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viernes, mayo 01, 2015

Detalle sobre Existencia


Los brazos se estiran más allá de lo físicamente posible, el aroma del cebo de la vela envuelve la lóbrega penumbra del silencio y todo lo que antes brillaba y era tierno y próspero, hoy es una vaga reverberación en el hueco solitario de la órbita del ojo. El tiempo, gelatinoso y visceral, urdido, rocoso, desmenuzado y desplumado por la incesante consecución de los conceptos se vuelve una materia grasa que chorrea lentamente por los dedos y se pierde para siempre en el frondoso pastizal amarillo del olvido, donde los espantapájaros son recuerdos de horas felices y los cuervos son las garras atronadoras de la eternidad insaciable. Cada cual, entrenado para no ser más que un leve soplo sobre la superficie del vasto océano, intenta aferrarse a la balsa de su propia conciencia, mientras el furioso oleaje amenaza destruir todo aquello que flota, vuela o serpentea lleno de vida. La muerte, indómita emperatriz de la existencia, baila en la oscuridad más allá de esa misma vela, se desentiende de nuestras oraciones y no perdonará cosa alguna en este universo, quizás en otros pierda su fuerza natural para convertirse en polvo de otras mesas, en lluvias olvidadas sobre otros montes de fresnos, en hojas doradas de otoños que desconoceremos para siempre, pero aquí, no existe otro final, otra conclusión posible para las cosas que tienen nacimiento. Yo espero el corte comercial de este programa de televisión para seguir viviendo, repitiendome una y otra vez que sigo siendo yo, que todo esto puede ser una estúpida ilusión... pero también puede que no lo sea. 

miércoles, abril 29, 2015

Confesión

Desencajado en esta dramática disyuntiva shakespeariana vacilo como la llama de una vela en la profunda oscuridad, en el misterioso abismo de la conciencia. Bailo poseído en un carnaval de llanto contenido, me agarro el pecho atorado por un dolor que busca el corazón y no lo encuentra. Lloro sin lágrimas por una hermosa cosecha que eché al abandono presa de mis propias y despiadadas e inconscientes y dolientes necesidades. Vuelvo atrás, corriendo, delirando ante la desgarradora certeza de haberte lastimado con el inocente veneno de toda mi malicia, de toda la podredumbre que sabes que se me escapa por los poros. Había acostumbradome a acallar el alarido de mi espiritu rebelde con tal de obtener el maravilloso don de tu sonrisa, de tu aceptación, de tu embriagadora compañía hasta que el escudo de mi propia cordura se astilló por nada, por todo, rebasada mi sangre por la sombra, empapado mi corazón de lluvia, ha vuelto abril, definitivo, irreparable, sellándome la frente con la inquietud de una vida mediocre. Casi no puedo conjugar mi propio verbo, mis entrañas están colmadas de una dualidad ardorosa, una pasión perturbadora que no es la primera vez que sabotea mi sueño de un hogar con jardín y una vida apacible, de una cerca blanca, de tres rosales, dos ibiscos y varios lazos de amor. He perdido la compostura por la necedad de una interrogante que me acaba, que me derrota al hacerme invencible. No encuentro en la vastedad de este pensamiento estancado una razón, un solo motivo para no sentirme un miserable harapo de lo que creíste que alguna vez podría llegar a ser. Agonizo en la certidumbre de no saber qué pasará, me desarmo en la vehemencia incomprensible de aquel que sabe de antemano que somos solo fantasmas ante el espejo de los ojos de los demás, que hemos nacido muertos para vivir en la larga cuerda floja de la eternidad sin tiempo. Ya casi he culminado de despoblar el profuso matorral de ansiedades mortales que me habita y me define como esto, como esta inocua réplica de mi propio monumento, este calco en yeso barato, harto de piedades sin consuelo y de voraces intenciones de extinción masiva. Aguante todo lo que pude, sigo siendo yo... por lo menos.