viernes, febrero 02, 2018

Después del umbral, febrero

Flota una luz en la birra
Un crepúsculo danzante
Que susurra asustadizo
Sobre la piel de la espuma

Me tiembla la boca
Y sonríe con preocupación
Mi corazón sereno
Agita el vino de la sangre

Voy saboreando el color
Que trajo febrero entre sus plumas
Alguien dice basta
Alguien sueña laureles
Todo puja siempre por ser

Pasan los trenes vacíos
Suspiran los cauces de los ríos
Y se estremecen de amor
Las copas de los árboles.

Amor con gotas de adiós
Amor de carne desgarrada
Amor de universo secreto

Caen todas las palabras
En cíclica redundancia
Todo es hoy y todo es ahora
Frente a una vieja Iglesia
Repleta de relojes de nadie

Yo mismo caigo podrido
En un charco de insuficiencia
Donde la luna se burla de mis palabras
Y pasan mujeres con shorts
Arando la quietud de la madrugada

Esto es el último suspiro de la noche
Pronto cortará el alba
Acariciará el mar
Y empezará a patinar sin prisa
Por los primeros balcones

Flecha de noble penacho
En estanterías inmóviles
De júbilo y cantina con risas
Prenderé otro cigarro
Y volveré a llenar mi vaso
Para que todo lo que aun no es
Venga a pararse de manos
En la cara sin miedo
De mi mesa de afuera de Las Palmas.

Manzana de móviles aceros
Donde los semáforos mandan
Cielo blanco de una luna que hoy
Comienza a menguar...

Los camiones se llevan
El ruido de los ojos trasnochados
Los errantes aguardarán
Cementerios ambulantes
Y crucifijos de ciruelo
Donde la luz prohibida
Se descomponga de aburrimiento.

Un bandoneonista
Fuma cruzado de brazos
Se baja otra vez la murga
Por mis oídos y mi pecho
El mismo juego de cartas
La misma cortina azul
El mismo acertijo se dobla
Haciendo moños de nadie
En la lejanía que añoran mis brazos.

Su pelo, su cabellera de jacinto
Es como el éter y la sombra
Y yo lo toco... Sin las manos
La beso con ternura
Dese el palacio de mi mente
Y ella... 
En su espiral de miedos cómodos
Sentirá algo como un susurro
Que la mira y que la quiere
Y sabrá aunque duerma
Que mi amor la acompaña

El viento me habló de su perfume
Dejando un rastro de olvidos piadosos
Entre las mesas del bar
Y en la soledad desprevenida
De la vereda. 

El misterio de quererla
La dura verdad de preferirla
Se vuelve ahora
Un vaso de jazmines
En la guitarra de un dios exiliado

Camino cantando
Bajo serpentinas de suspenso
Bailo poseido
En un paso de confiada austeridad.

Se demora el amanecer
Entre canciones que la contienen
Que la guardan exacta
Como en las noches donde se atrevía

Igual al nacimiento y la muerte
Distinta a todo lo que amo
Vórtice inexplicable
De donde sale mi cielo de poesía
Heroína pagana de mi epopeya
Verdugo de las alas de un ave sin nombre

Escapista, escalera, estrella necia
No tiene prisa, pero sí planes
Que nunca salen bien.
Viejo trapecio donde cuelga el tiempo
Ahora de día
Y hay ladridos de motor
Y bichos tijera
Que le escupen la cara
A la muerte
Desafiando la dureza del aire
Y las languidas olas de su miedo

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