silbando melodías rotundamente mayores
en la descansada pero alborotada libertad que les producen
 los guardias de juncadella retirados,
 apostados en garitas de madera
adornados con jandís.

Las sandías de su infumable bonanza deslumbra a los del barrio
 y se desgajan al alba como una mandarina flotante.
 para desconfigurar sus montañas de billetes
y sus bravas minas de caníbales zafiros. 

Yo acá raspo la olla de la existencia,
 encontrando sabores inesperados, 
paredes pintadas detrás de la muerte
 y rojos murallones de culpa
 dentro de la extensión de mis complicaciones.

Tomé demasiada ceniza
 en los incendios a los que fui invitado
 y ahora me arden los ojos como al Andy,
 mientras redirijo todo mi entusiasmo  
(un poco químico)
 hacia los altos árboles del monte
 a los que hubiera querido removerles
 ese abominable ojo-hoyo que tienen en sus troncos,
posados y creciendo bajo un sol más tibio que cálido, 
que es, logicamente, 
un sol de invierno y de lluvia,
 de raíz amarga y de insaciable ansiedad de devorar... 
aunque más no sea la luna pequeña que es saboreada por las frías nubes de un mayo que recién arranca.
Volveré a escribirte, con alguna noticia más fresca. 

viernes, enero 28, 2011

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Sr. N

martes, mayo 11, 2010

Sobre la Poesía


Me he mudado varias veces en el correr de mi avanzada juventud, mi adolescencia y mi niñez. Conocí la noche arbolada y fragante de eucaliptos de Colón, conocí la noche profunda y melancólica de Ciudad Vieja, con su amanecer verde y la nostalgia avasallante del río de la plata, vibre con el pasar puntual de los viejos trenes de Sayago, el rocío congelado, la luna del amor, también conocí el silencio profundo del barrio Guayabo, el peligro sigiloso de sus pobres y maliciosos rufianes. Ni que hablar de la noche de los perros de Curva de Maroñas, con el dejo permanente de la grasa peñarolense, con su repecho siniestro y su vudú solapado. En todos lados donde viví, y acá era a donde quería llegar con toda esta dilatada introducción, en todos lados donde viví siempre busque un rincón, un tramo del piso, un estante, un espejo, una papelera, cualquier lugar donde el tiempo pasara distinto, no se, donde el tiempo no pudiera llegar o llegara menos omnipotente. Hasta ahora no he podido encontrarlo, muchas veces pienso en el. Me imagino que si un día, por error dejo una tasa de te con leche en ese rincón... al otro día la leche estará todavía limpia y apetecible. Me imagino que si dejo mi alma acurrucada en ese rincón, pueda protegerla acaso de los brutales ultrajes del tiempo y preservarla también de mi mismo. Lamentablemente a media mañana cuando llego de trabajar, la leche esta sucia de polvo, de pelos, sucia por la voluntad despiadada del tiempo mismo, que por mas que uno le busque y le busque, parece no tener reversión posible.